Todo lo relacionado con el Grupo Némesis y su temática...
El caldero de las brujas
Que las hay, las hay. ¿Las brujas son temibles o bondadosas? ¿Tienen saberes secretos o son unas pobres mujeres a las que nadie quiere? ¿Bailan desnudas a la luz de la luna o revuelven sus jarabes en la soledad de una pieza de alquiler? ¿Y porqué se llama brujas a las mujeres que son agudas y de respuesta rápida? El caldero de las brujas nos cuenta sobre ellas muchas cosas interesantes.


Índice

Leonor Calvera. El caldero y el tympanon
Leopoldo Marechal. Restituta la curandera
Fernanda Gil Lozano. La sombra
Francisco Squeo Acuña. Brujas cisandinas
Humberto Acciarressi. Los retoños literarios de Salem
María del Carmen Suárez. Hechicerías
Ana D'Elia. Las brujas ayer y hoy
María de Baldrich. Pequeña canción
Sally Arrivillaga. Yemanjá
Mirta Henault. La dama velada
Beatriz Schaefer Peña. Tres poemas mágicos
Sara Rioja. La brujería en la historia o la historia de la brujería
Nelly Oliver. Los misterios del Tarot
Yoli Fidanza. Embrujada
Marcos Abarza - Irene Viscarra. Superstición y miedo
Susana Fernández Sachaos. Magia bruja
Alicia Bello. Las hechiceras de la noche


Coordinación general:
Leonor Calvera - Beatriz Schaefer Peña
Ilustraciones:
Mariano Gómez









El caldero y el tympanon
Leonor Calvera

No cabe duda de que una de los principales instrumentos de que se valen las brujas es el caldero. En sus orígenes esta vasija, generalmente de hierro, tuvo el sentido simbólico de matriz femenina. Antiguas deidades egipcias e indias, dadoras de la vida universal, eran representadas por calderos siendo éstos, a su vez, conocidos como "el vientre de la Madre". Esta asimilación del caldero a un útero hará que, por analogía, siempre deba haber algo de sangre en lo que se cocina, calienta o hierve dentro de la marmita. Por la misma razón, en esa forma sublimada del caldero que es el vaso ceremonial, siempre habrá sangre, como la de Jesús en el cáliz cristiano.
Todos los textos mágicos antiguos hablan de las diversas funciones de este recipiente de metal. Entre los chinos, es el ting (hexagrama 50 del Libro de las Mutaciones) que se empleaba para hervir las ofrendas pero, paradójicamente, también los objetos y prendas de los condenados, cuando no a ellos mismos, como en el caso de las ordalías.
En cambio Medea, la gran hechicera, demostró que podía restaurar la vida con ayuda de un caldero: hizo cocinar en él un viejo cordero, pronunció unas fórmulas mágicas y, en el momento de sacarlo, extrajo un cordero recién nacido. De igual manera Jasón, cautivado por esta bruja griega, dejó que lo rejuveneciera mediante un procedimiento similar.
El caldero, cuya forma semeja la bóveda celeste invertida, en muchas ocasiones cumple funciones de carácter netamente iniciático. Los chamanes siberianos, por ejemplo, aseguran que sólo pueden practicar su arte después de ser desmembrados y hervidos en un caldero por los espíritus ancestrales. El dios hindú Indra y el noruego Odín adquirieron su sabiduría, su clarividencia y su poder mágico al beber la sangre de los calderos que yacían en el vientre de la Madre Tierra.
En la mitología celta se dice que una hechicera, Cerridwen, había cocinado ciertas hierbas en su caldero. Al probarlas el héroe Taliesin, renació convertido en un gran poeta. Al recordar el episodio, el mismo Taliesin llamó a la vasija la "fragante caldera de los Cinco Árboles", el Caldero de la Inspiración. Y, por su parte, el dios Cernunnos devolvía la vida a los guerreros muertos en combate introduciendo su cabeza en el caldero de Gundenstrup.
Regeneración, rejuvenecimiento, resurrección en el orden biológico; sabiduría, clarividencia, poesía, arte mágico en el orden espiritual: una y otra serie apuntan a transmutaciones profundas, misteriosas, incomprensibles. Esos enormes poderes en manos de las brujas no podían sino suscitar odio, rencor, envidia, miedo.
La literatura greco-romana -Horacio, Ovidio, Lucano, Tácito, entre otros- van a distanciarse de las brujas mediante sátiras feroces donde se las niega y se las culpa de infinidad de desgracias. Las brujas en torno a su caldero se convertirán en sinónimo de calamidad. Se las hará responsables de dejar impotentes a los varones, estériles a las mujeres, de causar sequías, granizadas, pestes, asesinatos. Petronio hará decir a una bruja vieja y ebria: "Todo lo que ves en el orbe me obedece… la tierra se reseca, las plantas se marchitan, los mares se aquietan, las fieras se aplacan." El caldero iniciático de la vida, el arte y la resurrección se ha convertido en laboratorio del mal. Las buenas hierbas son ahora hierbas del daño y la aflicción.
Esa imagen terrible perdurará a través de los siglos. En el Renacimiento, Shakespeare le hará decir a las brujas de Macbeth:
Giremos en torno de la ancha caldera,
y cuaje los filtros la roja lumbrera.
Oculto alacrán que en las peñas sombrías
sudaste veneno los treinta y un días,
se tú quien se cueza de todos primero
al fuego del bodrio que dora el caldero.
………
Echemos el lomo de astuta culebra:
su unión con el caldo el infierno celebra;
garguero de buitre y de vil renacuajo;
alas de murciélago, pies de escarabajo,
ojos de lagarto, lengua de mastín,
plumas de lechuza y piel de puerco espín
Así nuestro hechizo, y al hado le pese,
desgracias y horrores igual contrapese.

Y sigue y sigue la aberrante enumeración de los elementos que borboteaban en el caldero de las brujas, que no eran imaginación del dramaturgo inglés sino que respondían a una creencia sólidamente arraigada de la época.
Las hechiceras, afirmarán los cazadores de brujas como Pierre Delancre, utilizan siempre para sus mezclas sustancias impuras, como la carne de ahorcado, los menstruos o los orines. Luego las cocinan con fuegos especiales, a la luz de la luna, mientras bailan y pronuncian extraños encantamientos; finalmente beben ese caldo y exclaman "¡He tomado tympanon!, ¡He tomado tympanon!" Asimismo, los inquisidores y otros personajes semejantes, estaban persuadidos de que ese líquido inmundo las facultaba para volar por los aires, adivinar el porvenir, fabricar amuletos y hacer toda clase de sortilegios malignos.
El folclore se sirvió largamente de esa imagen negativa del caldero y las brujas, ya que lo perverso suele ejercer mayor atracción que lo benéfico. Y lo mismo vale para los cuentos infantiles, como Hansel y Gretel, la Cenicienta y la Bella Durmiente, entre otros. Quizá sea hora de rescatar esa otra faz, las buenas recetas de las brujas para la salud, la belleza, la amistad, la protección: volver a Cerridwen y sus mixturas de cebada, bellotas, miel, hiedra, eléboro, laurel. Quizá entonces el caldero vuelva a asentarse firmemente sobre sus tres patas y se lo vea como receptáculo de las fuerzas de cambio y regeneración, como reflejo del océano interior del hombre. Quizá entonces vuelven a cocinarse en su interior las fórmulas que sirven para el nacimiento de un nuevo ser.


A restituta, la curandera
Leopoldo Marechal

Curandera por arte, vocación y malicia
la vieja Restituta
duerme aquí (si es que duerme)
Carpía tierras en el camposanto
y arrancaba cebollas
de maligno semblante.
Con un sapo clavado en una higuera
curó todos los males
asombrosos del Sur.

En su olla tiznada
cocinó mil destinos:
ataba y desataba los caballos del odio;
sabía el arte oscuro de apagar y encender
ese ardor forastero
que decimos Amor.

Jinete de una escoba, galopando en el aire,
fue vista por un niño a medianoche;
detrás de su marido
que, según dicen, era
cierto Mozo de pata irregular.

Murió sin aspavientos
en la Creciente Grande.
Si hoy reposa entre tantos esqueletos benditos
es porque en este pago
no había Cura entonces.


La sombra
Fernanda Gil Lozano


Al ahondar en los dominios del simbolismo, bien en su forma codificada gráfica o artística, o en su forma viviente y dinámica de los sueños o visiones, uno de nuestros esenciales intereses ha sido delimitar el campo de la acción simbólica, para no confundir fenómenos que pueden parecer iguales cuando sólo se asemejan o tienen relación exterior. Forzoso es prevenirse contra el peligro ya que no ha "ideas o creencias" sino, más bien, "ideas y creencias", es decir que en las primeras hay siempre algo o mucho de las segundas. Cuando algunos autores reconocidos de la crítica se pronuncian en contra de la interpretación simbólica es posible que exista una incompleta valoración de lo simbólico.
Las sombras como parte de la vida de las personas y de la cultura social ofrece un campo privilegiado para la acción de los simbólico, y en el caso de Calderos, Brujas y Mujeres, lo simbólico femenino, desde un lugar propio, convierte a sus discursos en verdaderos misiles sobre el entramado patriarcal.
Sin proponérselo, las sombras determinan los elementos que constituyen las bases para la construcción del discurso de lo femenino y la relación que guardan aquellos con la elaboración de los contenidos ideológicos de los mismos. En las sombras una se sumerge en los mitos de las mujeres protectoras del pensamientos y las hijas de la memoria, personajes con los ecos de Nix, la noche; Afrodita, Atenea, Quimera, Medusa, Esfinge.
En esta reflexión quiero compartir varias lecturas sobre distintos temas que sólo la democracia de las sombras me permite unir y armonizar.
Se sabe muy poco acerca de los orígenes de la pintura, decía Plinio el Viejo en su Historia Natural. Pero una cosa es cierta: nació cuando, por primera vez, se cercó con líneas la sombra de un hombre, yo diría de una mujer. Este nacimiento "en negativo" de la representación artística es significativo. La pintura nace bajo el signo de una ausencia/presencia (ausencia del cuerpo/presencia de su proyección)
En la época que Plinio escribía su tratado (siglo I de la era cristiana), la imagen pictórica ya había dejado de ser simple contorno de una mancha. La sombra se había incorporado a un complejo espacio de representación que sugería la tercera dimensión, o sea el volumen, el cuerpo. La imagen-sombra de los orígenes era pues, más bien un recuerdo lejano de un hecho entre mítico e histórico que la señal de un origen que se debe conocer (o reconocer), pero del que necesariamente se aleja. Un contemporáneo de Plinio se preguntaba qué habría sucedido si los pintores no hubieran tenido la valentía de progresar, y respondía a continuación: "la pintura se reduciría a trazar el contorno de la sombra proyectada por los cuerpos al ser expuestos al sol": (Quintiliano, Institutio Oratoria, X, II, 7)
En este mito de fundación se adivinan varias fuentes. Quisiera compararlo con otro, el que inaugura la teoría occidental del conocimiento: el mito platónico de la caverna. Platón imagina al hombre primitivo en una gruta y sin poder mirar otra cosa que la pared del fondo de su prisión, pared en la que se proyectan las sombras de una realidad exterior cuya existencia ni siquiera sospecha. Únicamente al volverse hacia el mundo iluminado por el sol, conseguirá el hombre alcanzar el verdadero conocimiento.
El mito pliniano y el mito platónico son dos relatos paralelos que no se comunican a nivel de discurso, pero que sí pueden hacerlo a nivel hermenéutico. Sin bien Platón y Plinio hablan de cosas distintas en contextos diferentes, ambos relatos son etiológicos (sobre el origen del arte en Plinio y el origen del conocimiento en Platón); tanto el mito del inicio de la representación artística como el de los comienzos de la representación cognitiva se centran en el motivo de la proyección; la proyección originaria es una mancha en negativo, una sombra. El arte y el conocimiento consisten en la superación de la situación límite de su nacimiento. La relación con el origen, es decir, la relación con la sombra marca la historia de la representación occidental. Este recuerdo de una marca de origen es el recorrido de las sombras femeninas, y no debemos extrañarnos del retraso que, en relación con la historia de la luz, caracteriza a la historia de las sombras; su explicación tiene que ver con que la Historia de las mujeres es el estudio de sujetos negativos.
En el sentido que desafiaron la normativa de lo femenino, las mujeres independientes son destinadas a relacionarse con lo diabólico y sus metáforas. El caldero de las brujas es el depósito de muchas sombras, donde se cocinan nuestras vidas; cuando sacamos alguna, pienso que debemos superarla, la que sea. No hay causalidades, todos somos la superación o la negación de una sombra; no nos disgustemos, hagamos nuestras propias obras de arte a partir de superar lo único cierto: la sombra.


Brujas cisandinas
Francisco Squeo Acuña

Bajaban las tres brujas entre jarillas
Con flores de equiseto
Por el seco río de la Salamanca
Para canjearme por su curación
La luna se disfrazaba de porvenir
Era un perfume danzante
Hacíamos trueque
Les daba racimos de uva
Las uvas estaban pintonas
Con la luz de la luna parecían linternitas
Ellas se comieron las pocas brevas
En el patio de los chañares

Una tenía cabellera verde
La otra colorada y la vejezuela blanca
Juntaron matico y semillas de lino
La gran ave cisandina arauquil
Roja con alas blancas y un aceitunón en la cabeza
Graznó y se fue
Mientras las indisciplinadas
Cantaban y comían mburucuyá
En el fervor de encontrarse con el pájaro
Hacían collares de la flor de la pasionaria
Les vi el capullo azul de la dicha
Eran hadas y realizaban dibujos de olvido

Mientras comían
En la olla grande con fuego y brasas
El equiseto entró en ebullición
Las tomaba de a una
Les bajaba la cabeza
Y el vapor las inundaba
Eran tres y cinco minutos
Luego con un cucharón de cobre
Vendido por un gitano
Sacaba el jugo
Y en una taza de cerámica riojana
Les deba a beber el líquido de su rostro pasado


Cuando terminaron la mixtura de las hierbas
Se levantaron rápidamente
Para asistir a un baile
Entonaron un grito armonioso
Y las siguió un mangangá
Empezaba el aura, posaron como flores transparentes
Se aferraron al ave formando un quetzalito
Al pájaro le costó el peso
Voló hacia la piedra de la cacique
Cruzando el camino de Sanagasta
Por el kilómetro veintidós tomó rumbo a Angulo
Otros dicen a las Aguas Blancas o Chaschuil
Volaron
No las volví a ver.


Los retoños literarios de Salem
Humberto Acciarressi

Que me den unas líneas escritas por la mano del hombre
más honrado y hallaré en ellas algún motivo para ahorcarlo.

Cardenal Richelieu


Las enciclopedias populares -tan rigurosas como módicas- consignan cuatro ciudades de nombres Salem; tres en los Estados Unidos y una en la India. De las americanas, una se encuentra en Oregon, cerca del Pacífico; otra en las adyacencias de Saint Louis y la tercera, que es la que nos interesa y muchos atlas ignoran, en la bahía atlántica de Massachussets. En verdad, este nombre designa menos una geografía que un momento histórico que nos remonta a 1692 y a los procesos por brujería recreados en 1953 por Arthur Miller en su obra Las brujas de Salem, deferencia al imaginario colectivo, ya que los juicios excedieron las fronteras de la antigua villa salemita -de la que hoy quedan vestigios en Danvers- abarcando casi todo Massachussets.
No es ocioso apuntar que Salem es famosa a pesar de Salem, ya que la persecución duró unos pocos meses; los ejecutados no superaron la veintena y, en lugar de las dantescas piras europeas, se apeló al método menos espectacular de la soga al cuello. En síntesis, fue uno de los hechos más modestos en la vasta historia de la caza de brujas. Y allí radica su importancia: el arte suele ser seducido por las historias particulares y no por cifras que invitan a la infinitud. Proctor y Abigail, personajes de Miller, son tan reales como lo indican las actas del juicio. Sus tragedias habrían naufragado en legajos con miles de historias; y no es extraño que Aldous Huxley se haya inspirado para Los demonios de Loudoun en una drama real con un único condenado, Urband Grandier.
La barbarie de Salem se urdió con escasos ingredientes: adolescentes presuntamente "hechizadas", decenas de personas que no se adecuaban al canon de los puritanos de Nueva Inglaterra, y un cuerpo judicial menos apegado a las leyes civiles que a libros como El día del Juicio Final de Wiggksworth, panfleto calvinista de gran circulación en la Massachussets de entonces. También hubo muchas personas contrarias a la cacería, pero el miedo las mantuvo calladas. Los que se manifestaron contra las jóvenes acusadoras, pagaron con su vida o su libertad. Como dato no menor, hay que precisar que un par de años antes, en Boston, habían ahorcado a una lavandera irlandesa conocida como la bruja Glover, y en su ejecución estuvo presente Betty Parris, la chica que desencadenó la caza en Salem con su presunta posesión diabólica. Desde que el médico que revisó a las jóvenes dictaminó "aquí ha metido la mano el demonio", hasta que partió hacia el patíbulo la última carreta, ocurrieron dos dramas particulares que inseminaron el alma de la literatura norteamericana.

Hawthorne y las vergüenzas ajenas

En 1692, Philips English y su esposa Mary vivían en una suntuosa mansión y eran propietarios de catorce edificios, un muelle, veintiún barcos, y una gran impopularidad. No sólo eran extranjeros, sino que su apellido real era francés con reminiscencias papistas: L'Anglais. Primero fue detenida la esposa por sus comercios con el diablo; unos meses después el marido, identificado con un espectro que realizaba visitas nocturnas y decía ser Dios. Aunque los English fueron ayudados a escapar, Mary murió a causa de los tormentos sufridos en prisión y el viudo quedó en la miseria.
Cuando concluyó la caza de brujas por la presión política que tornaba insostenible ese largo suplicio colectivo, Philips inició un infructuoso peregrinar por las cortes con la esperanza de recobrar sus riquezas. Incluso en 1697, a la muerte del alguacil Corwin, embargó su cadáver el tiempo suficiente para complicar los funerales y ganarse cierta antipatía. Sin embargo, el personaje más odiado por el brujo fue el magistrado John Hathorne, inquisidor implacable que tenía a su cargo los interrogatorios. Poco después de la muerte de English, una de sus hijas no tuvo mejor idea que casarse con el hijo del juez. Así se formó una dinastía que agregó una "w" al apellido y produjo uno de los vástagos más notables de Salem: Nathaniel Hawthorne, nacido el 4 de julio de 1804.
En la obra de Hawthorne, situada en el universo de la literatura gótica de la que es uno de sus precursores, existen múltiples referencias a los procesos de brujería. Del inquisidor Hathorne dice en la introducción de su novela La letra escarlata: "…me avergüenzo por sus actos(…) tan activamente participó en el martirio de las brujas, que bien puede decirse que la sangre de éstas le dejó una mancha indeleble." Sin embargo, no hay mención explícita de sus ancestros procesados. Sí una simpatía, a veces culposa, con el conjunto de los perseguidos. En su cuento El ruego de Alice Doane critica a sus contemporáneos que juegan a las brujerías en la colina del patíbulo, "pero jamás sueñan con rendir honores fúnebres a quienes murieron tan injustamente y fueron sepultados allí sin ataúd ni oración". Y refiriéndose al mismo lugar, que el escritor solía caminar por las noches, dice: "…el polvo de los mártires estaba debajo de nuestros pies".
El descendiente del inquisidor y los brujos también se refiere a la tragedia salemita en otras obras. En La silla del abuelo la llama "el acontecimiento más triste y humillante de nuestra historia", y en El caballero del espejo, donde Hawthorne asume que su razón y su arte habitan un mundo de espejos a partir de un narrador que percibe por doquier una imagen desdoblada de sí mismo, dice que durante la caza de brujas "una idea semejante hubiera costado muy cara." El tema campea en toda su literatura, en ocasiones más veladamente, como en La hija de Rappaccini (un jardín familiar donde se cultivan plantas mágicas), o en Feathertop, una leyenda moralizada (que nos cuenta la historia de un espantapájaros que cobra vida al fumar la pipa de una bruja)
Sin embargo, la clave de su familia parece encontrarse en La letra escarlata donde la heroína, Hester Prynne, es obligada a llevar la marca de las pecadoras, una letra "A" de adúltera bordada sobre paño escarlata prendido a la pechera de sus vestidos, sin querer -o poder- confesar que el padre de su criatura es un reverendo respetado por la socieda que la condena. Por último, uno de los cuentos de Hawthorne, El holocausto del mundo, preanuncia con su quema masiva de libros uno de los clásicos de la ficción anticipatoria del siglo XX: Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, otro de los retoños de la tragedia de Salem.

Bradbury al rescate de lo poético

Mary Bradbury era, en 1692, una de las mujeres más queridas de Salisbury. Cuando fue detenida, noventa y tres vecinos -entre ellos un reverendo- firmaron una petición por esta madre de once hijos. Durante el juicio, poco importó que su marido Thomas la calificara como una mujer "de espíritu optimista, liberal y caritativo". Pesaron más las acusaciones de las jóvenes: la "confirmación" que solía convertirse en cerdo y ejercía hechizos para poner rancia la mantequilla, o que ejecutaba maleficios contra los barcos en alta mar. Tampoco faltó quien la viera, con el gorro blanco y el corbatín con los que concurría a misa, trepada en lo alto del mástil de una embarcación azotada por una tormenta. Demasiado para no ser condenada a la pena capital. Sin embargo, rescatada de la carreta fatídica y escondida por vecinos contrarios a las matanzas, no llegó al patíbulo. Su descendiente, Ray Bradbury, reconoció, casi tres siglos más tarde: "Gracias a que ella se salvó…yo estoy aquí". Aunque el escritor nunca se ha explayado sobre los pormenores biográficos de su estirpe, sí ha dejado múltiples referencias en su obra, siempre poéticamente amiga de la brujería y sus cuestiones, y por cierto exenta de las culpas que atormentaban a Hawthorne. En honor de la síntesis, baste mencionar algunos capítulos de su novela El vino del estío, varios de sus cuentos y, naturalmente, su libro El árbol de las brujas donde un personaje afirma que en el pasado de Massachussets, los que poseían los atributos del ingenio, la inteligencia y el conocimiento, corrían el riesgo de ser considerados hechiceros.
En el siglo XX, la Bahía de Massachussets volvió a ser escenario de otra "caza de bruja", esta vez contra anarquistas e italianos. Las víctimas fueron Nicolás Sacco y Bartolomé Vanzetti, quienes entre 1920 y 1927 padecieron un infame proceso judicial. Hasta su ejecución en la silla eléctrica, los rreos fueron alojados en la prisión de Dedham, muy cerca de donde dos siglos y medios antes habían marchado hacia el patíbulo los condenados de la Villa de Salem. No huelga recordar una frase perdida entre los escritos de Vanzetti referidos al juez de la causa: "El dios del verdugo Thayer no puede estar hecho sino a su imagen y semejanza: un dios verdugo y liberticida"

Intermezzo sarmientino

Existe un dato que no es ocioso añadir a estas curiosas simetrías. En los primeros días de octubre de 1847, Domingo Faustino Sarmiento -de viaje por Estados Unidos- visitó a Horace Mann en su casa de Massachussets para interiorizarse de los procesos educativos que lo obsesionaban. Allí conoció a Mary Peabody, esposa del pedagogo, que ofició de intérprete, y a las hermanas de ésta, Isabel y Sofía. Casi veinte años más tarde, de vuelta en los Estados Unidos como ministro plenipotenciario de Mitre, Sarmiento retornó a los pagos bostoniano, donde contempló la estatua en memoria de su amigo Mann y disfrutó la calidez de su viuda. En poco tiempo, Mary lo vinculó a los intelectuales de Boston -Emerson y Longfellow, entre ellos-; tradujo su Facundo, se convirtió en su consejera y guía, incentivó su pasión por la educación y preparó el selecto grupo de señoritas que viajaron a la Argentina y la historia recuerda como "las maestras norteamericanas" de Sarmiento.
Las andanzas de estas jóvenes en nuestro país no han sido todavía bien difundidas. Baste anotar que llegaron en varias tandas, se desperdigaron por las provincias, y no siempre fueron bien recibidas. Una de ellas, Jennie Howard -que dejó un libro de memorias, En otros años y otros climas- nos informa que recién abierta la escuela de Córdoba de la Cruz del Sur, apareció un cartel con la leyenda "Esta es la Casa del Diablo y la Puerta del Infierno". La bostoniana anota irónicamente que los habitantes parecían creer que "…algunas fuerzas de las Tinieblas bajo la apariencia de una Escuela Normal, habían alzado allí su morada en lugar de los santos de antaño". Dos datos para sintetizar estos sucesos que vinculan los orígenes de la educación argentina al inquietante estado de Massachussets. Mary Peabody de Mann, cuya correspondencia con Sarmiento roza la friolera de ciento cincuenta cartas, era hermana de sofía Peabody, esposa de …Nathaniel Hawthorne. Y el sanjuanino parece haber cumplido bien su misión, dado que en su memoria, la de Mann y las 65 maestras bostonianas, el 11 de septiembre se conmemora el Día del Maestro en el estado de Massachussets.

Boston, Poe y las raras coincidencias

Lo que ocurre en Boston, en cuya cárcel muchos procesados por brujería esperaron sentencia, es curioso: a 22 km al NE (20'en auto) s encuentra Salem; a 14 km al SO (unos 10' por carretera) se levanta Dedham. Durante los procesos, el diablo fue identificado varias veces como un enigmático "hombre alto de Boston". Y fue en Boston que en enero de 1809 nació Edgar Allan Poe, uno de los primeros en reconocer "el genio indispensable" de Hawthorne. Pero, más allá de esta crítica visionaria, existe un dato incomprensiblemente ignorado por los biógrafos del autor de El cuervo. La información la proporcioma John Ingram en su hoy inhallable Edgar Allan Poe, su vida, carta y opiniones, traducido por el argentino Edelmiro Mayer en 1887. Ingram reproduce una revelación de Helen Whitman, a quien pretendió sin éxito el poeta poco antes de su muerte en de su muerte en Baltimore. La señora apunta que el linaje de Poe se remonta a una familia normanda, los Le Poer, afincada en Irlanda durante el reinado de Enriqueta II. Uno de los antepasados del poeta fue Arnoldo Le Poer, senescal del castillo Kilkenny, "caballero e instruido en las letras", que se jugó la libertad y la vida para salvar de las garras del clero a Lady Alice Kytler, acusada y llevada a juicio por brujería. ¿Casualidades o un laberíntico entretejido de relaciones para el que aún no se dispone de un hilo de Ariadna? En cierta oportunidad Flaubert opinó que "el frenesí de llegar a una conclusión es la más funesta y estéril de las manías". Es menos vanidad que sensatez compartir momentáneamente ese juicio.


Hechicerías
María del Carmen Suárez


Tenía un ojo celeste, el otro negro. El derecho apaciguaba a las fieras extrayendo fragancias a medianoche, el izquierdo teñía las flores de cualquier color. Un día el olvido se instaló. El universo fue un tono de gris. Despertó desnuda y, a la vez, secretamente decidida a hurgar en la memoria. Supo que había que mezclar brebajes ardientes para el amor, secar hasta el cansancio hojas de pasionaria, ruda y ralladura de jengibre. Ordenó los jarros antiguos, se vistió con los mejores ropajes y, sibilante, se fue aproximando hasta el campo de ortigas.
La luna menguante le fue indicando el lugar de la ceremonia. Ella latía, su sexo latía. El mundo giraba mientras iba hundiendo sus manos en la tierra. Las piedras preciosas brotaban, sus formas extrañas le advirtieron del magnetismo que emanaban destinadas a ceremonias y exorcismos. Girando en torno a es pozo bailó la danza de las primeras mujeres del planeta. Despedía destellos y una línea de fuego la envolvió. Las señales iban descendiendo del cielo. Supo del poder de la magia y frecuentó todos los sueños.
Olvido y memoria, un precipicio, una misma obturación en el tiempo. Los signos de la pasión, de la vida, eran la marca de las tinieblas. Mas un sol aprisionó las sombras y volvió a nacer. El olvido fue tan intenso como la memoria.

Las brujas: Ayer y hoy
Ana D'Elia


Nacida en estrecho parentesco con los ritos de la fertilidad, la brujería tiene fronteras muy imprecisas con la magia, la adivinación e, incluso, la invocación de los muertos. Estas artes difieren de la brujería en el objetivo a que se aplican, no en la naturaleza de las fuerzas empleadas ni en los medios de que se valen, Magos, chamanes, médicos-brujos y adivinos pertenecen, por lo general, al género masculino y suelen trabajar en solitario. Las brujas y hechiceras, en cambio, acostumbran reunirse en pequeños grupos bajo la cúpula de creencias compartidas. Unos y otras, sin embargo, al estar fuera de los ritos y conocimientos públicos admitidos oficialmente, se ubican en los márgenes, en la periferia de la comunidad, aunque con diverso grado de aceptación y tolerancia.
La figura de la bruja, de "monótona repetición", según frase de Margaret Mead, se relaciona con la adscripción de facultades mágicas a la mujer. Éstas derivan fundamentalmente de sus funciones reproductivas que, en caso de desviarse, producen brujería. Por ello, en todo tiempo y lugar se ha creído que la crianza de niños contrabalanceaba con seguridad ese poder. De tal modo las practicantes de este arte se reclutaron en su mayoría entre dos categorías: las jóvenes solteras y las viejas. Vale decir, mujeres que podían moverse con cierta libertad, con cierto margen de autonomía respecto a la influencia patriarcal.
En las sociedades primitivas la brujería se bifurcó en dos ramas, Una, practicada por el rey o los médicos-brujos, de aparición esporádica, era de carácter benéfico. La otra vertiente, de índole maléfica, era ejercitada por mujeres que ocasionaban separaciones, esterilidad o muerte.
Muy tempranamente, la condena social cayó sobre las practicantes de la brujería. El Antiguo Testamento conmina "A la hechicera no dejarás viva" (Éxodo. 22.17) Y griegos y romanos las temían calificándolas de "extranjeras". Los Padres de la Iglesia las llamaron ficticias, simulatrices, máscaras, sortilegios, dando a entender que se trataba sólo de ardides, trucos o artimañas con que se pretendía engañar a las gentes. Más tarde, no obstante, se las volverá a considerar en plena posesión de dones sobrenaturales, convirtiéndolas entonces en objeto de una de las persecuciones más despiadadas de la historia.

La brujería histórica

En el marco de una acentuada pobreza campesina, cuyas riquezas, drenadas por las ciudades, iban a parar a manos de una clase privilegiada, se desata, entre 1348 y 1351, la primera oleada de "muerte negra" que habría de terminar con un tercio de la población de Europa occidental. Las calamidades derivadas de la peste, junto con la decadencia de la agricultura, crearon las condiciones favorables para la aparición de vagabundos y trashumantes hambrientos y desocupados. Esos amplios estratos de menesterosos discutían cuanto tema se presentara o surgiera, cuestionándolo todo y alentando al campesinado a rebelarse contra una estructura social que los asfixiaba.
En esa escena histórica, contra ese telón ideológico, luego de conocer un prolongado período de silencio, irrumpe nuevamente la figura de la Gran Diosa. En su forma oficial aparece bajo la forma del culto a María. Madre, María encarna el aspecto benéfico, la nodriza que cría y alimenta; virgen, simboliza la pura espiritualidad desasida de engarces carnales que puedan retar la potencia masculina.
Pero, lejos de las ciudades, donde el cristianismo no había penetrado profundamente puesto que continuaban los viejos cultos paganos, se fue extendiendo un movimiento popular compuesto por las depositarias de las antiguas culturas de la fertilidad y la reproducción, hechiceras que con sus hierbas y filtros ayudaban a sobrevivir al campesino y al marginado: los asistían en las enfermedades, los consolaban de las miserias del diario vivir, siendo siempre solidarias con el humillado y el ofendido. Atendían a las mujeres en el problemático momento del parto o les facilitaban interrumpir su preñez cuando se sentían agobiadas por la perspectiva de otra criatura nacida a la pobreza y el desamparo. Esas viejas sabias, de muchos recuerdos y mucha experiencia, aconsejaban y guiaban, infiriendo del diagrama de los acontecimientos presentes y pasados el dibujo de los que vendrían.
Mediadoras entre lo sobrenatural y el hombre, entre el hombre y su ser orgánico, respetadas por sus conocimientos, estas mujeres acabaron por suscitar el encono de los detentadores del poder. En éstos se conjugaban el antiguo temor a lo femenino, la alianza que veían surgir en los estratos bajos de la población y la amenaza a su prestigio. La Iglesia, desdiciéndose de aseveraciones anteriores respecto de que las artes de la brujería estaban basadas en la superstición, que eran meras imaginaciones, declara que se estaba en presencia de un nuevo tipo de brujas a las que no podía aplicárseles las afirmaciones teológicas precedentes. El papa Inocencio VIII lanza una bula que prohíbe todo trato con hechiceras y encomienda a la Inquisición la caza de brujas. El documento pontificio desató una persecución infame que se mantuvo por más de dos siglos, incluso en el área de dominio protestante.
Las razones para acusar a una persona de bruja eran múltiples: "La impotencia con una mujer, los problemas con la legítima consorte o la falta de deseo carnal para con ella, una desdichada pasión con otra mujer fuera del matrimonio eran todas calamidades puestas a cuento de la brujería"(*) Asimismo, la falta de trabajo, la muerte de algún familiar, la pérdida de bienes eran todas desgracias adjudicadas a la magia perversa de algunas mujeres. En la bruja se proyectaban los propios errores, fracasos e incapacidades, los miedos, odios y responsabilidades no asumidas, las fantasías insatisfechas. En este sentido la bruja medieval concitó como ninguna otra la atención sexual, haciéndosela cómplice de cuanta perversión pasaba por la mente de sus perseguidores ya que, según los inquisidores, la causa de la brujería "proviene del deseo carnal, que en las mujeres es insaciable."(**) El saldo de esta suma de prejuicios de una sociedad enferma fue la muerte en la hoguera de varios millones de personas, sobre todo mujeres.

Las brujas hoy

Hoy como ayer las brujas son objeto de curiosidad, de un interés donde se mezcla el temor a lo que está en las fronteras de lo conocido con el ansia de obtener información o conseguir rápidamente lo que se desea.
Hoy como ayer las brujas buscan bajo la luna su propia identidad, en fuga de un mundo brutal y jerarquizado, cercenante. En ese lugar ideal "lo hermoso es feo y lo feo hermoso", como decía Shakespeare. Allí, en abrazo con la naturaleza toda, los jóvenes han de estrechar a los ancianos en un abrazo sin límites. Allí, en la danza en coro, la mano se ha de tender hacia el prójimo sobre las ruinas de los prejuicios y las malas intenciones. Allí, al recorrer mapas inverosímiles, se aprenderá a descifrar los arcanos de este y otros mundos.
Pero, hoy como ayer, la libertad molesta, lo diferente asusta, lo desconocido da miedo. Por eso, hoy como ayer, acechan los inquisidores de nuevo cuño dispuestos a encender las hogueras del descrédito y la repulsa contra quienes se niegan a vivir y pensar de un modo convencional.

(*) Eva Figes. Patriarcal Attitudes. Londres, 1971.
(**) Sprenger y Kramer. Malleus Maleficarum. Madrid, 1984.


Pequeña canción
María de Baldrich

La bruja vuela ¡ay!
aunque el corazón le duela.

Desde el abra en sombras
sus hermanas llaman.
La luna vuelca
sus odres de plata.

Crepitan las brasas,
el caldero hierve,
comienza la danza.
el canto se eleva.

"Mezclemos las hierbas
que curan el alma,
que sanan el cuerpo.
Hagamos hechizos
de amor y esperanza
contra las muchas penas
de este mundo amargo."

El fuego se apaga,
la noche termina.
Las brujas vuelan
con su fantasía.


La dama velada
Mirta Henault


¿Fue un sueño? Fue un sueño. Un extraño sueño de siesta de primavera temprana, algo de vino y cierto dolor de espalda por haber removido el jardín: las plantas hay plantarlas en primavera, dicen. Estoy en un hospital. Eso parece. Las salas están en penumbra. Una penumbra opresiva como en días de tormenta. Por los pasillos amplios el personal se mueve ansiosa, nerviosamente. Alguien me dice: -Fernanda viene a la una; necesita algodón, una pieza de algodón para contener la hemorragia. Yo me apuro a llevárselo, pero estoy sola y no sé dónde ponerlo. Lo dejo en cualquier lado.
En el patio cerrado veo a las mujeres. Mujeres vestidas con colores desteñidos, feos. Tristes y feos, como sus caras. Así las encuentro, arrumbadas en la semi-claridad del patio despojado. Despojado como la escenografía de un teatro en ruinas.
Se escucha un grito de dolor. Las enfermeras corren a buscar a la mujer doblada sobre un banco. Tiene la ropa manchada de sangre. Afuera estallan las bombas. El humo no deja respirar. Las enfermeras se pierden en las salas brumosas con la mujer doblada empapada en sangre fresca. Las mujeres mueven los ojos con indiferencia. Tantas mujeres en el hospital, para lo mismo. Apenas respiro. Quiero salir.
La calle es un infierno de escombros. Me escucho nombrar; lo conozco; me dice; -Si vas para tu casa te llevo. Mi casa, ¿qué casa? Él insiste: -Mi mujer está en la cabina del camión, andá a saludarla, ya está mejor.
Corremos para saludarla pero no llegamos a la cabina. Apenas alcanzamos a subir al vagón. El camión retrocede, retrocede. -Eh, grito, ¿adónde vamos? -No te preocupes, me tranquilizan; en unas cuadras paramos.
No para. Seguimos, seguimos para atrás. Las cuadras se deslizan hacia atrás. El vagón se detiene en una esquina desconocida. Descendemos en una calle apenas alumbrada por fogatas humeantes. Sólo distinguimos edificios de cemento sin ventanas. Recortan un cielo de ceniza. Las calles parecen andenes de un subterránea sin carteles, sin señales; apenas vías de acero entrecruzándose en una especie de laberinto sin fin comido por la oscuridad.
En un paisaje de columnas carcomidas, el suelo estrecho a nuestros pies, la vi. Separada por la calle-abismo, la vi. O quizás fue sólo la visión casual de un espejo: una mujer vestida de verde como hoja madura. A su espalda, ondulando, una gran capa de raso violeta; sobre la cabeza, un enorme sombrero rojo de alas rígidas. Un velo le cubría la cara. Andaba despacio, cadenciosamente; parecía flotar a ras del suelo. No me miraba, pero yo la vi. No pasó en vano, yo la vi.
Después, subí corriendo las escaleras para alcanzar el siguiente tren. Pero el tren partió; está lejos. Tan lejos. No lo alcanzaremos con nuestras piernas lentas y nuestro corazón desbordado. Miedo, angustia, sinrazón de no poder. Cerca y lejos, el tren se arrastra. Trabajosamente se aleja. Se aleja hasta ser apenas una esperanza tendida hacia el horizonte de deseos no cumplidos.
Otra vez la espera. La espera en un andén donde la gente también espera: un puñado de castañas calientes, un ramo de rosas frescas, horizontes dorados, mar abierto. Verde de olas y reflejos de aves de alas extendidas en vuelos distantes. Apenas despierta en un cuarto clausurado, estoy en el espejo roto. El velo ha caído.

Tres poemas mágicos
Beatríz Schaefer Peña

Circe

Emerge tu corazón
de sus cenizas,
celebrante de sombras.
Sobre el altar,
donde oficiaban la flor
y la mandrágora
yace un resto de sonrisa
sellado por la luna.
Te persiguieron.
te dieron caza las criaturas
que transformó tu escarnio.
Beso a beso
te fue devuelto el fuego.
No quedó nada de ti.
Tal vez, ese vestigio
de hoguera perfumada.
Y aún estás al acecho,
En la última brasa.

La predicción


"Te espera el cielo abierto de los dioses:
has recibido el símbolo elegido"
-me dijo la Iniciada descifrando sus claves.
El recinto encerraba aquel paisaje de musgos.
"Las otras bocas te serán negadas"
-volvió a decir.
"La noche amamantó tu estirpe
con celo de nodriza
y los días no serán nunca tus días."
El caracol del humo levantaba
su agridulce envoltura.
Tal vez, afuera, la agonía del atardecer
se desangraba en volutas de fuego.
"Es necesario cumplir el vaticinio"
-insistió.
"Atravesar la sombra mansa de la ausencia
cubriendo el corazón con el olvido.
Te aguarda la Hermandad de las estrellas."
Sus palabras temblaron en las llamas
proyectando una forma de velas.
Hizo el rápido trazo de la cruz invertida
en el espacio breve
y la única luz fueron sus dientes.
Vislumbré la vastedad, los rostros del abismo,
la corteza lejana de una luna apagada.
El signo de los signos.

Ella no volvió a hablar.
Al despedirse me dejó en la frente
la señal del destino.
Esta imagen de espejo
que refleja
nada más que el vacío.

La ceremonia

De cabelleras teñidas con resplandores del ocaso
celebran, bajo la luna, cantando esa música prohibida.
Descalzas, las manos alzadas,
convocan al Amado y le ofrecen su corazón
de criaturas dóciles.
¡Si supieras -le dicen- que no existe vértigo mayor
que el de tus brazos
cuando nos elevas en el baile oscuro!
¡Si supieras
que no hay más encantamiento que el Lucero
brillándote en los ojos!
Ellas son las jóvenes silvestres
que duermen en todos los caminos.
Ellas son las irredentas,
las viejas perseguidas que levantan el fuego
donde hierven al mundo.
Las malditas que se atreven al amor,
a ese imposible cuyo Rostro veneran.
No escuchan las admoniciones
ni el aullido que advierte en la intemperie.
No les importa la llaga que les abre el pecho
con la descarnadura del castigo.
Sólo quieren ser aire entre esos labios;
el arrebato ardiente de esa noche que sueñan para siempre.
¡Si supieras…
Y las arrojan desnudas sobre la brasa viva
quedando su agonía como un tibio resplandor sobre la tierra.
¡Si supieras!… ¡Si supieras!…
Tal vez la plegaria inconclusa haya alcanzado el vuelo.
¡Si supieras!…¡Si supieras!…
Tal vez, Él también haya dejado su lágrima encendida
en esa hoguera.


La brujería en la historia o la historia de la brujería
Sara Rioja

La caza de brujas fue un espantoso crimen judicial
Jesuita alemán Von Spee


Desde la noche de los tiempos las entidades benéficas y maléficas, en lucha permanente, sirvieron a los humanos para sus necesidades espirituales. Durante miles de años, la creencia en la Diosa Madre (Isis, Ishtar, Kali, Pachamama y muchísimas denominaciones más) dominaba toda cultura conocida. Algunas de sus fechas son practicadas por religiones actuales: su aniversario era el 15 de agosto y el 25 de diciembre nacía un niño que daría origen al año, por ejemplo. Igualmente, la Pascua de Resurrección se celebraba en la primavera del hemnisferio norte, cuando el hijo de la Madre Tierra, la semilla, resucitaba entre los muertos (el invierno) y renacía con la germinación.
El conocimiento de las experiencias médicas, religiosas y esotéricas estaba en manos de mujeres, tal como hasta nuestros días lo ponen en práctica las curanderas. Esos conocimientos hacían que, como respeto a la Madre Tierra, no se ocuparan mayores territorios que los necesarios, no se sacrificaran más animales que los imprescindibles para sobrevivir, no se apropiaran los bienes ajenos. Tampoco se permitían las guerras. Existía una gran solidaridad entre los habitantes de la tierra, funcionando sus comunidades como colmenas.
A medida que se fue develando el papel de la sexualidad en la procreación, antes considerada mágica, el hijo de la Diosa fue creciendo hasta convertirse en un varón maduro. Devenido hijo y amante, un día este hombre de barba, llamado Jehová en la tradición judía (se lee Adonai), se divorció de su madre y formó una nueva religión basada en el poder del sol. Sus templos abrieron sus puertas hacia el Este. En su teología, la visión de la divinidad es una luz deslumbrante.
Todo lo perteneciente a la noche, identificado con la Luna y la Diosa Madre (coinciden los ciclos lunares con los menstruales) se volvió peligroso y maligno. Las serpientes (símbolo del animal-semilla) se convirtieron en demonios. En libros sagrados, las mujeres fueron inferiorizadas: en el Talmud se menciona a Lilith, la primer mujer, castigada a parir demonios porque se atrevió a pretender yacer encima del varón en el coito; en la Biblia figura Eva, quien condenó a la pareja humana por su incitación a la desobediencia.
La divinidad, considerada asexuada, tomó nombres masculinos: Él, el Señor, el Creador, el Hacedor, etc. Las civilizaciones griegas y romanas no tuvieron en cuenta entidades definidas. Sus divinidades eran ambivalentes. Eros/Cupido, por ejemplo, dios del amor, era también un demonio travieso, guardián de las pasiones sexuales. Zeus/Júpiter fue originalmente el hijo/amante de Hera/Juno, pasando a convertirse en marido infiel.
En las civilizaciones antiguas, incluidas las americanas, se dio gran importancia al arte de curar. Se conocían infinidad de sustancias animales, vegetales y minerales que resumían los conocimientos de todas las épocas. En las leyendas de la creación de los humanos siempre figura algún fruto.
En la Roma imperial, el fisco recaudaba el 15% de la venta en las numerosas farmacias existentes. El consumo de bebidas alcohólicas estaba prohibido a los varones hasta después de cumplidos los 30 años. A las mujeres les estaba vedado siempre, bajo pena de muerte. No es de extrañar que un culto como el incipiente cristianismo, que consume vino en sus rituales, haya sido tan severamente penado. Cuando el Emperador Constantino asumió como el primer emperador cristiano de Roma, permitió el uso del vino sólo con fines sacramentales. El apóstol Pablo, en sus Encíclicas, había ordenado eliminar todo estímulo a conductas relajadas que pudieran alimentar obras carnales como la fornicación.
Así como en sus costumbres el pagano se consideraba dueño de quitarse la vida, acto de valentía y grandeza moral, para el cristiano la vida es de Dios y el dolor grato a la divinidad mientras se mortifica el cuerpo. En consecuencia, fueron prohibidas todas las sustancias que amenguaran el dolor. La farmacología en general, aun para males localizados, comenzó a verse como la tentación de otros cultos.
Afirmaba el sociólogo alemán Adorno en 1944 que "los conceptos del orden machacados por la industria cultural son siempre los del status quo, detrás del cual se esconde la suposición de que dicha industria cultural conlleva un "imperativo categórico". Adorno sostiene que no se trata de una función integrativa al modo de un sustituto religioso, sino todo lo contrario, porque esta industria cultural obliga a los sujetos a integrarse, adaptarse y amoldarse dentro de una trama social que inevitable y reiteradamente les ocasiona un perjuicio.
Es así que, en el año 391 d.C., grandes incendios intencionales destruyeron la gran biblioteca de Alejandría y las de otras ciudades. Todo conocimiento y saber paganos, especialmente los referidos a los medicamentos, se consideraron como curiosidad malsana, teñida de brujería y fueron destruidos. Los farmacéuticos y sus familias fueron ejecutados o vendidos como esclavos. Los remedios pasaron entonces a ser elaborados con sustancias dudosas como momias de Egipto pulverizadas, cuernos de unicornio, dientes de cocodrilo molidos, ungüentos de grasa de tigre. También se incluyeron preparados costosos como perlas disueltas en vinagre y agua de piedras preciosas. Las curaciones se basaron fundamentalmente en oraciones individuales y grupales, promesas a los santos, encendido de vela, rociadas con agua bendita y compra de indulgencias. Los sacerdotes fueron denominados "curas".

Las nuevas culpables

Con la decadencia y caída de los grandes imperios europeos antiguos comenzaron las invasiones bárbaras: vikingos, magiares, sarracenos. Las ciudades debieron amurallarse y, al quedar encerradas, se abandonaron las aldeas y los cultivos. Crecieron las malezas en los campos en detrimento de la agricultura, la ganadería y sus derivados. Las industrias mineras, metalúrgicas y alimenticias se quedaron sin trabajo porque las comunicaciones se hicieron imposibles o demasiado peligrosas.
Todo lo relacionado con actividades nocturnas se abolió y la noche se consideró maligna: volaban brujas en escobas, vampiros humanos bebían sangre de otros humanos, espíritus diabólicos mantenían relaciones sexuales durante el sueño y engendraban monstruos. En poco tiempo se organizó una matanza sistemáticas de todos los animales de hábitos nocturnos, pues se los decretó de "mal agüero" (superstición que dura hasta nuestros días): lechuzas, búhos, gatos (especialmente negros). También se eliminaron las serpientes, de hábitos diurnos, sin tener en cuenta si eran venenosas o no. Como tales animales son los enemigos naturales de los roedores, pronto éstos se multiplicaron prodigiosamente en el seno de las ciudades amuralladas -muchas veces sitiadas por largo tiempo- y ocasionaron enormes plagas como la peste bubónica, la cual se propagó a otros puertos debido a que las ratas infestaban los barcos. Recién en 1984 el médico suizo Yersin comunicó que había logrado aislar el bacilo de la peste bubónica, presente en una pulga parásita de las ratas. Los ratones de campo, sin alimento por falta de cereales, también se refugiaron en las ciudades y llevaron epidemias de rabia (de allí las leyendas del vampirismo).
El hacinamiento y la suciedad, el baño corporal presentado como pecaminoso, la falta de un sistema apropiado de provisión de agua potable y de eliminación de desechos cloacales, provocaron epidemias de cólera y fiebre tifoidea. Para todas estas pestes no se contaban ni se aceptaban medicamentos ni cuidados adecuados.
Había que encontrar las causas y los (las) culpables de tantos desastres. Se fijaron entonces en las curanderas, brujas poseedoras del saber pagano diabólico, a quienes se acusó de provocar esas plagas junto con tormentas, granizos y sequías. Quedaban así sentadas las bases para una guerra contra la brujería que duraría 500 años, desde el primer tercio del siglo XIV hasta mediados del XIX.
Los Tribunales de la Inquisición fueron creados por el Papa Gregorio IX en 1231 para luchar contra herejes, alquimistas, magos y brujas. La Inquisición funcionó en toda Europa y en la conquista de América. Destruyó fundamentalmente a cristianos/as sospechados, musulmanes, judíos y moriscos. Dos clérigos fueron nombrados por el Papa Inocencio VIII para producir el Malleus Maleficarum, el "Martillo de las Brujas", un abominable manual de torturas y muerte, aplicado durante esos siglos, presente en todos los juzgados y tribunales.
La caza de brujas fue llevada a cabo en todos los países de Europa, abarcando la Edad Media, la Reforma, el Renacimiento, la Ilustración y los respectivos cambios de gobierno. A Inglaterra llegó tarde, escasamente con Isabel I, pero con mucha virulencia bajo el puritano Cronwell.
Muchos historiadores coinciden hoy en que la bruja medieval fue una invención de los inquisidores. Otros piensan que eran seres extraños, propensos a procurar paraísos artificiales entre las plantas. Algunas creencias las consideraron las fieles y devotas practicantes de las antiguas religiones. Otros sostienen firmemente sus tratos con el diablo. Muchos creen que eran mujeres de mente clara, en busca de justicia y libertad. Lo cierto es que, en un solo continente, de tres millones de habitantes se quemaron vivas 500.000 personas, sobre todo mujeres y niñas, después de refinadas torturas y falsos juicios. Se incautaron además los bienes de unos cuatro millones más. Hicieron fortuna los denunciantes, que recibían parte de los bienes, algunas familias resentidas, codiciosas o desaprensivas, alguaciles corruptos y caza-recompensas.
La quema de brujas fue apoyada por varias religiones cristianas y demostró cómo se pueden multiplicar al infinito ciertos daños reales o imaginarios. La religión musulmana no tuvo caza de brujas pero practica, hasta nuestros días, la mutilación femenina (o ablación del clítoris y de otras partes genitales) denominada infibulación.
En 1826 se realizó en España el último auto de fe, ceremonia pública de condena y muerte. A comienzos del siglo XIX José Bonaparte, en el trono de España, suprimió la Inquisición. En 1814, al retomar el poder Fernando VII, la restableció. Seis años más tarde, atacado por los pensadores más progresistas de Europa, proclamó su abolición, aunque siguió vigente a través de las llamadas juntas de fe. La abolición llegó en 1834.
En esos mismos siglos otra matanza de mujeres tuvo lugar en Europa: la falta de asepsia. Todo el saber de las viejas parteras fue dejado de lado por los ambiciosos médicos, salidos de las universidades, que atendían a las mujeres, especialmente en los partos, sin higienizarse. El médico inglés Lister alertó sobre los peligros de muerte de las pacientes por infecciones, pero fue tratado como loco y fantasioso, inventor de gérmenes imaginarios. Mucho tiempo después, gracias a Pasteur, esos casos fueron tomados en cuenta.
Vemos cómo la ignorancia llevó a sangrientas matanzas de minorías, acusadas de dar origen a todos los males, y a graves crisis étnicas, políticas, sociales y económicas. Hoy, 2003, el mundo no se puede jactar de estar exento de luchas semejantes. A comienzos de este milenio vuelven a repetirse situaciones de muerte para las mujeres, provocadas por la negativa de ciertos sectores fundamentalistas a aceptar métodos anticonceptivos, incluido el aborto legal. Los abortos clandestinos son grave factor de riesgo para la salud femenina. Para las madres, elegir la planificación de su progenie es una manera de lograr bienestar y supervivencia en condiciones límites. Asimismo, la caza de brujas mantiene su virulencia en las casos actuales de violencia familiar que a diario, y en un crescendo infernal, se producen a diario en nuestro país.
Desde nuestro lugar en este remoto país del Nuevo Mundo debemos continuar escribiendo nuestras páginas de vida para lograr que cada día sea un poco mejor que el anterior.


Embrujada

Yolí Fidanza

He invocado Aladinos y frotado mil lámparas.
Besé a un príncipe oculto bajo la piel de un sapo
y hubo tarde en que invertí el milagro.
Una noche, en el mágico espejo de la luna,
vi danzar un ser dual
bruja en una mitad, ondina en la otra.

Ahora, con las suertes echadas
y los ojos nublados
y los dedos dolientes
y la espalda con su curva de ausencia
me llegaré hasta el bosque
en busca de una raza de celtas y druidas.
-Acaso encuentre en su sitial a Selva
y en sus antros a Morgana y Melusina-.
Todas ellas, o alguna, con más poder de hechicería,
Mezclando uñas y plumas con cintas rojinegras
debe ser la culpable de dejar en mi cuna
un sortilegio oculto que me ordena y me ciega.
Por eso, día a día,
desovillo palabras, las tejo y las destejo.
La mirada en la imagen, el ritmo en el oído
escribiendo, borrando y escribiendo.

Cercana ya la hora de volver al origen
soplo materia alada hacia los cuatro vientos.
Un augur me señala el Reloj de la Vida.
No me inquieta el girar de la aguja,
embrujada persigo la magia de algún verso.


Yemanjá
Sally Arrivillaga


Yemanjá, orixá de las aguas, es motivo de un culto reverencial. Esta deslumbrante diosa del mar habita una morada que guardan celosamente graciosos y acrobáticos delfines.
En su celebración la luna, como un gigantesco spot, ilumina la escena, destacando la presencia de quien oficia de diosa sobre la blanda arena mientras las olas como encajes la rodean y acarician.
Suenan y suenan sin cesar los tambores mientras los devotos, a prudente distancia de la diosa -en cumplimiento de un riguroso protocolo- depositan sobre un gran mantel blanco las ofrendas. Las piedras semi-preciosas, los caracoles marinos, los polvos de arroz, los collares de coral se van acumulando a la par que crean un clima místico fantasioso que complace a Yemanjá.
Al finalizar el año, el 31 de diciembre, los devotos de la Diosa realizan una importante y espectacular ceremonia llamada "Panela de Yemanjá". En un bote pintado de celeste va la Diosa, simbolizada por una bella muñeca de largos cabellos vestida con un amplio manto de albura inobjetable y la vara de poder en su mano derecha. Junto a la figura de la deidad se colocan los obsequios, ofrendas y solicitudes de quienes confían en su gracia y su merced.
Grandes velones iluminan la playa cuando los fieles, vestidos con túnicas celestes y blancas, los colores de la diosa, despiden a la panela, empujándola hasta ver que se pierde en las aguas llevando sus tributos de fervor y fe.

Los misterios del Tarot
Nelly Oliver


El Tarot siempre despertó en mí enorme curiosidad. Aseguran que descubre nuestro pasado, habla del presente, predice el futuro y responde a preguntas nunca formuladas. En procura de saber cuánto de cierto encierran estas afirmaciones, si se trata o no de una forma de brujería, acudí a la reconocida tarotista Carmilia Tepes, que accedió gentilmente a la entrevista.
El lugar de encuentro es en su consultorio, un ambiente apacible, tenuemente iluminado. Los sahumerios exhalan agradable aroma. La copa de agua sobre la mesa está apoyada sobre un tapete violeta. Sin más preámbulos, le formulo la primera de una docena de preguntas que tengo preparadas.
¿Cómo adquiere esta disciplina?
Cursé el Profesorado de Parapsicología en el Instituto de Estudios Superiores, hace de esto varios años. Una de las materias obligatorias es el conocimiento e interpretación del Tarot.
¿Cuál es el origen del Tarot?
Bueno, su principio es indudablemente místico, simbólico y misterioso. Hay quienes afirman que proviene del Libro de Toth o Kibalion, un manual de las altas escuelas iniciáticas egipcias que guardaban los secretos de la magia y demás disciplinas del mundo espiritual en libros cuyas páginas eran láminas de oro.
¿Cuántas cartas tiene el Tarot y cuáles son las posiciones de las mismas?
El Tarot se compone de setenta y ocho cartas. Cincuenta y seis de ellas están divididas en cuatro palos, que representan los cuatro elementos. Se atribuyen por lo general las Copas al Agua, las Espadas al aire, los Bastos al Fuego y los Oros a la Tierra. Estas cincuenta y seis cartas van del as al diez, a lo que se suma el valet, el caballo, la reina y el rey. En conjunto reciben el nombre de Arcanos o Misterios menores. Las restantes cartas, numeradas con el 0 y del 1 al 21, son los Arcanos o Misterios mayores. Respecto de las posiciones, de las cartas, existen varias: la tirada de los siete, la cruz celta, la pirámide, la rueda astral, siendo ésta la más completa. Asimismo su significación varía según caigan del derecho o del revés, es decir, con la figura hacia arriba o hacia abajo. De todos modos, cada uno puede tener su tipo de tirada propio, lo cual da una gran riqueza de interpretaciones: el Tarot es como un espejo que actúa recíprocamente con el espectador.
¿Se produce un acuerdo mental entre entrevistado y entrevistador?
Yo no lo llamaría "acuerdo"; tal vez se establezca una conexión. Lo que ocurre, casi siempre, es que el consultante acude a la entrevista con una carga de ansiedad muy grande y al intérprete le corresponde la tarea de no mezclarse, para nada, en las cartas. Su tarea consistirá en exponer, a través de su percepción e intuición, el significado que le dictan las mismas y sus aplicaciones. Lo que sí debe conseguir el intérprete es que e consultante se sienta en un clima de confianza y tranquilidad y este objetivo se conseguirá con más facilidad si el consultante es una persona absolutamente desconocida con la cual el intérprete no tenga ningún cruce de intereses. La actitud del consultante y el buen oficio del intérprete pueden llegar a aclarar situaciones, pero nunca hay que buscar una definición forzada. Los resultados deben quedar abiertos, como un abanico, ofreciendo todas las posibilidades.
¿Existen consejos para cambiar la energía, mejorar el humor, recuperar fuerzas para enfrentar dificultades?
La solución de todo problema está condicionada por la acción de dos fuerzas antagónicas: una propicia y otra que se le opone. La regla es buscar la beneficiosa e ignorar la contraria. De acuerdo a lo que "digan" las cartas, el intérprete podrá orientar al entrevistador para mejorar sus dificultades, pero nunca puede ni debe decidir por él.
¿Ayuda el Tarot a neutralizar energías negativas?
Le reitero mi respuesta anterior. Lo que hace el Tarot es mostrarle al consultante el panorama que lo rodea, en todos sus aspectos, y esto lo ayudará a tomar el rumbo más adecuado a sus propósitos.
¿Verifica problemas de salud o focos desfavorables en el hogar, el trabajo, las amistades?
Por medio de las cartas del Tarot el hombre se puede formular cuantas preguntas le acosan, por numerosas y diferentes que sean. Las cartas nunca se equivocan: el que puede equivocarse es quien malinterpreta su lectura. Por ello no es conveniente, a mi juicio, dar una respuesta contundente si se trata de algún problema de salud: el tarotista no remplaza al médico, como el médico no puede remplazar a un ingeniero o un abogado. Como decía mi abuela: "zapatero, a tus zapatos".
¿Se puede descubrir por medio de las cartas si estamos rodeados por objetos que tienen historia y desprenden vibraciones negativas?
¡No!. Eso, más bien, es tarea de los que manejan el péndulo. Reitero: la lectura de las cartas puede dar el panorama general que rodea a una situación determinada, los pro y los contra.
¿Fortalece la personalidad, impulsa la resistencia, elimina dudas?
Fortalecer nuestra personalidad o aumentar nuestra resistencia es una tarea ardua y cotidiana. Lo que sí puede hacer el Tarot es aclarar nuestras dudas, como ya lo expresé, y eso representa una gran ayuda.
¿Necesita usted una preparación previa a la sesión, en un ámbito determinado?
Sí, por supuesto. Lo mismo que cualquier profesional antes de entregarse a su tarea propia. Hay que lograr un ambiente magnético y lo más armónico posible. El intérprete debe estar relajado y receptivo para interpretar el significado de las cartas.
¿Las cartas se entretejen de manera inexorable con los hilos del destino?
Los Arcanos Mayores y, en menor grado, los Arcanos Menores, tienen correspondencias y enlaces con todas las esferas, pero no olvidemos que nada nos condiciona y que depende, en última instancia, de nosotros mismos, poder modificar ciertos aspectos de nuestro destino. De todas maneras existen, como ya sabemos, imponderables que sólo responden a lo divino.
Al finalizar la entrevista, ¿experimenta fatiga o alivio por haber cumplido con las expectativas del consultante?
¡Depende del consultante! Hay personas que vienen con una carga muy pesada de angustia o negatividad y te absorben la energía como si fueran papel secante. Entonces debo recargar las pilas. Pero, a esta altura de la "soirée", como también decía mi abuela, ya soy lo suficientemente experimentada como para saber contrarrestar los malos fluidos.
Me retiro, gratamente impresionada por la cordialidad de Carmilia. El tibio sol de la tarde otoñal acompaña mis pasos. El banco de la plaza me acoge como un viejo amigo. Suave, cuidadosamente, el viento barre las hojas. Grabador mediante, revivo la entrevista y reflexiono. ¿Brujería, arte, ciencia, intuición? Las conclusiones del reportaje quedan libradas al juicio de cada uno.

Superstición y miedo
Marcos Abarza & Irene Viscarra


En una noche invernal de 1560, una mujer encadenada a grandes cubos de piedra tallados en los Andes, grita al viento del altiplano:
"Ay de mí, ahora que mis piernas se han helado! Si tan sólo tuviese un poco de ese poder fantástico que dicen poseo, ¡todo sería tan simple!
Está nevando en las altas cumbres. Es una noche gélida en verdad. Pareciera que los guardianes congregados decidieron mi muerte antes que los k'aras1 de la Iglesia Blanca, pues el cruel frío me atormenta con saña perversa. Aun así, no faltaré a mi lealtad, a la verdad de los Ancestros. Resistiré hasta el fin de los tiempos, pues ha de llegar Pachakuti2.
¡Yo soy una Bruja! ¡Que todos los que no quieren saberlo lo oigan y conozcan! ¡Yo soy una Yatiri3! Y no me arrepentiré, no retrocederé ni un solo paso en mi camino por más espada, fuego o tormento que ose interponerse, porque no estoy dispuesta a disfrazarme por sus injusticias. ¡Yo soy una Bruja!
¡Yo soy una Yatiri! Al igual que mis hermanas y mi amada madre. Y ustedes, ruines k'aras mal agradecidos, como todos sus pares. ¡Hipócritas! Ahora vanaglorian a ese Dios blanco, ofendiéndolo a cada paso con sus actos indignos.
¡Ladrones, mentirosos, holgazanes, cobardes k'aras! Han quemado a mis hermanas y torturado hasta la muerte a mi madre. Han incinerado las tablas del saber, obsequios divinos de los dioses para nuestra cultura. Han cerrado sus ojos al Creador, corrompiéndose en la ambición blanca. Y ahora pretenden que me congele aquí, o niegue mi tradición divina, mientras entonan espurios cantos de amor. ¡Como si sus plegarias y mi castigo los fuera a liberar de la maldición que sus mentes infectas de codicia y perversión imaginan!
¿Acaso mi sufrimiento hará de este sucucho un pueblo próspero? ¿Acaso mi martirio limpiará los cielos invernales para que el sol brille y la tierra pueda ser cultivada fuera de época? Me condenan a padecer inhumano suplicio suponiendo -a su parecer ridículo y perverso- entender que soy responsable de las nieves prematuras y continuas que han llevado el poblado a la ruina. Que se lo ha pedido el Diablo, que los aquelarres, los anatas4 y sus inmundos rituales, que le besa el poto5 a Satanás y le hace una marca, que vendió su alma por facultades fabulosas, que Lucifer esto y los brujos aquello…¡Qué tonterías dicen ustedes que no pueden coordinar más de dos acciones a la vez sin dejar escapar babas de su boca!

¡Ignorantes! ¡Cobardes! ¿A qué le temen ahora? ¿A mí? ¿Yo les hago daño? ¿Acaso ignoran que nunca existió pecado aquí, hasta que ustedes trajeron la Cruz, malhadada sea? Cuántos de ustedes me habrán pedido que les lea las hojas de coca, cuántos me habrán pedido mis gracias, mis trabajos, mis energías, mis consejos. Y ahora me condenan por suposición injusta. ¿No ven que Ese que me tortura y asesina es el mismo Supay6 al que aborrecen y tanto temen? ¿No ven que quienes se hacen llamar padres son en verdad demonios de una vil hueste infernal venida a mentir, a engañar a las masas ingenuas de hombres y mujeres ignorantes?
¡Qué saben estos winkas7 de brujas y encantamientos. Me juzgan por sus malas cosechas, accidentes y no sé cuántas otras cosas; a mí, que sólo busco ayudar a los demás…y a mí misma. Pretenden ser mensajeros de una gran deidad aunque ella jamás se haga presente, y entre caricias contra natura me llaman legión.
¡Que la muerte sea conmigo, si eso les place, pero estén seguros que no formaré parte de sus retorcidas alianzas! Jamás me arrepentiré de ser lo que soy. No abriré el camino al mal, ni ovacionaré el nombre de Dios por intereses o causas que acontezcan, porque ello es rehuir mi humanidad y belleza.
¡O inefable Espíritu del cosmos y el espacio! Recibe mi alma helada entre tus flamas estelares y hazme brillar pues yo, al igual que tú, soy una estrella.


1 Denominación andina peyorativa de "hombre blanco", que detenta el poder e impone su cultura. Invasor, ladrón.
2 Según la cosmovisión andina aymará, se trata de un cambio cíclico cada 500 años, un cataclismo cósmico. Pacha significa "tierra", pero también "espacio y tiempo" y kuti, "dar vuelta, "retorno". El término Pachakuti dio vuelta al mundo andino al revés, el Inca se hundió en el seno de la tierra y allí le prestan su apoyo los dioses del inframundo, mientras se restablece el orden correcto en los Andes, para su retorno.
3 Nombre tradicional del chamán aymará.
4 Festividad pagana o ritual de carnaval en que se efectúan sacrificios de animales en agradecimiento a la Madre-tierra o Pachamama, por la buena cosecha y el ganado.
5 Trasero.
6 Satanás para el panteón inca.
7 Ídem nota 1.

Magia bruja
Susana Fernández Sachaos

Más allá

Se llamó bruza o bruxa al Bubo Lacteus (Linneo), que el diccionario de la Asademia Española (edición de 1726) describe de la manera siguiente: "ave nocturna semejante a la lechuza aunque algo mayor, que de noche da ásperos chillidos. Tiene la cabeza grande, los ojos como los del búho, siempre abiertos y fijos, el pico corvo como de ave de rapiña, las plumas canas y las uñas encorvadas. Las plumas de su cabeza está dispuestas en forma de bruxa (cepillo de cerda dura y tieda)". Lo mismo que sucedió con palabras como uzier, que pasó a hujier, bruza se transformó en bruja con el correr del tiempo.
Se denominó bruja -conforme esta probable etimología- a las lechuzas en general y luego a las mujeres que tenían, al parecer de los antiguos, el poder de convertirse en lechuzas, según se advierte en el latín strix o striga, que significa no sólo lechuza, búho, ave nocturna, sino también bruja. Una vez identificada la idea de lechuza con la de mujer que de noche se convierte en lechuza, se la designó con el nombre de bruja.
Todo lo que sea deforme, inquietante, enigmático, misterioso, peligroso, predispone a la potencia oculta, a la superstición, tal como sucede con: personas profesionalmente ligadas a los campos mágicos como sepultureros, médicos, verdugos, que pueden manejar en su momento desperdicios humanos; ciertos animales como el búho, la serpiente, el gato, sobre todo el negro, representado en muchas estampas como montura de las brujas,; caracteres físicos y mentales atípicos como ocurre con jorobados, epilépticos y tuertos.
No sabemos con certeza cómo surgen esas perturbaciones del ánimo ni tampoco qué las origina. Con frecuencia elegimos distintas maneras para arrancar de nosotros el miedo, la incertidumbre, muchas veces el terror que nos provocan.
A través de los siglos, en distintas civilizaciones (caldeos, egipcios, hebreos, griegos, romanos) uno de los caminos elegidos ha sido recurrir a las brujas, para contrarrestar las fuerzas adversas y desconocidas, traducirlas y así hacer posible su manejo. Las brujas consiguieron manipular, mediante pócimas y ceremonias complicadas, el campo irracional del más allá.

Más acá

Las brujas y sus brujerías fueron temas predilectos de gran número de artistas que vieron en ellas la posibilidad de plasmar todo un mundo interior, lleno de mágicas evocaciones.
Cuando escuchamos la palabra bruja resuenan en nosotros ecos de otras palabras tales como maleficio, hechicería con diversas formas de culto al demonio que se corresponden con figuras semejantes a la arpía, genio maléfico de horrible aspecto en la mitología greco-latina.
También se consideran como motivo plástico a las "brujas buenas", gordas de piernas flacas, ojitos fisgones y pelos tiesos, autoras de toda suerte de travesuras mágicas y risueñas.
Entre las pinturas prehistóricas podemos remontarnos al arte rupestre de los bosquimanos, pueblo negroide de origen remoto, distribuido por Botswana y el sudoeste de África en cuyas cavernas se representaron con valor mágico danzas propiciatorias para la caza del jabalí. Antes de emprender la cacería, el brujo de la tribu organizaba el rito. Esas pinturas, en las cuales aparecen con detalle altos cazadores armados de lanzas y los animales, tenían por objeto "encantar" a la piezas de caza. Un sentimiento respetuoso emanaba de esos actos preliminares.
El arte primitivo que rebosa en elementos animistas, se toma de la magia y sus herramientas, tanto en forma como en materia.
El brujo Obatade, armado de escudo y maza y la bruja Odudue, llena de collares sobre el seno prominente, son otro producto artístico de la magia negra africana.
En un bajorrelieve asirio-babilónico, se representa una estrella de ocho puntas, la hoz lunar y el disco solar, tríada protectora contra la muerte.
La atormentada imaginación medieval recurría a la decoración de sus más insignes edificios religiosos con todo tipo de monstruos demoníacos, intentando hallar cierto apaciguamiento a su constante inquietud.
En el siglo XV alcanza su apogeo el dominio de las brujas. Un manuscrito flamenco evoca las persecuciones a las que era sometido un fraile dominico por ellas. En el dibujo se lo ve tirado sobre un prado, rodeado de brujas, vestidas con telas negras superpuestas y turbantes blancos. Algunas están armadas con cuchillos y otras con garrotes. Todas amenazan al indefenso fraile.
Toda la Edad Media está repleta de manifestaciones artísticas sobre brujas y brujerías. En el Museo de Artes decorativas, de París, se guarda entre sus famosas piezas, un sello de marfil, como símbolo de brujería, formado por una empuñadura que representa una calavera. El mango está compuesto por tres fémures.
No es frecuente que se reflexiones sobre la causa que originó el ensañamiento a que fueron sometidas las llamadas brujas, mujeres cargadas con todos los atributos que el hombre fue asignando a quienes demostraban con su comportamiento estar comprometidas con prácticas ocultas y conjuros. La mayoría de las veces se trataba de situaciones imaginadas por los acusadores que se empeñaban en sanear las almas.
El rey Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia (s.XVI) estaba convencido de la relación entre brujería y locura. Durante su reinado, una joven llamada Gilly Duncan adquirió la reputación de auxiliar y curar a numerosas personas. Muchas de las que fueron sentenciadas como brujas poseían conocimientos profundos de medicina y botánica. El empleador de la joven Gilly, convencido de que debía tener poderes diabólicos, tomó la decisión de torturarla él mismo para que confesara que había recibido ayuda el demonio. Además de confesar bajo tortura, Gilly dio nombres de hombres y mujeres que practicaban brujería en los alrededores de Edimburgo. Una de esas acusadas, Agnes Sampson, una mujer de buena reputación y educación esmerada, fue examinada por el propio rey Jacobo. Como se resistió a confesar su culpabilidad, se la desnudó e investigó su cuerpo hasta encontrar la "marca del demonio en su boca". Sobre ésta se colocó una brida semejante a la que se usa en los caballos. Además, no se le permitió dormir. Unos días después confesó su filiación demoníaca.
Agnes Sampson y las otras personas a las que se acusó fueron estacadas según ordenaba la ley civil escocesa de esa época, a diferencia de la ley eclesiástica, que condenaba a la hoguera. En otras zonas de Gran Bretaña por los mismos cargos se colgaba a quienes fueran reconocidas como brujas. Una lámina que representa la ejecución de las brujas de Chelmsford, Condado de Essex, titulada The apprehension and confessíon of three notorius witches, las muestra colgadas una al lado de la otra, por estar poseídas por la locura de la brujería. (Lambeth Palace Library, Inglaterra).

Los grandes artistas han encontrado inspiración en todo lo fantástico que existe dentro del complejo mundo de la magia y son su arte han estilizado una concepciones que hoy nos parecen maléficas.
Si contemplamos El jardín de las delicias de Hyeronimus Bosch (1450-1516), tríptico ubicado en un lugar privilegiado del Museo del Parado, nos preguntamos si es una obra exclusiva de una disparatada imaginación o se trata de la presencia de las fuerzas maléficas desatadas durante el Imperio de Satán, en la Edad Media.
Un mortero, tallado en forma cúbica, perteneciente a una bruja de Languedoc-Rosellón, región del sur de Francia, simboliza uno de los utensilios básicos usados en brujería. En ellos molían exóticas hierbas para luego lograr sus extrañas y sorprendentes pócimas en los calderos.
Pueblo ardiendo bajo la maldición de unas brujas, el título grafica la composición, es un grabado perteneciente al libro de R.P. Guaccius, Compendium Maleficarum, aparecido en Milán en 1626.
Según vamos detallando, las creencias en brujas y sus manifestaciones artísticas, guardan similitudes entre Europa, Asia y África. Sobre todo en lo referente a los rituales. Las diferencias más importantes se aprecian en las texturas y terminaciones de las obras: algunas figuraciones son rudimentarias, otras exquisitas.
La brujería alcanzó a todos los pueblos, incluso a los que hoy nos parecen más civilizados. En el Nordiska Museet de Estocolmo se muestra una máscara que representa a una bruja, la que a pesar de su simplicidad estética tiene una gran fuerza expresiva marcada en la boca desdentada y en los ojos parecidos a los de las cabras.
La brujería ha dejado su huella también en los disfraces. Se usaron y se usan en fiestas folclóricas que mantienen vigentes las constantes luchas entre el bien y el mal. En algunas fiestas tradicionales de Eslovenia, los participantes usan máscaras de bruja, una escoba como montura y largos vestidos negros (Museo Etnográfico de Lubiana)
Inspirado por la pieza teatral de Shakespeare, Macbeth, se conserva en la Biblioteca Nacional Francesa Las Brujas, grabado sobre madera, correspondiente al grabador francés Barathier. Los bellos trazos muestran tres perfiles sucesivos de brujas, cuyas narices tienen forma de gancho, las mejillas están hundidas y los ojos desorbitados.
Para su progresión hacia las simas ocultas, la bruja debe usar una serie de factores complementarios que la auxilien en su cometido: la noche, las luces de las velas, la invocación, el silencio.
Un grabado tomado de La Historia pintoresca de las brujas, París, 1846, ilustra un círculo mágico de protección sobre el cual están parados dos frailes frente a la presencia de una bruja que los amenaza.
Ulrich Molitor, en su libro De Lamiis et Phitonicis Mulieribus (Constanza, 1489), nos ofrece la versión del "maleficio del arco" representado en un grabado: una bruja, armada de un arco, ha encontrado a un campesino y le ha lanzado a un pie una vara de avellano embrujada. El campesino se ha visto obligado a quitarse el calzado, sintiendo su pie hincharse desmesuradamente. La bruja, calmada, con los ojos tranquilos, espera para hacer el sortilegio inverso, para demostrar su gran poder. También de Molitor, en el mismo libro, vuelan montadas sobre largos bastones.
Los calderos han sido representados en distintos tamaños; por ejemplo, los usados por Enrique III de Francia se muestran en un grabado, tomado del libro Les sorcelleries de Henry de Valois, publicado en 1589.
Elementos que forman parte del mundo habitual de la brujas, tales como el círculo mágico, amuletos, talismanes, pentáculos, se hallan reunidos en un minucioso grabado de Gaspar Isac (Biblioteca nacional de París)
El uso de amuletos para protegerse de las brujerías es universal. Lo demuestra un talismán de hueso perteneciente a la tribu Tsimsian, en la Columbia Británica, en el cual se combinan una cabeza de pato con un larguísima pico y la cara de un nativo suspendida del cuello del ave (National Gallery, Ottawa). Esta pieza rudimentaria puede contrastarse con un amuleto de composición caprichosa, realizado en filigrana de plata, que se conserva en el Albert Museum de Londres (circa siglo XVIII).
La magia bruja persiste hoy en una inmensa variedad de posibilidades: la Walpurgisnacht, Halloween, para nombrar las más recordadas ceremonias, son ejemplos de su vigencia a lo largo de los siglos.
Para bien o para mal, continúan manifestándose diversos fenómenos mágicos provocados por brujas modernas. "Las brujas no existen…pero las hay", dice un refrán gallego. No será sencillo que desaparezcan de esta tierra mientras exista en cada mujer, en cada hombre, el sentimiento de lo mágico.

 

   
  GRUPO NÉMESIS - Buenos Aires - Argentina