| Leonor Calvera ha realizado una vasta labor en los estudios de género tanto como en la traducción de textos sagrados orientales, tales como el Dhammapada y el Bhagavad Gita, habiéndose especializado en religiones comparadas.
Por aquello de "por los frutos los conoceréis",
estas son algunas de las obras publicadas:

COMENTARIOS
El paso de la muerte

Grupo Editor Latinoamericano, 2010
|
No hay para la razón escándalo mayor ni incógnita más grande que la muerte. Si bien forma parte del suceder de la vida en tanto consumaciòn de un ciclo, la idea de una desapariciòn permanente, de un eclipse absoluto,ha sublevado la mente y el corazón del hombre que la tomó como eje en casi todas las concepciones religiosas y filosóficas.
En El paso de la muerte, Leonor Calvera sostiene la premisa de que no se puede comprender la vida sin analizar la idea de finitud. En procura de investigar sus huellas, partiendo de antes del Paleolítico,estudia los procedimientos funerarios desde los primeros y sencillos enterramientos con flores hasta culminar en la época actual. El extenso recorrido es multicolor y variado: ese caleidoscopia abarca tanto las suntuosas concepciones que forman la base de la civilizaciòn occidental como las crueles regiones del sacrificio y las sabias especulaciones de Oriente. En cada punto, en cada estación. la muerte aparece estrechamente ligada a todas las expresiones de la vida: el arte, la religión, las normas éticas, las distintas formas de convivencia, la estructura misma de la sociedad.
La muerte acompaña las acciones de los seres humanos como una sombra o un telón de fondo, dándoles, tácita o explícitamente, su sentido más profundo. En nuestros días, en cambio, la afirmación del aquí y ahora aparece casi como la única representaciòn válida del ser, con exclusión de cuanto se relaciones con el más allá. Sin embargo, pareciera que no tomar en consideración el enigma de la muerte es una mala apuesta que desemboca en un desastre espiritual. Mientras tanto, el pensamiento profundo y reflexivo nos recuerda que quizá sea una ingenuidad pensar que el hombre meramente muere sin apelación, sin transitar ninguna otra instancia.
Luis O. Tedesco
|
El PASO DE LA MUERTE de Leonor Calvera
por
Beatriz Broide
No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente.
Virginia Woolf
¡Atrévete a pensar!
Immanuel Kant
Estamos frente a una obra monumental : cuatrocientas cuarenta y ocho páginas impresas con letra pequeña, ocho páginas de frondosa bibliografía ¡ sumaria! …, una de esas obras que ya no se estila escribir, urgidos todos por la premura de los tiempos cortos y la tiranía de las determinaciones de los mercados.-
Con un título provocador y provocativo, con pluma ágil y vigorosa, con inusual talento para trasponer límites, Leonor va develando el modo y la forma en que la historia siempre ofrece múltiples reflejos de la sombra de la muerte como el trasfondo sobre el que se van entretejiendo los hilos de la trama.-
Señala en sus Palabras Preliminares : … “ por estar muerte y vida tan estrechamente unidas es muy valioso saber cómo se fué distinguiendo la finitud del hombre porque, en paralelo a su historia , se va dibujando la lucha por la conciencia, en el sentido del ser, por la individualidad a la vez que, en íntimo parentesco, se asoma también lo destinal y utópico que tiñen el orden de lo real.”
En el marco de una sugerente propuesta ensayística Calvera posee la maestría de introducir a sus lectores en un omnicomprensivo universo de ideas donde lo esencial es búsqueda : los hombres son conciencia abierta al mundo, una conciencia que ha de construirse a si misma frente a la existencia y que no se agota en su mera apariencia.-
La muerte aparece como el acontecimiento perturbador y revelador, como un aguijón que pone en crisis todos los soportes sobre los que la vida se asienta.- Así, cuando Calvera analiza la historia de las civilizaciones a través del prisma de la muerte, su mirada se prolonga a la raiz misma de la vida.-
Es un libro … ¿ porqué no decirlo?..., subyugante , fascinante…
¿Se puede abordar la muerte de modo pulcro y bello?
Leonor parece demostrar que es posible.
Una historia de las ideas sobre la muerte supone un detallado análisis de las diversas concepciones del mundo y sus filosofías habidas en el curso del pensamiento humano.-
Supone asimismo un análisis de los problemas relativos al sentido de la vida y la concepción de la inmortalidad, ya sea bajo la forma de su afirmación o bien bajo el aspecto de su negación.- En todos los casos resulta de ello una determinada idea de la muerte pero paradojalmente surge un concepto de vida.-
La muerte es un hecho individual y también un fenómeno social, y como tal ha incidido siempre en las distintas culturas , y el tratamiento de la misma ha variado y sigue variando en un movimiento incesante que muestra el decurso de la vida misma.-
Escribía Lucien Goldmann: … “ la única posibilidad de conocer un objeto o una realidad social reside en tener en cuenta no sólo el elemento dado inmediatamente, sino su devenir estructurado, su tendencia a la estructuración ; es preciso integrar la operación del proceso en el resultado y éste en ella”.-
Y así se escribe la historia , la gran historia, la histora grande, la historia con mayúsculas…
Esa historia que Leonor construye y re-construye con la pericia y la rigurosidad de una estudiosa.- Historia grande, porque arma una estructuración unitaria y organizada en el marco de universos diversos y múltiples.-
Y porque todo análisis histórico y también toda cosmovisión del mundo tropieza con un escollo ontológico inevitable: la muerte.-
Por eso si se pretende examinar válidamente la estructura de una filosofía, de un sistema de pensamiento o de una obra de arte es importante preguntar y preguntarse de qué manera la muerte ha integrado la realidad de la existencia humana , ya sea ignorándola, absorbiéndola en la esperanza de supervivivencia de la colectividad o en la esperanza de una supervivencia individual , o bien situándola en el centro mismo de la toma de conciencia.-
Con frecuencia, muchas creaciones se empobrecen al faltar, dentro de su unidad, la integración de otras posibilidades y virtualidades de ciertas realidades humanas que son omitidas o bien ocupan un lugar relativamente reducido.- No aparece siquiera esbozada otra posibilidad - rechazada o negada por el universo central - de otros mundos y otras dimensiones de la existencia propia de los seres humanos que podrían conducir no ya a la muerte sino a la vida , y hasta quizás a una vida más auténtica y más rica.-
Con una mirada que alumbra una construcción participativa e integradora en la que cabe la multiplicidad de voces, Calvera va mostrando como las distintas culturas y sistemas de pensamiento se han ocupado y preocupado por la muerte.- Va desgranando con pulido vocabulario, vitalísimo lenguaje , sólida información y refinadas reflexiones el contexto socio-histórico en que se fueron dando , recorriendo la historia como quien desgrana afinados sonidos.- Elige con meticulosidad sus citas enlazándolas con inteligencia y rigor , conduciendo sutiles eslabones que le permiten estructuraciones y articulaciones inéditas.-
Desentraña códigos, mensajes , signos, ritos y rituales, mitos y mitologías , representaciones, ceremonias, tradiciones y costumbres.- Señala rupturas , influencias recíprocas , resabios culturales y nuevas modalidades de una misma conceptualización.-
Nada escapa a su aguda percepción.-
Toda sociedad produce los medios espirituales para crear representaciones del mundo, del tiempo y de sí misma construyendo significaciones a través de las cuales la realidad adquiere o puede adquirir sentido.-
Sartre decía que se escribe para revelar la relación del hombre con el mundo.- Parece adecuada entonces esa expresión sartriana para situar “El Paso de la Muerte”.-
Y si como sostiene Terry Eagleton “ la forma en que oganizamos nuestra vida social en común determina todas las formas del pensar y actuar humanos” , en esta obra la autora busca y produce una estructuración sistemática de esas relaciones ubicando con brillantez su ética particular .-
Al variar las relaciones hombre-destino-mundo las tomas de posición también se modifican .- Las estructuras de estas relaciones son variables porque la axiología de los seres humanos también lo es.- Si se conoce la visión del mundo o conciencia colectiva o transindividual que aparece en un momento dado , por una parte y por la otra existe la capacidad de describir las reglas organizativas que rigen el comportamiento de esas estructuras el proceso entero se convierte en significativo y coherente.-
Leonor logra hacerlo significativo y coherente.-
Siguiendo la línea de pensamiento trazada por Lukács, cabe ubicar la dimensión estética en el mismo nivel que las otras actividades creadoras : la filosofía, la ciencia, la acción.- Porque el arte no se reduce a la manifestación de elementos esencialmente formales y abstractos sino que se trata de una estructura dinámica que siempre es una síntesis entre una significación variable , estrechamente ligada al devenir histórico , y la forma más adecuada para su expresión.- “ El Paso de la Muerte” es una magnífica creación literaria concebida bajo la forma de ensayo: es literatura de ideas y el desenlace estético surge entrelazado con el proceso reflexivo en una precisa y valiosa interconexión.-
Su calidad literaria está expresada en su originalidad creativa, su fecundidad lingüística, la sensibilidad de su estilo y su elaborada sintaxis.- En suma, la excelentísima y exigente calidad de un discurso literario dado como producto lingüístico, estético y social, fraguado en una admirable prosa.- Prosa cargada de poesía , envuelta en poesía …
Bellísima prosa , sin estridencias ni solemnidades , fluyente, con densidad y peso específico propios, con un exquisito y refinado componente mágico - poético, quizás como grata expresión de la memoria emotiva de la autora.- “Dulce y útil” como proponía Horacio, deleita e instruye, fuente de placer a la vez que enriquece.-
Creemos que con toda justeza y justicia se puede y se debe hablar específicamente del universo y el pensamiento calverianos .- “ El Paso de la Muerte” no es sólo la elaboración de una mente ordenada y sistemática que se abrillanta en el vuelo lírico de su escritura.- Es una obra de tesis.-
Pocos, poquísimos autores han abordado el desafiante tema de la muerte de modo omnicomprensivo.- Casi todos los pensadores de todos los tiempos lo tratan desde su particular cosmovisión , y tan sólo algunos han enfocado la muerte en el marco de un intento de totalidad socio- histórica y dinamico-relacional , aunque en general lo han afrontado muy tangencialmente o apenas como un enunciado .-
Y aún aquellos que lo intentaron, no obstante haber encarado la cuestión con una mirada más o menos antropológica, quedaron irremediablemente presos de sus propias limitaciones conceptuales y metodológicas , y como consecuencia, los frutos de su producción resultan parciales y fragmentados .-
“El Paso de la Muerte” es la obra de una historiadora erudita y proba, de una ensayista fecunda.- Una obra que Calvera escribió no sólo con tinta sino con su savia, con riquísimo lenguaje luminoso, armonioso, elocuente.- Un lenguaje que vibra y muestra su fuerza en su profundidad , sus matices , su belleza.- Un producto noble, nobilísimo.-
“Muerte y vida son mutuamente tributarias” , sintetiza Leonor y agrega: “Es asombroso comprobar que la singularidad, los rasgos salientes de una cultura están determinados en gran medida por el escorzo en que los coloca el tema de la muerte”.-
Encadenando relaciones para construir nuevas relaciones, este libro es un motor de reflexiones, movilizador de conceptos , generador y productor de dudas , de sospechas y trascendental creador de originales significaciones innovadoras.-
Probablemente sea también una invitación al lector para participar y continuar indagando en su propio pensamiento.-
Muchísimas gracias por regalarnos con tu magnífica obra, Leonor Calvera.-
BEATRIZ BROIDE

La muerte como problema crucial del ser humano, es el eje convocante de este libro, el que no sólo se centra en la palabra sino que está acompañado por ilustraciones, las que a través de las imágenes nos conducen a civilizaciones milenarias, en las que la muerte ha quedado inscripta como concretud de la vida. La tapa, una pintura cruda, en este caso, La muerte y las máscaras de James Ensor, nos traslada al escenario más temido y temible de la historia de la humanidad: la muerte como finitud, como huella de nuestra existencia.
En este corpus, Leonor Calvera recorre siglos de costumbres, de creencias, de mitos y cultos, los que abren un extenso abanico sobre el tema. Desde el final del Paleolítico hasta el mundo actual la imagen posibilitó el encuentro de lo real y lo mágico, de lo narrativo y lo conceptual. Este ensayo lo afirma. Son 58 ilustraciones que interpelamos con la mirada, una mirada cada vez más profunda.
Los enunciados ilustrativos ponen de manifiesto el espíritu artístico de cada civilización, otorgándole la relevancia que la esencia de la palabra amerita en cuanto a su significación a través de los siglos.
Son varias las culturas que habitan el escenario de este libro. El discurso literario se continúa en un orden cronológico: en cambio, en el registro gráfico cobra protagonismo la iconografía del pasado aun en los capítulos pertenecientes al mundo contemporáneo.
La revalorización de las culturas del pasado y la reconstrucción de la menoría es una de las preocupaciones de la escritora.
En Érase una vez y Siempre se vuelve (primeros capítulos) el discurso ligado a lo visual y a lo histórico transita paralelamente. Las imágenes develan la funcionalidad de los dólmenes y menhires y dan cuenta de su carácter funerario, en el que conviven credos y leyendas de la época Paleolítica.
El relato visual y el de la escritura respecto de la cultura egipcia, también forma parte de la reconstrucción memorial de las antiguas civilizaciones elegidas para este corpus.
La momificación como continuidad de vida, de permanencia, para impedir el temible avance de la putrefacción de los cuerpos, origina la exposición visual dominada por líneas, jeroglíficos y además fortalecen la construcción simbólica del cuadro. Lo narrativo acentúa la imagen. Producción estética milenaria, conceptualización e imagen constituyen un continuo. ¿Pasado o presente? Relaciones epocales reflejan un continuo devenir.
La esperanza acude a la vida. Dice Leonor Calvera: “Existir es competencia, tensión, voluntad. Juegos en la vida; juegos ceremoniales en la muerte: la muerte tiene el rostro vuelto a la vida. Hay que llorar mucho a los muertos porque a pesar de todo, vivir es dulce y vale la pena gozar el aroma de cada día.
Mas parte indisoluble de la vida es la muerte. Si nadie muriese, la proliferación desmesurada de vida rompería la armonía del cosmos – valor supremo para los griegos-. La muerte es necesaria como perfección de la vida.” Estas palabras reflejan el espíritu de las ilustraciones elegidas.
Vayamos a las representaciones del antiguo testamento: Moisés desciende del Sinaí con las Tablas de la Ley, por ejemplo. Secretos que guardan figuras del pasado, rituales que fortifican su existencia, reliquias sagradas constituyen el itinerario visual aquí presentado. Y también una pagina de la Torá, con el dibujo de las letras hebreas.
Las Danzas de la Muerte protagonizan gran parte de la línea discursiva de este corpus, un género característico de fines de la Edad Media en el que el elemento plástico opera muchas veces como plataforma esencial de las producciones literarias a tal punto, que el relato literario está subordinado a la sucesión de imágenes narrativas, las que acentúan su carácter aleccionador.
Cadáveres, tumbas, esqueletos, cuerpos en descomposición son signos que nos conectan con una advertencia: La muerte como presencia constante.
La noche abraza el danzar de los muertos en el cementerio. Su iconografía macabra de origen pagano se representa por medio de instrumentos musicales como el violín, la flauta, el xilofón y otros. Este danzar se despliega en el transcurrir de las páginas de este libro.
El discurso visual y el literario se corresponden permanentemente. La muerte parece dirigir la orquesta. Enfermos en estado ya cadavérico interpelan a los que curan y dominan gran parte del escenario de este corpus.
Esta iconografía no solo ha sido seleccionada por la escritora para el interior del libro, y expuesta como parte del fondo de tapa. Se conecta casi sin solución de continuidad, con la pintura de James Ensor, la que ocupa el plano inferior, pero es primer plano desde el punto de vista plástico. y a ella le dedicaremos un apartado en este escrito.
En la segunda parte del libro, en los capítulos XI (La rueda de muertes y renacimientos), XII (La piedad filial), XIII (La acción del guerrero) y XIV (La liberación de los muertos), las imágenes que devienen de la cultura oriental refieren también a sus creencias y costumbres. Generan un espacio para la meditación, la búsqueda del conocimiento y la reflexión; ésta última es una de las propuestas que nos hace Leonor en el libro.
La figura número 24, Cabeza de Buddha, legitima en su rostro el mundo del saber y la reflexión, en ella se representa la esencia pura del espíritu de esta cultura. El volumen predominantemente lineal, cargado de sensibilidad divina forma parte de la expresión estética de la obra.
En la figura 28 dice, el epígrafe: “El círculo representa la totalidad del universo y, a la vez, su vacuidad”. La composición lineal linda con el mundo de la abstracción. Mística, alma y aura se unen a través de los siglos.
El mándala no está ausente en esta selección. Su poder de representación y concentración ayuda al espíritu a dar avances en su evolución. Sus formas que oscilan de lo geométrico a lo biológico y de lo concreto a lo espiritual, contribuyen a que la mirada conduzca a la evocación divina. Escenario que la escritora revaloriza permanentemente en su discurso y que Cirlot expresa en su diccionario de Símbolos: Es, pues, la exposición plástica visual, de la lucha suprema entre el orden, aun de lo vario, y el anhelo final de unidad y retorno a la condensación original de lo inespacial e intemporal.
Dos obras del siglo XX son elegidas para este corpus: una litografía de Georg Grosz,” Autorretrato para Charlie Chaplin” y un Dibujo de Yves Trémois”.
Una obra de Grosz que connota el espíritu que primaba en Alemania de las primeras década del siglo XX, la proliferación de cabarets, bares y ámbitos nocturnos aparecen reflejados en la composición grafica que rodea la figura central. El cuerpo, de la mujer como objeto sexual, la mirada gatuna, el alcohol como símbolo de la bohemia genera el ámbito para un trazo lineal, provocativo, característico del expresionismo. El dadaísmo y el futurismo cobran vida en la estructura compositiva en la que dibujos de formas y letras pueblan ésta y otras obras de su autoría. La gestualidad de la imagen central no hace más que corroborar la atmósfera de aquellos años: el creciente individualismo, el derrumbamiento moral, y el otro (el mismo) el de abigarradas ciudades manifiestas en sus edificios, producto de aquella época. Dice Leonor Calvera,” El artista recreaba cada cosa a la medida de su historia, de su anécdota”, y esta obra lo confirma.
El dibujo de Yves Trémois denota la imagen de una mujer sentenciada. Su fuerza está dicha en su composición lineal, caracterizada por un trazo absolutamente sintético. La muerte, envuelta en mandatos y ritos permanece en el mundo actual con la misma vigencia que en siglos anteriores; así lo manifiesta esta y otras ilustraciones elegidas por Leonor.
La relación médico- paciente está presente en todo el libro.
La revalorización iconográfica del pasado aquí seleccionada no hace más que corroborar la realidad del presente. Esta correlación que aparece entre texto e imágenes pone al descubierto la realidad del mundo contemporáneo, evidenciando la dualidad vida – muerte.
De acuerdo con lo que afirma Calvera, la medicina encararía y encarnaría “la fantasía de una postergación indefinida de la muerte “, realidad que la escritora despliega en los últimos capítulos.
Hagamos ahora una mirada retrospectiva por la especial importancia que tiene Durero por el pensamiento plasmado en imágenes que trascienden (ambas) espacio y tiempo.
En el capítulo XXI, la obra de Durero, Melancolía, evidencia características que tienen que ver con la búsqueda del saber por caminos pensantes científicos. En el cuadro de Durero está presente esa búsqueda.
Melancolía, presenta un espacio denso, en el que la imagen protagónica (en sentido espacial) una figura alada meditabunda, podría ser considerada un ángel, el ángel del intelecto, de la sabiduría, en actitud pensante y reflexiva.
Nacimiento y muerte conviven. El primero simbolizado por el niño en el que ya está instalada la muerte: su cabeza inclinada hacia la tierra y sus ojos cerrados muestran esta actitud, además del puño también cerrado, la impotencia frente a lo inexorable. El segundo latente y contradictorio vive en el espíritu de cada objeto.
La corona de laureles, fortalece ese sentimiento melancólico, nostálgico (desde otro punto de vista significaría la muerte glorificada).
La figura central, que anticipa el barroco por su ubicación lateral adquiere toda la fuerza significativa por el especial trazo sinecdótico que es el brazo y especialmente la mano plegada apoyada en el caracol auditivo donde junto con la mirada puesta en quién sabe en qué lugar, invita a quien mira a captar, su melancolía pensante.
Del cinturón cuelgan una serie de llaves. ¿Qué puertas se abrirán con esas llaves?
¿Quién media entre la esfera terrenal y lo celestial?
Otro símbolo de la melancolía aparece en el plano inferior del grabado: un perro de aspecto hambriento, alude a ese sentimiento.
Un suelo casi cubierto de elementos de carpintería reafirma el barroquismo compositivo.
Elementos relacionados con la matemática (geometría, aritmética y la medida del tiempo), conforman este escenario, el de la sabiduría( una esfera aparentemente de madera, un poliedro truncado formado por figuras geométricas, una regla, un reloj de arena, una balanza y un cuadro mágico en el que están inscriptos símbolos numéricos, a su vez en cuadrados, confirman el universo de esta ciencia.
Una campana, una escalera incompleta confirman esta visión del mundo.
Al centrar nuestra mirada en la tapa vemos dos imágenes que ilustran la portada del libro, las que conforman una misma temática: La Danza de la Muerte, género clave en la Edad Media y La Muerte y las Máscaras de James Ensor, un artista belga que supo captar en sus telas la mediocridad de una población atrapada por la apariencia y por los vicios de las grandes ciudades, manifiesta también, la repulsión y el rechazo -que él sentía- por los veraneantes, ejemplificados en los multitudinarios festejos del carnaval de Ostende y que eran parte de una burguesía que se derrumbaba en relación con el advenimiento de la primera guerra mundial.
Son varios los factores que pueden intervenir en la lectura de una imagen. En este caso su historia familiar, su entorno y su ciudad natal, son los componentes fundamentales en toda su obra.
La madre de Ensor era dueña en Ostende de una tienda de regalos en la que la diversidad de objetos (máscaras, curiosidades chinas, accesorios de todo tipo para el festejo del carnaval) constituyó un terreno fértil para su imaginación.
La Muerte y las Máscaras, obra elegida para la portada de este libro, rodea la tapa con una atmosfera de misterio, la que parece ocultarse detrás de cada uno de estos seres. Como dice Cirlot: “La ocultación tiende a la transfiguración, a facilitar el traspaso de lo que se es a lo que se quiere ser”. ¿Qué se esconde detrás de cada una de ellos? ¿Qué esperan? ¿Por qué no se miran?
Extrañas vestimentas cubren a estos personajes, algunos de ellos resguardan sus ojos con extraños antifaces. Cuerpos y rostro - máscaras y algunos enmascarados rodean al personaje central: una calavera con ropaje corpóreo. ¡Una calavera! Una calavera que reafirma el escenario repulsivo, sarcástico, y espeluznante que quiere trasmitir el artista. Colores fuertes, pincelados violentos y bruscos fortalecen su aspecto agresivo. ¿Quiénes son y de dónde vienen? ¿Son hijos del recuerdo? ¿Cuál? El recuerdo del antiguo bazar de su madre. ¿Podemos decir que sin lugar a dudas fue su motor?
Lo grotesco y lo ridículo, se potencian. El temor a la vida y a la muerte engendró sus obras más célebres.
La obra de Ensor, ensamblada con La Danza de la Muerte -¿Acaso cómotrasfondo?- hoy configuran un discurso integrado en este corpus literario, y construyen y aseveran el contenido del enunciado título: El Paso de la Muerte.
Este “paso “está signado por un gozne: esa sinécdoque guadaña en manos de… y deslizándose.
Un gozne articula el manifiesto de dos discursos visuales separados por el tiempo. Discursos que ponen de relevancia a la máscara, una de las imágenes más enigmáticas y develadoras de todas las culturas, aún la del mundo contemporáneo. Mundo que la escritora aborda en la última parte y que a mi criterio, protagoniza quizá, el relato conceptual más crudo de este libro.
ADRIANA GASPAR

Este libro, nos propone en palabras e imágenes una travesía singular y única, lo que es habitual en esta excelente autora Leonor Calvera quien supo construir una preciada autonomía para emprender en esta oportunidad un vuelo metafísico histórico con originalidad y con una calidad de excelencia en su factura editorial, que nos conducirá a través del profundo interrogante de la muerte en la eternidad de su diálogo infinito con la vida.
La construcción de este texto no padece de una erudición ostentosa pero si, exhibe una solidez teórica que se encuentra sutilmente institucionalizada en el tratamiento de los ejes temáticos, capítulos y subcapítulos, logrando en sus titulaciones síntesis expresivas.
Lo que si podemos afirmar con contundencia sobre este libro y su contenido es que en esta oportunidad nos encontramos ante un valioso aporte a la historia cultural universal que aborda a un concepto polisemico y dinámico: el de la muerte.
Concepto que se despliega imbricado en la trama de las aspiraciones, miedos, fantasmas y en las representaciones en todos los lenguajes que las sociedades supimos conseguir.
Paso a paso se hilvanan las eras desde la noche de los tiempos hasta nuestros tiempos, y los análisis y las descripciones densas en el sentido antropológico de los dilemas que acecharon a las conciencias, que nos ilustran sobre los modos en que estas cuestiones existenciales permearon a las estructuras de las sensibilidades., encontrando resignificaciones en diversos actores sociales
Los abordajes a las trasformaciones de las más variadas prácticas vinculadas a los ritos, los duelos, y a las artes de la funebria, nos reencontraron con envejecidos saberes sepultados por el paso de los tiempos y elecciones, que nos habilitan habilitar a nuevas lecturas a fuentes, a literaturas y a nuevas miradas de los patrimonios que sustentan las hipótesis y sus reflexiones inteligentes.
Las narrativas integradoras de la complejidad de la muerte nos permitirán deconstruir a los conceptos generalizadores y a los estereotipos culturales, irrespetuosos para con especificidades de las creencias, por fuera de las dicotomías de oriente y occidente y nos coloca en los interrogantes contemporáneos de nuestra subjetividad y finitud, que siempre nos conmueve e inquieta
La profundidad y refinamiento de los conocimientos de nuestra autora nos interna por las formas de la vida de las culturas de las cuales emergen con exuberancia las formas del morir, múltiples y diferenciadas.
“Ficciones” de cuasi factura cinematográfica por su lograda visualidad, en un dialogo fecundo de imágenes visuales o literarias y texto de tono académico, que reflejan a miradas ajenas sobre la vida y la muerte, historias que nos remiten a los modos de búsqueda de la trascendencia individual y colectiva de las diversas sociedades en su evolución. , con tonos y lenguajes que tornan a estas experiencias aprehensibles y cercanas.
Las dimensiones seleccionadas para abordar a este espacio de investigación donde confluyen sistemas de creencias, sociales y procesos económicos los que son culturalmente construidos y dinámicos, donde analizar y contextualizar las prácticas que devienen de pensar, actuar y trascender a la muerte para encontrar las claves de las supervivencias o modificaciones de las mismas.
Dioses, deidades, y sistemas religiosos entroncados sistemas económicos y militares se entrelazan en las tramas de la política que se dirimen en violencias y muerte, consagradas en textos clásicos literarios y leídas nuevas significaciones.
El amor y la muerte, eros y tánatos anudan a los seres de las bellas y trágicas situaciones transmitidas en dramas o códigos estéticos pero también conmueve e impregnan de esperanzas, pese a los escepticismos de la posmodernidad
Desesperanzas y utopías cercan a la finitud de la existencia en paraísos e infiernos que se transmutan en la multiplicidad de culturas circulando en los imaginarios que se despliegan en las páginas de este texto, que conmueve y seduce
Páginas que nos transmiten los sentidos de los procesos de hibridación que afectan a los imaginarios y creencias sistematizadas o populares que desde sus genealogías se modifican y permiten su inserción en otras tramas.
El inteligente diseño de los capítulos nos habilita a internarnos en la etapa que nos interesa porque introduce a un texto orientador de nuestros interrogantes y pesquisas, el cual nos enriquece con un despliegue sintético de los refinamientos conceptuales a los que apela la construcción del texto, los que brindan placer y aplacan curiosidades.
Se convertirá en un libro de esos que tenemos a la mano en nuestra biblioteca para consulta o solaz, será un buen amigo que nos ayudará a encontrarnos, sin demasiados temores con esa vieja dama, de muchos rostros y ropajes, a la conoceremos algo luego de la lectura de este bello libro.
MARÍA INÉS RODRÍGUEZ AGUILAR

Entre las palabras y el silencio

Leviatán, 2009
|
Entre las palabras y el silencio recorre las múltiples maneras en que el ser se expresa, mediante la palabra, su necesidad y su capacidad de dar y recibir.
El lenguaje conserva todo su misterio, su virtud creadora. Este texto se transforma en guía y fuente de cautivante lectura.
|
COMENTARIOS
Leonor Calvera es una incitadora literaria. Cuando terminamos de leer uno de sus libros, y en este caso el que se presenta hoy “Entre las palabras y el silencio” nos queda un sedimento, una ráfaga, el impulso de seguir reflexionando, ahondando en los temas que ella siempre aborda con pericia y rigor.
El silencio está poblado de palabras, el inconsciente en es un reservorio de palabras. La vida es un texto ha ser leído y Leonor tiene el don de la palabra escrita.
Ella afirma “la escritura es la forma silenciosa de la palabra hablada”; entonces va tejiendo un tapiz circular de palabras y al terminar se adentra en el silencio. Hace una danza de derviches en el éxtasis de la palabra y salta al vacío para penetrar los goces del silencio donde habita la plegaria, el rezo, el encuentro con el ser interior e indaga. Es allí donde se diluyen los opuestos y la palabra es silencio y el silencio palabra. Escribe “Ha sido tarea del poeta componer el silencio desde las palabras, introducirles aquello de lo que originalmente parten”.
Leonor ha activado mecanismos, rituales, mantras y oraciones en su silencio profundo. Ha reverenciado el lenguaje, las sílabas, la palabra todavía no dicha. Y hay que viajar por hondonadas para arribar a una costa donde el mensaje puede estar escrito en la arena, en un cuerpo, en la sutil ala de una mariposa.
Lo que decimos es lo que somos, cada palabra emitida es un sonido que viaja por el universo; Leonor lo sabe, conoce acerca de la palabra de poder, de los mecanismos de dominación a través de un discurso, de la réplica , de un mensaje. Aborda la palabra desde todos los ángulos posibles y despliega su conocimiento, su vocación de tejedora silenciosa que siempre nos ofrece su visión del mundo.
Es mujer y exploradora, buceadora de su tiempo y de su entorno, nos advierte acerca de la dicha y el miedo y escribe “el aliento se hace palabra y la palabra se hace canto. El canto es el símbolo que religa, reúne a la criatura con la potencia creadora, es la alegría humana frente a la creación a la que adora y teme, es la tristeza de su soledad ontológica”. Y ese temor es la ausencia que también recorre el libro y que aflora en el capítulo Los grandes silencios. En el duelo exclama “ dolor en el corazón, dolor en la vida por quien ha partido. Su ausencia nos deja a solas con nosotros mismos, sin su amor , sin su consejo, sin su voz. Desconsuelo y llanto, pena y angustia son nuestro pan cotidiano. Nos embriagamos con las notas más tristes. A veces la palabra se hace canto.”
Es muy interesante recordar a Wittgenstein cuando sostiene “ de lo que no se puede hablar es mejor callarse” o “los límites de mi lenguaje significan los límites de mundo”. El apela a la práctica zen y según ésta es posible recuperar el estado de no lenguaje mediante el ejercicio del silencio.
Quizás cuando el verbo no existía el ser vivía recibiendo en silencio los poderes de la madre naturaleza. Era un silencio apacible y los humanos se hacían uno con el universo.
Advino la palabra y el ser se agitó. Tuvo que convivir con la palabra y el silencio, el abismo entre estas dos sensaciones fue una lucha permanente, un combate secreto, ya no podía vivir sin la naturaleza sin doblegarla, sin servirse de ella.
Leonor se sumerge en estos temas buscando el sentido.
Navega en la violencia de la prosa, en el círculo de la poesía, en la palabra y la oración, en las palabras de poder, los grandes silencios y los lenguajes del amor.
Palabra de honor, dar la palabra, la última palabra, palabra santa, don de lenguas, profetizar. Transitamos la ética, la profecía, la oración, la negación a través de la palabra.
Leonor nos recuerda a Ortega y Gasset cuando exclamó “la lengua es el hecho en que más clara y puramente se dan los caracteres de la realidad social y, por eso, en él se manifiesta con incalculable precisión el ser de una sociedad”.
Y aparece la poesía, la visión de Leonor acerca de ésta, de su representación en la sociedad. La palabra en el poema que también nace del silencio. En ese reino todo sucede. Es un código de entendimiento, un vaso comunicante, una irradiación para conectarse con los otros más allá de los límites de lo tangible. Es conjuro, plegaria, alabanza y pasión. Las palabras como centellas que surgen de corredores internos, de parajes abandonados, de esperanza y fulgor, de cánticos antiguos.
Ella dice: “la verdadera poesía legitima el papel del creador en la sociedad cuando éste da vida a lo que callan el hombre y las cosas y se adentra sin miedo y sin dobleces en el corazón de la palabra”.
“Escribir es el modo de quien tiene la palabra como anzuelo: la palabra pescando lo que no es la palabra. Cuando esa no palabra – la entrelínea- muerde el anzuelo algo se escribió exclamó Clarice Lispector.
Leonor escribe: Las palabras pueblan el aire absorbiendo el oxígeno del decir verdadero. En la política, como en los medios, la palabra se ha vuelto tramposa escamoteando realidades y afirmando los que los hechos niegan. Y recuerdo a René Guenon cuando afirmaba acerca del abuso deplorable que frecuentemente se hace de ciertas palabras. Dijo: “No son simples negligencias del lenguaje; son síntomas de la confusión que reina por doquier en el mundo moderno, pues el lenguaje no hace, en suma, sino representar fielmente el estado de las mentes”.
Vuelvo al libro, señala la escritora “Bien sabían los monjes medievales que cuando aumenta la cantidad de seres entregados a ejercicios espirituales, a la práctica de la meditación y la plegaria, se van adelgazando las cadenas más pesadas del mundo que nos toca vivir. Por ello, se preocuparon que hubiera monasterios junto a las ciudades para ser posible que el tono de éstas fuera más elevado, para que no se convirtieran en cloacas de comportamiento sino que fueran el símbolo del triunfo sobre la materia”.
Es evidente que Leonor es conocedora profunda de los milagros de la palabra, de la carga energética que duerme en ellas posibilitando hurgar, desenterrar misterios ocultos, repitiendo plegarias en voz baja para arribar al silencio. Reingresar a las fuentes, a las cosas que designa. Y la palabra viva comienza a fluir en arabescos, en crucigramas, nos arroja hacia un campo misterioso, hacia atrás en el tiempo, allí donde se emitió la primera palabra.
Me gustaría citar al pensador brasileño, José Trigueirinho Netto cuando decía, y resumo al máximo sus apreciaciones acerca de la palabra: “El hombre común se distanció de la esencia que debería animarla. Como consecuencia los idiomas actuales no retratan de manera adecuada las realidades del mundo interior”. Y acerca del silencio escribió: “Cuando se conoce el silencio se conoce el amor. El silencio viene al encuentro del ser cuando éste se vuelca al interior de sí mismo. Fuente de sabiduría, en él están la paz y el poder de la trascendencia”.
Este libro nos tienta, nos aguijonea, nos impulsa a valorar el instrumento, la herramienta que manejamos los que escribimos. Salimos del libro por un corredor luminoso hacia la tensión del mundo exterior pero con la certeza de la belleza reencontrada; cada página origina el deseo de reposar en el silencio de la palabra no dicha todavía, ésa que duerme en el corazón de los que se aman y en el ser que partió y ya no escucharemos. Nadie permanecerá indiferente ante este texto revelador.
María del Carmen Suárez

PALABRAS Y SILENCIOS
Duro es el mandato de la poeta:
nunca deberá confiar en el reposo que le brinda el alimento ajeno,
sino que, venciendo el miedo que la ata al juicio de las gentes,
ha de penetrar en su templo interior
y ser la palabra mágica, la pregunta eterna, la respuesta nunca dicha.
Leonor Calvera, Poemas y canciones a la madre
Todo libro de Leonor Calvera es, cuanto menos, inquietante.- “Entre las palabras y el silencio” , con un título sugestivo y sugerente , lo es en grado superlativo.- Corto y elocuente, nos ofrece desde su pasión por la búsqueda una magnífica creación literaria, elaborada a la vez como comunicación conceptual y estética en el marco de una travesía hacia un producto inmaculado.-
Leonor se introduce en el fascinante territorio de los eternos enigmas que siempre preocuparon – y preocuparán – a todos los seres humanos.-
Lo hace desde una óptica peculiarísima, original, con una mirada que impacta hasta los tuétanos y conmueve hasta las entrañas.-
Va recorriendo las múltiples dimensiones de las manifestaciones escritas y las voces verbales con las que varones y mujeres se han ido expresando en los más amplios de los sentidos.- Con “palabras recortadas contra el silencio, henchidas de silencio” , señala.- En esa expresión escrita que “es la forma silenciosa de la palabra hablada”.-
Desde el sonido del discurso donde se esconde esa presencia muda que todo lo envuelve.- ¡ Palabras que narran !.. ¡ Palabras que omiten!.. ¡ Silencios que cuentan!...
Ese sonido hecho palabra, esa palabra que es creación, esa creación que vela el silencio!...
Esa muralla de silencio que quizás pueda franquearse con la voz de la palabra!...
Simultáneamente , con el rigor de una estudiosa y la sensibilidad de una poeta , siempre tiene presente la sociedad real.- En su decir , no sólo describe: crea y produce.- Y ese valor performativo, constitutivo, lo convierte en determinante.- BIENVENIDO!!!.
Nos atrevemos a sostener que es una obra abierta, en el sentido antiaristotélico planteado por Brecht.- Y es también una obra de avanzada, en tanto pone en tela de juicio todo tipo de valores estereotipados , naturalizados , esclerosados y esclerosantes.- Con un movimiento sorprendente y audaz va atravesando y descorriendo los sutiles pero profundos hilos que forman la trama del orden establecido.-
Adscribiendo, compartiendo, o aún hasta eventualmente disintiendo con algunos aspectos en particular, queda clarísimo su desafiante esfuerzo hacia una CAPTACION TOTAL del universo sensible, inmensamente abarcativo en sus características relacionales y dinámicas, que se interna en los vericuetos de las fibras más profundas de la existencia misma.-
Así , va dibujando el tiempo y la palabra creadora , la imaginación y la CREACION EN TODOS LOS PLANOS, como única respuesta eficaz a la degradación de sistemas y sociedades.
Se identifica con la causación circular acumulativa , la estructuración y reestructuración de la naturaleza y la sociedad, la oposición a la muerte.-
Tiempo y palabras que son restituídos a la vida, que están siempre presentes, que se inscriben en el devenir bajo la impronta de la historicidad.-
Los comportamientos humanos son o tienden a ser significativos.- Recordando la feliz expresión de Lucien Goldmann podemos afirmar que los seres humanos propenden a hacer de su pensamiento , su afectividad y su comportamiento una estructura significativa y coherente.-
Es precisamente en esa perspectiva, en ese plano vital , donde se inserta la creatividad de Leonor.- Su refinada percepción y su enorme vuelo poético le permiten llevar hasta sus últimos límites ese proceso de estructuración y superar dinámicamente el antiquísimo conflicto entre las estructuras existentes y los factores de desestructuración.-
Expresado con deliciosa fluidez y una emotividad exquisita realiza un trabajo formidable para llegar a ese equilibrio óptimo entre una nueva racionalidad y el nivel de lo imaginario.-
Y es justamente en la medida en que una obra consigue concretar esa coherencia privilegiada , esa unidad interna sin fisuras , cuando se convierte en una creación literaria mayor.-
Leonor lo logra.-
En su enfoque modélico de la vía de análisis elegida elude con certeza el “factum brutum” al que se refería Lucáks , procediendo a una cuidadosa construcción que le permite la conexión vital para acercarse a las abstracciones más generales .-
Y es así, en ese despliegue concreto como va elaborando su pensamiento crítico hacia una totalidad de múltiples determinaciones.-
Quizás sea también un personalísimo aporte para tratar de superar la ancestral antinomia entre orden y caos.- Su orden sería el rechazo de un orden singular por una pluralidad de órdenes interrelacionados en una unidad esencial.- Por ello la obra es simbólica, ya que ese orden simbólico encierra una pluralidad de sentidos: … ¡ hasta el silencio de las palabras que no fueron comprendidas!...
Con una escritura sin conformismos ni hipocresías, sin ninguna concesión al supuesto “saber” hegemónico, va marcando el punto de partida de la intuición y de la representación , desgranando el origen de la cognoscibilidad desde su función en un conjunto articulado.-
Va perfilando entonces una apertura hacia lo posible proporcionando CREDIBILIDAD a esa posibilidad de cambio.- Ofrece esperanzas a la libertad y a la creatividad, valor y energía para buscar lo inesperado, liberando elementos disponibles para nuevas estructuraciones inéditas.-
“Entre las palabras y el silencio” admite diversas lecturas desde miradas diferentes y distintas perspectivas sin traicionar la obra.-
El libro está ordenado en seis capítulos armoniosamente sistematizados, en los que va exponiendo conceptos sólidos recostados en una información precisa y documentada. - Con pulido vocabulario e impecable sintaxis nada se presenta pasteurizado ni aséptico.- Transmite un mensaje vigoroso , vibrante , fuerte y cálido al mismo tiempo, sin fracturas ni renunciamientos.- Por sus estupendas cualidades y excelentes atributos, cada uno de los capítulos podrían y pueden leerse independientemente: tal la potencia y el peso propio de su contenido.-
Para finalizar , nos parece suficientemente elocuente el último párrafo de esta valiosísima obra: “ NO ES IMPENSABLE QUE NUEVAS CONDICIONES DE VIDA, NUEVOS ENFOQUES EN LAS RELACIONES CREEN UNA RUPTURA ENTRE SIGNIFICANTES Y SIGNIFICADOS OBSOLETOS PARA PERMITIR LA APERTURA HACIA MUNDOS MÁS VASTOS, RICOS E IMAGINATIVOS”.-
Muchas gracias por tu libro, Leonor Calvera.-
BEATRIZ BROIDE -
Mayo 2009


Acabo de cerrar el libro “Entre las palabras y el silencio”, de Leonor Calvera y me pregunto: ¿Es el silencio el que ahora me habita o es esa palabra que se esconde, muda, detrás de su capacidad de expresión para irrumpir después, en el momento propicio, con toda la fuerza del grito contenido? Después de leer esta obra siento algo así como el estar suspendida en la instancia entre el no decir y el no escuchar: ese piélago invisible que es el silencio absoluto pero que se diferencia de la muerte porque de todas maneras se siente, desde él, la propia perduración.
Esta lectura me ha dejado la necesidad de hurgar hacia adentro, hacia lo más profundo y doloroso, pero también lo más enriquecedor para quienes pretendemos “mostrarnos” desde la palabra reveladora, desde ese yo verdadero y oculto detrás de las sucesivas máscaras carnales. La obra de Leonor Calvera se abre a infinitos cauces, muchos más, seguramente, de los que la autora se propuso indagar desde sus reflexiones.
Quizá, también su escritura fue posible porque la criatura a quien le fue destinada la dedicatoria, habitante ahora del territorio del silencio, tal vez haya expandido ese espacio necesario entre la palabra expuesta y la otra, la que nunca puede ser pronunciada, toda vez que el instante del acontecer es siempre mucho más veloz que su enunciado.
Yo celebro este libro, no solamente por lo que movilizó en mi ánimo, sino también por el valioso aporte que representa a nuestra literatura. Gracias Leonor.
BEATRIZ SCHAEFER PEÑA -
Julio 2009


Historia de la Gran Serpiente

Editorial Vinciguerra. 2000
|
¿Quién o qué es la Gran Serpiente? ¿Es un personaje de existencia real o sólo producto de la fantasía del hombre, de sus miedos y necesidades? ¿Cómo se manifestó la Gran Serpiente a lo largo de lostiempos?
Leonor Calvera rastrea las respuestas a estos y otros muchos interrogantes a lo largo de los mitos, la historia, el folclore. El resultado es un libro son paralelo en torno a un misterio que arranca de épocas remotas y se sostiene hasta nuestros días.
Diosa, Satán, Lilith, Kundalini, Vampiro: he aquí algunos de los múltiples nombres que ha recibido la fabulosa Serpiente que se asoma en los albores de la civilización y nos espera en su final apocalíptico.
Obra única en su originalidad, esta Historia de la Gran Serpiente se lee como una novela e inquieta como una amenaza. |
COMENTARIOS
EN TIEMPOS DE KALI YUGA
LA SOMBRA FEMENINA DEL CAOS EN
HISTORIA DE LA GRAN SERPIENTE, DE LEONOR CALVERA
por: Gustavo Aritto
“Hay un viejo cuento sobre un astronauta que viajó al espacio y, a su regreso, le preguntaron si había estado en el cielo y había visto a Dios.
--Sí –respondió.
--¿Y cómo es Dios?
--Es negra.”
Allan Watts, Om: La sílaba sagrada
“Detrás de toda creencia hay un deseo, que es quien (sic) le da su intensidad, su persistencia, su razón de ser.”
Pablo Cazau, “La teoría del caos”
El sexto poema del Tao Te King resuena como un cuenco revelador:
“El Espíritu del Valle no muere.
Se llama lo Femenino Misterioso.
La Puerta de lo Femenino Misterioso
es llamada Raíz de Cielo-y-Tierra…”
En estos versos de Lao Tse, el dinámico mosaico de las imágenes “Valle”, “Puerta” y “Raíz” cubre, presumo, con su sugestión simbólica el territorio todo de este comentario a un libro de Leonor Calvera que, fiel a sus propios códigos hermenéuticos, salió a la luz en 2000, año cargado de turbulentas ansiedades “milenaristas”. Articulando ese cosmos tan austeramente configurado por el genio taoísta (del que la autora sin duda está imbuida), nos acecha un Misterio inefable y eterno: lo que nos resignamos a aludir como “lo Femenino”. La primera línea de las “Palabras iniciales” que introducen Historia de la Gran Serpiente dice, “En mi infancia, un sueño recurrente solía atormentar mis noches”. No por azar, la línea que cierra la última página del volumen es “La Gran Serpiente de todos los tiempos, que anula la historia”. Bastaría enfrentarlas en la parataxis de los dos puntos (:) para advertir el comienzo y el final añorándose mutuamente en la oscuridad donde las propias raíces se sienten impulsadas a explorar el propio abismo jugando a buscar la propia puerta. Se trata del cóncavo eco de ese arcano infinitamente circular celebrado por Lao Tse, el bucle elusivo de lo femenino que se resiste a clausurar su forma, celoso de su misterio, que es sólo suyo. El sueño, la noche y la historia son, en cambio, como el deseo y el miedo, gracias a la mediación redentora de los arquetipos, patrimonio de todos nosotros. Entonces, el texto no es un mero catálogo enciclopédico de intrincadas hierofanías. Se trata, más bien, entiendo, de una cauta y minuciosa exploración de la verdad que guarda el “velo sagrado”, de las formas inmutables y los símbolos numínicos que existen detrás de las figuras que hacen visible su entidad psicológica, su idea, pero también los instintos y las emociones apresados por el cerrojo del inconsciente. Según comenté antes, sus páginas toman impulso en el umbral del sueño. El individuo y sus proyecciones, así como las de la sociedad, son el territorio psíquico de tendencias en disputa, no de tipos o rasgos estables. Dos aspectos del polimorfismo mítico de la imagen arquetípica SERPIENTE cautivan mi atención: i) su afinidad con cierta concepción del tiempo y la estructura del universo; y ii) su capacidad para alojar en su seno, como identidades alternativas o coexistentes, lo femenino y lo masculino.
He encuadro este comentario en el contexto mítico de “los tiempos de kali yuga”. Según el Mahabharata (o Gran Bharata) hindú, poema épico cuya redacción se habría acometido unos trescientos años a. de C., “cuatro son las eras que reconoce la tradición hinduista: krita, treta, dwapara y kali yuga… […] en la krita yuga, sólo existían los brahamanes y que los ksatriyas o guerreros comenzaron a aparecer recién en la treta yuga. Actualmente, estamos transitando el kali yuga, el último de un ciclo de cuatro yuga omahayuga. Dos mil de estos mahayuga forman un kalpa, esto es, un día y una noche de Brahma.”. En patética coincidencia con otras escatologías como la bíblica o las hoy muy divulgadas profecías mayas que pueblan el texto del Chilam Balam y las inscripciones en la pirámide mortuoria del líder dinástico Pacal Votán, los días postreros del cíclico kali yuga, los actuales, aparecen descriptos como una época de incontrolable caos y de inexorable tribulación. El texto hindú prevé una humanidad sometida al imperio del instinto y el ego materialista, voraz y dominador. Se presagian hambrunas, fraudes, negociados, junto con la consagración de sujetos venales y ruines, capaces de vender a un Brahman por un marisco, de adulterar las relaciones sexuales y de usurpar lo ajeno. Curiosamente, la mujer no lleva, moralmente considerada, la mejor parte. Se la representa despojada de instintos valorados positivamente, asociándosela a la lujuria desenfrenada, el desprecio por el varón, a quien humilla y eclipsa (es recurrente la imagen del Sol siendo cercado y envuelto), el despilfarro y el desarreglo físico. Gobernantes y ministros de Dios corrompidos e indolentes, así como pueblos que se volverían multitudes ingobernables y faltas de toda piedad. Finalmente, la tristeza, la falta de rumbo y la acidia habrían se sellar los últimos tiempos. Pero es inherente a los sistemas inestables (sean éstos físicos, geométrico-algebraicos, psíquicos, sociales o lingüísticos) la propensión natural a desencadenar procesos de evolución aparentemente anárquicos, incontrolables e imprevisibles. Las modernas (y posmodernas) Teorías del caos nacieron de la perplejidad especulativa suscitada por fenómenos tales y de su confirmación empírica. En el comienzo de su libro Diosas, brujas y damas de la noche, de publicación más reciente, Calvera caracteriza, entre “las grandes diosas”, a Kali, deidad que encierra arquetipos de una ardua dualidad y cuyo nombre es la forma femenina de kala, “tiempo”, asociado éste a la oscuridad. Si uno de sus rostros es el de la “negra”, la “grande”, la magnánima “Madre del Mundo”, el otro nos desafía con atributos abominables: “Kali – señala Calvera citando el Mahanirvana Tantra - ‘devora toda la existencia… mastica todas las cosas existentes con sus dientes crueles’…’así como todos los colores desaparecen en el negro, así todos los nombres y formas desaparecen en ella’.” Y agrega, “Kali es el vacío, la terrible destructora que devora incluso las entrañas de Shiva… (…) La Dama de la Muerte es tan definitiva como el tiempo al que le da nombre, cuya rueda gobierna, cuya trascendencia posee”. (pág. 21) Nada yace extramuros del alma; debemos aceptar, como individuos y como sociedad, esa parte impugnada por indeseable (o acaso por demasiado deseada) de nuestra “sombra”, y el posesivo “nuestra” no es inocente: lo femenino no es una exclusividad de la mujer sino de la psiquis humana en general, y configurador del macrocosmos del que somos una sufriente síntesis. Ángela Gilardi, en un artículo titulado “El nuevo paradigma de lo femenino”, puntualiza así la cuestión de la “pérdida de lo femenino” y la necesidad de recobrarlo:
“La transición de la conciencia de lo femenino sagrado hacia una visión patriarcal y masculina de lo sagrado sacrifica y abandona lo femenino. Tanto en los hombres como en las mujeres, lo femenino se sumerge para pasar al mundo de la sombra, y desde el inconsciente emerge a través del instinto y la sensualidad, poniéndose al servicio del ego animal e identificándose exclusivamente con el cuerpo de la mujer.”
Lo cierto es que, acaso como expresión del incipiente “espíritu acuariano” de nuestros días, las civilizaciones actuales en caos se han permitido una expansión de conciencia sin precedentes registrados. Porque nuestra horripilante experiencia del kali yuga es también una instancia histórica que añora la participación holística de todos los seres y la armonización natural de todos los opuestos. Frente a posturas filosóficas harto influidas por el pesimismo nihilista y la angustia existencialista, o voces que anuncian la catástrofe de la tragedia moderna y de su “sujeto”, sus valores y sus paradigmas, otras búsquedas, enraizadas en la sabiduría ancestral y la mística no confesional, vuelven a plantear el problema del origen y el sentido, pero apelando al reconocimiento –condición sine qua non- de la naturaleza cósmica, libre y creativa del ser humano, despojado de la red de redes discursivas que, a través de sus grandes “narrativas”, lo controla hoy igual que un producto prediseñado. Entre estas últimas actitudes, José Argüelles, por caso, conocedor (y propagador) de los más altos misterios del pueblo maya, asegura que detrás los acontecimientos que nos llenan de pavor y de abrumada incertidumbre, un orden que desconocemos ha comenzado a instaurarse. Según su versión del complejísimo mensaje, la raíz del “engaño” universal que ha llevado a la humanidad a la desdicha y la ruina moral y material que actualmente padece es la tergiversación, la depravación deliberada que se ha ejercido sobre el tiempo y la medición del mismo. Sin avanzar en esa problemática, que excede definitivamente este comentario, sí puede, quizás, esbozarse algunos elementos en relación causal. Así, en razón de haber aceptado una caprichosa división división pseudo astronómica del tiempo (la juliano-gregoriana, para Occidente), heliocéntrica y obediente a todo un sistema políco-religioso que benefició formas y praxis patriarcales dominantes, el género humano ha perdido su libertad creativa originaria (el tiempo maya es esencialmente creatividad), sometiéndose a falsos discursos que sacralizaron las ideas tramposas del sacrificio, el trabajo, la sujeción al dinero, la competencia por encima de la cooperación, la necesidad de mediación sacerdotal, el supuesto control de los medios naturales y su aniquilación redituable, la enfermedad y el envejecimiento inducidos, etc. Lo que me interesa rescatar de este extraordinario proyecto de reprogramación mental y física, es el lugar que concede a lo femenino. No se trata de su estatuto social o su reexamen antropológico de la noción de género. Es la apología de su presencia a priori en el mundo natural y cultural (aun cuando esta última diferenciación no es del todo afín a este modelo mental). El Tzolkin, uno de los tres calendarios del pueblo maya que Argüelles contribuyó a descifrar, restablecería el orden galáctico fundando su medición del tiempo planetario en una sistematización lunar del mismo, en conjunción con el sol y el planeta Venus. El orden resultante (conocido como de “las trece lunas”) reubica las energías femeninas en tanto generadoras y reguladoras de todos los procesos físicos y psíquicos hasta ahora confinados en el exclusivo dominio solar. Esta versión contestataria tiene, curiosamente, un antecedente homólogo en la civilización europea de los siglos XII y XIII, cuando corrientes de pensamiento y de sensibilidad no “ortodoxas” irrigaron el cosmos masculinizado y estático de la alta Edad Media. Fue en el contexto de las Cruzadas a Oriente, la eclosión de la fe y las prácticas de comunidades como las de los cátaros y los albigenses en Occitania, y la ya incontenible influencia musulmana, que resurgió paulatinamente el antiguo “culto a la Diosa”, bifurcado en el ámbito del cristianismo en la exaltación oficial de la Virgen María y la veneración clandestina de Magdalena, la Hagia Sophia de los gnósticos.
Volviendo a Kali y la Gran Serpiente, cabe preguntarse entonces cómo conciliar semejante declaración de principios en el mundo actual con la desquiciante sombra femenina que parece proyectar el caos, entendido en general. A diferencia de lo que ocurre con el mito de matriz grecolatina, reluctante al inconcebible vacío y la discontinuidad, Kali, patrona de la mecánica cuántica, no sufre de vértigo, y, según lo apunta Calvera, “es el vacío”. En su libro Jung y el tarot. Un viaje arquetípico, Sallie Nichols examina detenidamente los pormenores mítico-religiosos, sociales, políticos y, sobre todo, psicológicos, de los veintidós arcanos mayores. Entre las figuras arquetipiales que podrían iluminar estas disquisiciones, hallo especialmente ricas las de la Papisa (Arcano II), la Emperatriz (Arcano III), la Rueda de la Fortuna (Arcano X), el Diablo (Arcano XV), y el Mundo (Arcano XXI). Cada uno podría ayudarnos a volver más inteligible la red de energías simbólicas que teje nuestro kali yuga del acuariano siglo XXI. Sin embargo, destacaré sólo el de la Emperatriz, la Isis-sin-velo en el mazo egipcio original. Ella es la Gran Madre nutriente universal (en contraste con la Papisa o Isis-con-velo, en la que mora la Virgen y el misterio no revelado), Madre Tierra, Madre Naturaleza, impulsora de la creación. Escribe Nichols:
“… Todos conocemos los períodos oscuros de amplia gestación que siguen a ello cuando nos encontramos sumergidos en el mundo lunar y acuático de la Papisa. Después, con suerte, amanece un día nuevo, un momento dorado en el que estas ideas que hemos tenido en la oscuridad empiezan a tomar cuerpo en la realidad… Una de las funciones principales de la Emperatriz es conectar las energías primarias del yin y el yang y darles cuerpo en el mundo de la experiencia de los sentidos.” (págs. 134-135)
Pero como de algún modo ya fue sugerido, los arquetipos reaccionan en términos mentales como “tendencias-hacia”, y viven según el principio de enantiodromía, es decir, la inclinación a transformarse en su contrario. De ahí que, al encarar la “sombra” junguiana de este arcano, Nichols descubra un subsuelo instintual recesivo donde están en vigilia la Madre Devoradora (de su varón, de sus hijos), la dominación egocéntrica, la lascivia, el estancamiento. Su tendencia básica es recobrar la posesión de la vida natural y la civilización: nada menos que todo. Así, uno de los tipos numínicos que la autora le asocia es justamente Kali, que encarna en sí el “agujero negro” nombrado en griego con el término kháos. En correspondencia con este útil retrato, Calvera afirma que “… la Gran Madre, señora de las aguas y el aire, la deidad de la tierra y la luna, baja al inframundo. El aspecto paradigmático de esta etapa lo configura la Kali hindú…”, merced a quien “la Serpiente quedó unida a lo negativo, la muerte, el lado oscuro” (pág. 60). En busca de “la unicidad serpentina”, rectora de todo su libro, la ensayista apela, igual que Dante, al Conocimiento de los gnósticos para aventurarse en “el descenso al inframundo”, como subtitula esa sección del capítulo “Regeneración y vía iniciática” (págs. 55 a 67). Obviamente, “inframundo” no es, en un registro psicológico, sino una metáfora ancestral del inconsciente colectivo. Todos (Cada Uno) somos también Kali, porque somos un anillo digno de la Serpiente: “Aquí y ahora – enfatiza Leonor Calvera en un momento de inspirada belleza-, el hombre en el universo se encuentra en un equilibrio precario que, a cada instante, transforma en orden/información. Sin embargo, por detrás se sigue escuchando el silbido de la Madre-Sierpe, el llamado de la energía primordial indiferenciada de la que estamos hechos: viento en el viento que gira, agua que forma remolino. Cuerpo eterno de la Serpiente cuyas manifestaciones finitas el hombre no ha terminado de escrutar” (pág. 32). A lo humano está deparado el caos tortuoso y dolorido donde la naturaleza concilia sus polaridades, en un bucle que no se permite repetirse jamás. Epifanía de la espiral que la simbólica geométrica atribuye a la expansión ascendente conjunta del principio masculino (el vectorial rectilíneo) y el femenino (la curva trazada por aquél). De nuevo, Jung, como la autora, nos alienta a creer en ése, nuestro propio caos, que es también el otro:
“El camino que conduce a la meta – sostiene- es al principio caótico e infinito, y sólo de una forma muy gradual se van acrecentando las señales de dirección hacia una meta. El camino no es recto, sino, en apariencia, cíclico. Un conocimiento más exacto de él nos lo ha mostrado en forma de espiral: después de ciertos intervalos, los motivos oníricos vuelven una y otra vez a formas determinadas que, según su clase, definen un centro.”
La clave radica, quizás, en no contemplar ese turbulento “agujero negro” como un vórtice al que nos arroja el karma colectivo y personal, el ojo del embudo cósmico donde todo se vuelve irreversible y azaroso, del que no “saldremos” idénticos a quienes éramos porque una parte nuestra se ha disipado desafiando la segunda ley de la termodinámica. Antes, probar el desgarro que nos reunificará, resolviendo, de algún modo misterioso, siempre desconocido, la discordia que aleja los opuestos dáimones de nuestro cielo interior. La misma danza universal que mueve las hélices de nuestro genoma y activa el Kundalini a través de nuestros propios vórtices hasta alcanzar la (femenina) visión interdimensional, es “esa energía, Serpiente primordial, [que] en el hecho mismo de la vida lleva implícito su contrario… es mera potencia que excluye la muerte, aun cuando no es vida propiamente dicha. Mas, en el instante que abandona el estado de manifestación y se torna vida, incluye su propia destrucción, destrucción que le permite seguir siendo -creando- vida” (pág. 154).
El individuo en proceso alquímico de autorrealización, el “sujeto en crisis” del precipicio metafísico posmoderno, constituye, en el fondo, la tierna materia de un ser andrógino, a sus anchas en el seno de la comunidad acuariana. Su dionisíaca imagen liberadora surge en el último arcano del tarot (El Mundo), entregada libremente al ritmo de la Cración adentro del “Huevo cósmico”. Es el “viejo mundo nuevo” al que alude Calvera en el apocalíptico (o sea, optimista y gozoso) capítulo final de su Historia…. En las antípodas del oleaje del tiempo, nuestros hermanos galácticos se hundieron con su Atlántida. El arduo camino iniciático del discípulo ha sido recorrido. La reconciliación con su oscuro enemigo interno lo ha devuelto a “casa”, al Dios del que partió como emanación entregada a la aventura de los ciclos, la suprema fuente del Caos, cuya esencia es ser todos los opuestos que el hombre debe genéricamente experimentar. Pero para eso le hará falta un don que cualquier dios codicia: un cuerpo, ese sueño de carne imantada que vibra al unísono con el erótico silbido de la Serpiente; esa frágil, efímera y, sin embargo, imprescindible morada de los sentidos que hace posible que Kali –la venerada, la abominable- cumpla con su labor en la tierra.
Gustavo Aritto

CRONOLOGÍA DE UNA LARGA TERGIVERSACIÓN
(No siempre la serpiente tuvo la mala prensa que sufre
en la actualidad) Gaceta de Tucumán
La Historia de la Gran Serpiente es la cronología de una larga tergiversación. Hoy la serpiente tiene “mala prensa”, pero no siempre fue así. Por el contrario: en los albores de la Humanidad (los más antiguos hallazgos arqueológicos lo prueban) se la consideraba un ser mágico, sagrado. Es ás: en muchas mitologías es gestora (directa o indirecta) del huevo primordial del cual salieron las cosas y el mundo mismo. Con el progreso de las teologías se llegó a identificar a la mujer (principio femenino) con la serpiente. Tal como se nos explica en este libro fue la época del dominio de las diosas lunares, el matriarcado. En cierto momento los hombres se rebelaron contra ese estado de cosas e impusieron el patriarcado y los dioses solares. Como dice Leonor Calvera: “El reconocimiento biológico de la paternidad hubo de marcar una revolución en las costumbres arcaicas: el varón se declara jefe de familia, impone limitaciones a las mujeres, se hace cargo de muchas prácticas de culto.”
En mi opinión, si bien al abandonar los cultos lunares y pasar a los solares se inició una era de acumulación y violencia, llegar al Sol es una parte inevitable y necesaria de la evolución. Al principio las cosas se hicieron bien: lo solar y lo lunar coexistían y se ayudaban mutuamente.
Pero luego el dominio del varón sobre la mujer (especialmente en algunos pueblos) se fue acentuando, hasta que en el monoteísmo la mujer (y con ella la serpiente) llega a seer “el azufre”, “l símbolo del pecado y el origen de la Caída”, etcétera. El sexo femenino es “débil”, “fácilmente corrompible” y “presa de Satanás” y todo lo que ya conocemos. “La Gran Serpiente conoce la degradación, se convierte en materia despreciable. Se ignoran sus obras, se la deshonra, se masculiniza su poder. Su culto se irá extinguiendo progresivamente en tanto sus atributos y símbolos pasarán a adornar la cabeza, las manos, los pies de los ganadores.”
Primero se la incorpora (luego de derrotada) para utilizar su prestigio.
Después se la desacredita y anatematiza (en la etapa monoteísta más avanzada). Pero, mientras más grande la condena y la esclavitud de la mujer, tanto peor para el género masculino: en el momento mismo en que cree haber triunfado se queda sin compañeras.
El que comentamos es un libro profundo y complejo. El tema de la Gran Serpiente, tal como aquí está tratado, merece algo más que una nota: requiere atentas lecturas.
Graciela Scheines

SERPIENTES Y PESADILLAS
Atrévete
A partir de las recurrentes pesadillas que atormentaron a Leonor Calvera desde niña, y cuando esos sueños pasaron a ser vigilias de cuestionamientos e interrogantes sin respuesta, la autora decide de adulta encarar una investigación que le revele los más recónditos misterios del mundo de los ofidios y, sobre todo, de la Gran Serpiente. ¿Quién es ella? ¿Existe en realidad o es sólo una fantasía de los humanos como modo de canalizar sus necesidades y temores? ¿Cómo se manifestó este enigmático ser a lo largo de los tiempos?
Rastreando esas incógnitas, Calvera arriba a un libro originalísimo y único en su género que puede ser leído como una novela que descorre el velo en torno a la Gran Serpiente que se asoma en la aurora y amenaza desde la esfera del final apocalíptico.
Profunda y seria investigación relatada en un lenguaje adulto de exquisito estilo que ennoblece a las letras argentina, la Historia de esa Gran Serpiente profética y visionaria nos hace conocer a la primera antepasada que mostró a los hombres el maravilloso camino de la fantasía aplicada. Potencia y generadora, mujer y varón, de tierra, fuego, aire o agua, permaneció una en la diversidad. Ensueño y pesadilla, creación y ruina, amalgamados en su hierofanía: un denso velo que la separa del hombre aun cuando sea lo que a él la una. Velo que los hombres han procurado descorrer desde el mito ejemplar, por los meandros de la religión, el arte, la filosofía, hasta el tiempo actual. Un tiempo que se proyecta hacia el futuro en la incertidumbre de un Apocalipsis que regirá la Gran Serpiente. Un libro excelente.
Marcelo Ferrando


Diosas, brujas y damas de la noche |