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Leonor Calvera
Leonor Calvera ha realizado una vasta labor en los estudios de género tanto como en la traducción de textos sagrados orientales, tales como el Dhammapada y el Bhagavad Gita, habiéndose especializado en religiones comparadas.

Por aquello de "por los frutos los conoceréis", estas son algunas de las obras publicadas:

El paso de la muerte
(Grupo Editor Latinoamericano, 2010)
Entre las palabras y el silencio (Leviatán, 2009)
Historia de la Gran Serpiente
(Editorial Vinciguerra. 2000) 
Diosas, brujas y damas de la noche (Grupo Editor Latinoamericano)
Tao-te-king
(edición agotada)
El género mujer.
(Editorial de Belgrano. 1982)
Las fuentes del hinduismo.
(Dédalo. 1979)
Camila O´Gorman o el amor y el poder (Leviatán. 1986)
Mi casa en la ciudad (Ediciones Dead Weight) Mujeres y feminismo en la Argentina (Grupo Editor Latinoamericano. 1990) Poetas del misticismo español (Hastinapura) Pro y contra las mujeres (Leviatán)
Otras publicaciones:
Las fuentes del budismo.
(Leviatán. 1985)
Bhagavad-Gita (edición agotada) (Leviatán)
Cometarios al Tao te ching. (Leviatán. 1989)
Poemas y canciones a la madre (Grupo Editor Latinoamericano) Raíces en la arena (Summa)    




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El paso de la muerte


Grupo Editor Latinoamericano, 2010

No hay para la razón escándalo mayor ni incógnita más grande que la muerte. Si bien forma parte del suceder de la vida en tanto consumaciòn de un ciclo, la idea de una desapariciòn permanente, de un eclipse absoluto,ha sublevado la mente y el corazón del hombre que la tomó como eje en casi todas las concepciones religiosas y filosóficas.
En El paso de la muerte, Leonor Calvera sostiene la premisa de que no se puede comprender la vida sin analizar la idea de finitud. En procura de investigar sus huellas, partiendo de antes del Paleolítico,estudia los procedimientos funerarios desde los primeros y sencillos enterramientos con flores hasta culminar en la época actual. El extenso recorrido es multicolor y variado: ese caleidoscopia abarca tanto las suntuosas concepciones que forman la base de la civilizaciòn occidental como las crueles regiones del sacrificio y las sabias especulaciones de Oriente. En cada punto, en cada estación. la muerte aparece estrechamente ligada a todas las expresiones de la vida: el arte, la religión, las normas éticas, las distintas formas de convivencia, la estructura misma de la sociedad.
La muerte acompaña las acciones de los seres humanos como una sombra o un telón de fondo, dándoles, tácita o explícitamente, su sentido más profundo. En nuestros días, en cambio, la afirmación del aquí y ahora aparece casi como la única representaciòn válida del ser, con exclusión de cuanto se relaciones con el más allá. Sin embargo, pareciera que no tomar en consideración el enigma de la muerte es una mala apuesta que desemboca en un desastre espiritual. Mientras tanto, el pensamiento profundo y reflexivo nos recuerda que quizá sea una ingenuidad pensar que el hombre meramente muere sin apelación, sin transitar ninguna otra instancia.

Luis O. Tedesco

 

               
El  PASO  DE LA  MUERTE  de  Leonor Calvera
por Beatriz Broide

No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente.
Virginia Woolf

¡Atrévete a pensar!
Immanuel Kant

Estamos frente a una obra monumental : cuatrocientas cuarenta y ocho páginas  impresas con  letra pequeña,  ocho páginas de frondosa  bibliografía  ¡ sumaria! …, una de esas obras que  ya  no se estila  escribir,  urgidos todos por la  premura de los tiempos cortos  y  la  tiranía   de  las  determinaciones  de los  mercados.-

Con un título provocador y provocativo, con pluma ágil y vigorosa, con inusual talento para trasponer límites, Leonor  va develando  el modo y la forma en que  la  historia  siempre  ofrece  múltiples  reflejos de  la sombra  de  la  muerte  como el  trasfondo  sobre  el  que se  van  entretejiendo  los hilos de  la  trama.-

Señala en sus Palabras Preliminares : … “ por estar muerte y vida  tan estrechamente unidas  es muy valioso saber cómo se fué distinguiendo la finitud del hombre  porque, en paralelo a su historia , se va dibujando la lucha por la conciencia, en el sentido del ser, por la individualidad  a la vez que, en íntimo parentesco, se asoma también  lo destinal  y utópico que tiñen el orden de lo real.”

En el marco de una sugerente propuesta ensayística  Calvera posee  la maestría   de introducir a sus lectores en un omnicomprensivo universo de  ideas donde  lo esencial es búsqueda : los hombres son conciencia abierta al mundo, una conciencia que ha de construirse a si misma frente a la existencia  y que no se agota en su mera apariencia.-
La muerte aparece como el acontecimiento perturbador  y  revelador, como un aguijón que pone en crisis todos los soportes  sobre  los que la vida se asienta.-  Así,  cuando Calvera  analiza la historia de las civilizaciones a través del prisma de la muerte, su mirada se prolonga a la raiz misma de la vida.-

Es un libro  …  ¿ porqué no decirlo?..., subyugante  ,  fascinante…
¿Se puede abordar la muerte de modo pulcro y bello?
Leonor parece demostrar que es posible.

Una historia de las ideas sobre la muerte supone un detallado análisis de las diversas concepciones del mundo y sus filosofías  habidas en el curso del pensamiento humano.-
Supone asimismo un análisis de los problemas relativos al  sentido de la vida y la concepción  de la inmortalidad,  ya sea bajo la forma de su afirmación o bien bajo  el aspecto de su negación.-  En todos los casos  resulta de ello una determinada idea de la muerte  pero paradojalmente  surge   un concepto de vida.-

La muerte es un hecho individual  y también un fenómeno social,  y como tal  ha incidido siempre en las distintas culturas ,  y el  tratamiento de la misma ha variado  y sigue variando  en un movimiento incesante  que  muestra el decurso de la vida misma.-

Escribía Lucien Goldmann:  … “ la única posibilidad de conocer un objeto o una realidad social reside en tener en cuenta no sólo el elemento dado inmediatamente, sino su devenir estructurado, su tendencia a la estructuración ; es preciso integrar la operación del proceso en el resultado y éste en ella”.-

Y así se escribe  la historia , la gran historia, la histora  grande,  la historia con mayúsculas…
Esa historia que Leonor construye y re-construye con la pericia y  la  rigurosidad  de una estudiosa.-  Historia  grande,  porque arma una estructuración  unitaria y organizada en el marco de universos diversos  y múltiples.-

Y porque   todo  análisis  histórico  y también  toda  cosmovisión  del mundo  tropieza  con un escollo  ontológico inevitable:  la muerte.-
Por eso  si se pretende examinar válidamente la estructura de una filosofía, de un sistema de pensamiento  o de una obra de arte   es importante   preguntar  y preguntarse  de qué manera  la muerte   ha integrado la realidad de la existencia  humana , ya sea  ignorándola,  absorbiéndola en la esperanza de supervivivencia  de  la colectividad  o en la esperanza de una  supervivencia individual ,  o  bien situándola en el centro mismo de la toma de conciencia.-

Con frecuencia, muchas creaciones se empobrecen  al faltar, dentro de su unidad,  la integración de otras posibilidades  y virtualidades  de ciertas realidades humanas que son omitidas  o  bien  ocupan un lugar relativamente reducido.-  No aparece  siquiera esbozada otra posibilidad  -  rechazada  o negada por el universo central -  de otros mundos y otras dimensiones de  la existencia propia de los seres humanos  que  podrían conducir  no ya a  la  muerte  sino a la vida , y hasta quizás  a una vida más auténtica y más rica.-

Con  una   mirada  que alumbra una construcción participativa e integradora en la que cabe la multiplicidad de voces,  Calvera  va mostrando como las distintas culturas  y sistemas de  pensamiento se han ocupado y preocupado por la muerte.- Va desgranando con pulido  vocabulario, vitalísimo lenguaje , sólida información y refinadas reflexiones  el contexto socio-histórico en que se fueron  dando , recorriendo la historia como quien desgrana afinados sonidos.- Elige con meticulosidad sus citas enlazándolas con inteligencia y rigor , conduciendo sutiles eslabones que le permiten estructuraciones y articulaciones inéditas.-

Desentraña códigos, mensajes , signos, ritos y rituales, mitos y mitologías , representaciones, ceremonias, tradiciones y costumbres.-  Señala  rupturas , influencias recíprocas , resabios culturales  y nuevas modalidades de una misma conceptualización.-
Nada escapa a su aguda percepción.-

Toda  sociedad produce  los medios espirituales para crear representaciones del mundo, del tiempo y de sí misma construyendo significaciones a través de las cuales la realidad adquiere o puede adquirir sentido.-

Sartre decía que se escribe  para revelar la relación del hombre con el mundo.-  Parece  adecuada   entonces  esa expresión  sartriana para situar  “El Paso de la Muerte”.-
Y si como sostiene  Terry Eagleton  “ la forma en que oganizamos nuestra vida social en común determina todas las formas del pensar y actuar humanos” ,  en esta obra la autora  busca y produce  una  estructuración  sistemática  de esas relaciones ubicando con brillantez  su ética particular .-

Al variar  las relaciones hombre-destino-mundo  las tomas de posición  también se modifican .-  Las estructuras  de estas relaciones son variables  porque la axiología de los seres humanos también lo es.-  Si se conoce  la visión del mundo o conciencia colectiva o transindividual  que aparece en un momento dado , por una parte  y por la otra existe la capacidad  de describir las reglas organizativas  que rigen el comportamiento de esas estructuras  el  proceso entero se convierte en significativo y coherente.-

 Leonor logra hacerlo significativo y coherente.-

Siguiendo la línea de pensamiento  trazada por Lukács,   cabe  ubicar  la  dimensión  estética en el mismo nivel que las otras  actividades creadoras :  la filosofía, la ciencia, la acción.-  Porque el arte no se reduce a la manifestación  de elementos  esencialmente formales y abstractos  sino que se trata de una estructura dinámica que siempre es una síntesis  entre  una significación variable , estrechamente ligada al devenir histórico , y  la forma más adecuada para su expresión.-  “ El Paso de la Muerte”  es  una magnífica creación literaria concebida bajo la forma de ensayo:  es literatura de ideas  y  el  desenlace  estético  surge entrelazado con el proceso reflexivo en una precisa  y valiosa   interconexión.-

Su calidad literaria está expresada en  su originalidad  creativa, su fecundidad  lingüística, la sensibilidad de su estilo y su elaborada  sintaxis.-  En suma, la excelentísima y exigente calidad  de  un discurso literario dado como producto lingüístico, estético y social,  fraguado en  una  admirable  prosa.-  Prosa cargada de poesía , envuelta en poesía …
Bellísima prosa , sin estridencias ni solemnidades ,  fluyente, con densidad  y  peso específico propios,  con  un  exquisito y  refinado   componente  mágico - poético,  quizás como grata expresión de la memoria emotiva de la autora.-  “Dulce y útil” como proponía Horacio,  deleita e  instruye,  fuente de placer a la vez que enriquece.-

Creemos que con toda justeza y justicia se puede y  se debe  hablar  específicamente del  universo  y el   pensamiento calverianos .- “ El Paso de la Muerte” no es sólo la elaboración de una mente ordenada y sistemática  que se abrillanta  en  el vuelo lírico de su escritura.-  Es una obra de tesis.-

Pocos, poquísimos autores han abordado el desafiante tema de la muerte de modo omnicomprensivo.-  Casi  todos  los pensadores de  todos los tiempos lo tratan  desde su  particular cosmovisión ,   y     tan  sólo algunos han enfocado la muerte  en el marco de un intento de totalidad socio- histórica  y  dinamico-relacional , aunque  en general lo han afrontado  muy  tangencialmente o apenas como un enunciado .-
Y  aún  aquellos que lo intentaron,  no obstante  haber encarado la cuestión con una mirada   más o menos antropológica,  quedaron  irremediablemente presos de sus propias limitaciones conceptuales y metodológicas , y como consecuencia, los frutos de su producción  resultan  parciales  y fragmentados .-

“El Paso de la Muerte”  es la obra de una historiadora erudita y proba,  de una ensayista fecunda.-  Una obra que Calvera escribió  no sólo con tinta  sino con su savia, con riquísimo lenguaje  luminoso, armonioso,  elocuente.-  Un lenguaje que vibra  y muestra su fuerza  en su profundidad , sus matices , su belleza.-  Un producto noble, nobilísimo.-

“Muerte y vida son mutuamente tributarias” , sintetiza  Leonor  y agrega:  “Es asombroso comprobar que la singularidad,  los rasgos salientes de una cultura están determinados  en gran medida por el escorzo  en que los coloca el tema de la muerte”.-

Encadenando relaciones para construir  nuevas  relaciones, este libro  es un motor  de reflexiones, movilizador de conceptos , generador  y productor de dudas , de sospechas  y  trascendental creador  de originales significaciones innovadoras.-

Probablemente sea también una invitación al lector para participar y continuar indagando  en su propio pensamiento.-

Muchísimas gracias por regalarnos  con  tu magnífica obra, Leonor Calvera.-

BEATRIZ BROIDE



  

La muerte como problema crucial del ser humano, es el eje convocante de  este libro, el que no sólo  se centra en la palabra sino que está acompañado por  ilustraciones, las que a través de las imágenes nos conducen a civilizaciones milenarias, en las  que la muerte ha quedado inscripta como concretud de la  vida. La tapa,  una pintura cruda, en este caso,  La muerte y las máscaras de James Ensor, nos traslada al escenario más temido y temible de la historia de la humanidad: la muerte como finitud, como  huella de nuestra  existencia.
En este corpus, Leonor Calvera recorre siglos de costumbres, de creencias, de mitos y cultos, los que abren un extenso abanico sobre el tema. Desde el final del Paleolítico hasta el mundo actual la imagen posibilitó el encuentro de lo real y lo mágico, de lo narrativo y lo conceptual.  Este ensayo lo afirma. Son 58 ilustraciones que  interpelamos con la mirada, una mirada cada vez más profunda.
Los  enunciados ilustrativos ponen de manifiesto el espíritu artístico de cada civilización, otorgándole  la relevancia que la esencia de la palabra amerita en cuanto a su significación a través de los siglos.
Son varias las culturas que habitan el escenario de este libro. El discurso literario se continúa en un orden cronológico: en cambio, en el registro gráfico cobra  protagonismo  la  iconografía del pasado aun en los capítulos pertenecientes al mundo contemporáneo.
La revalorización de las culturas del pasado y  la reconstrucción de la menoría es una de las preocupaciones de la escritora.
En Érase una vez y Siempre se vuelve (primeros capítulos) el discurso ligado a lo visual y a  lo histórico transita paralelamente. Las imágenes develan la funcionalidad  de los dólmenes y menhires y dan cuenta  de su   carácter funerario,  en el que conviven credos y leyendas de la época Paleolítica.
El relato visual y el de la escritura respecto de la cultura egipcia, también forma parte de la reconstrucción memorial de las antiguas civilizaciones elegidas para este corpus.
 La momificación  como continuidad de vida, de permanencia, para impedir el temible avance de la putrefacción de los cuerpos, origina  la exposición visual dominada por  líneas, jeroglíficos y  además fortalecen la construcción simbólica del cuadro. Lo narrativo acentúa la imagen. Producción estética milenaria, conceptualización e imagen constituyen un continuo. ¿Pasado o presente? Relaciones epocales reflejan un continuo devenir.
La esperanza acude a la vida.   Dice Leonor Calvera: “Existir es competencia, tensión, voluntad. Juegos en la vida; juegos ceremoniales en la muerte: la muerte tiene el rostro vuelto a la vida. Hay que llorar mucho a los muertos porque a pesar de todo, vivir es dulce y vale la pena gozar el aroma de cada día.
Mas parte indisoluble de la vida es la muerte. Si nadie muriese, la proliferación desmesurada de vida rompería la armonía del cosmos – valor supremo para los griegos-. La muerte es necesaria como perfección de la vida.” Estas palabras reflejan el espíritu de las ilustraciones elegidas.
Vayamos a las representaciones del antiguo testamento: Moisés desciende del Sinaí con las Tablas de la Ley, por ejemplo. Secretos que guardan figuras del pasado, rituales que fortifican su existencia, reliquias sagradas constituyen el itinerario visual aquí presentado. Y también una pagina de la Torá, con el dibujo de las letras hebreas.
Las  Danzas de la Muerte protagonizan  gran parte de la línea discursiva de este corpus, un género característico de fines de la Edad Media en el que el elemento plástico opera muchas veces como plataforma  esencial de las producciones literarias a tal punto,  que el relato literario  está subordinado a la sucesión de imágenes narrativas,  las que acentúan su carácter aleccionador.
 Cadáveres, tumbas, esqueletos, cuerpos en descomposición son signos que nos conectan con una advertencia: La muerte como presencia constante.
La noche abraza el  danzar de los muertos en el cementerio. Su  iconografía macabra de origen pagano se  representa  por medio de  instrumentos musicales como el violín, la flauta, el xilofón y otros. Este danzar se despliega en el transcurrir de las páginas de este libro.
El discurso visual y el literario se corresponden permanentemente. La muerte parece dirigir la orquesta. Enfermos en estado ya cadavérico interpelan a los que curan y  dominan  gran parte del escenario de este corpus.
  Esta iconografía  no solo ha sido seleccionada por la escritora para el  interior del libro, y expuesta como parte del fondo de tapa. Se conecta casi sin solución de continuidad, con la pintura de James Ensor, la que ocupa el plano inferior,  pero es primer plano desde el punto de vista plástico. y  a ella  le dedicaremos un apartado en este escrito.
En la segunda parte del libro, en los capítulos XI (La rueda de muertes y renacimientos), XII (La piedad filial), XIII (La acción del guerrero) y XIV (La liberación de los muertos), las imágenes que devienen de la cultura oriental refieren también a sus creencias y costumbres. Generan un espacio para la meditación, la búsqueda del conocimiento y la reflexión; ésta última es una de las propuestas que nos hace Leonor en el libro.
La figura número 24,  Cabeza de Buddha, legitima en su rostro el mundo del saber y la  reflexión, en ella se representa la esencia pura  del espíritu de esta cultura. El volumen predominantemente lineal, cargado de sensibilidad divina forma parte de la expresión estética de la obra.
En la figura 28 dice, el epígrafe: “El círculo  representa la totalidad del universo y, a la vez, su vacuidad”. La composición lineal linda con el mundo de la abstracción. Mística, alma y aura se unen a través de los siglos.
El mándala no está ausente en esta selección. Su poder de representación y concentración ayuda al espíritu a dar  avances en su evolución. Sus formas que oscilan de lo geométrico a lo biológico y de lo concreto a lo espiritual, contribuyen a que la mirada conduzca a la evocación divina. Escenario que la escritora revaloriza permanentemente en su discurso y que  Cirlot  expresa en su  diccionario de Símbolos: Es, pues, la exposición plástica visual, de la lucha suprema entre el orden, aun de lo vario, y el anhelo final de unidad y retorno a la condensación original de lo inespacial e intemporal.
Dos obras del siglo XX son elegidas para este corpus: una litografía de Georg Grosz,” Autorretrato para Charlie Chaplin” y un  Dibujo de Yves Trémois”.
 Una obra de Grosz que connota el espíritu que primaba  en Alemania  de las primeras década del siglo XX, la proliferación de cabarets, bares y ámbitos nocturnos aparecen reflejados en la composición grafica que rodea la figura central. El cuerpo, de la mujer como objeto sexual, la mirada gatuna,  el alcohol como símbolo de la bohemia  genera el ámbito para un    trazo lineal, provocativo, característico del expresionismo.  El dadaísmo y  el futurismo cobran vida en la estructura compositiva en la que dibujos de formas y letras pueblan ésta y otras obras de su autoría. La gestualidad  de la imagen  central no hace más que corroborar la atmósfera de aquellos años: el creciente individualismo, el derrumbamiento moral, y el otro (el mismo) el de abigarradas ciudades manifiestas en sus edificios,  producto de aquella época. Dice Leonor Calvera,” El artista recreaba cada cosa a la medida de su historia, de su anécdota”, y esta obra lo confirma.
El dibujo de Yves Trémois denota la imagen de una  mujer sentenciada. Su fuerza está dicha en su composición lineal, caracterizada por un trazo absolutamente sintético. La muerte, envuelta en mandatos y ritos permanece en el mundo actual con la misma vigencia que en siglos anteriores;  así lo manifiesta esta y otras  ilustraciones elegidas por Leonor.
La relación médico- paciente está presente en todo el libro.
 La revalorización  iconográfica del pasado aquí seleccionada no hace más que corroborar  la  realidad del presente. Esta correlación que aparece entre texto e imágenes pone al descubierto la realidad del mundo contemporáneo, evidenciando la dualidad vida – muerte.  
De acuerdo con lo que afirma Calvera, la medicina encararía y encarnaría “la fantasía de una postergación indefinida de la muerte “, realidad que la escritora despliega en los últimos capítulos.
Hagamos ahora una mirada retrospectiva por la especial importancia que tiene Durero por el pensamiento plasmado en imágenes que trascienden (ambas) espacio y tiempo.
En el capítulo XXI, la obra de Durero, Melancolía, evidencia características que tienen que ver con la búsqueda del saber por caminos pensantes científicos. En el cuadro de Durero está presente esa búsqueda.
Melancolía, presenta un espacio denso, en el que la imagen protagónica (en sentido espacial) una figura alada meditabunda, podría ser considerada un ángel, el ángel del intelecto, de la sabiduría, en actitud pensante y reflexiva.
Nacimiento y muerte conviven. El primero simbolizado por el niño en el que ya está instalada la muerte: su cabeza inclinada hacia la tierra y sus ojos cerrados muestran esta actitud, además del puño también cerrado, la impotencia frente a lo inexorable. El segundo latente y contradictorio vive en el espíritu de cada objeto.
La corona de laureles, fortalece ese sentimiento melancólico, nostálgico (desde otro punto de vista significaría la muerte glorificada).
La figura central, que anticipa el barroco por su ubicación lateral adquiere toda la fuerza significativa por el especial trazo sinecdótico que es el brazo y especialmente la mano plegada apoyada en el caracol auditivo donde junto con la mirada puesta en quién sabe en qué lugar, invita a quien mira a captar, su melancolía pensante.
Del cinturón cuelgan una serie de llaves. ¿Qué puertas se abrirán con esas llaves?
¿Quién media entre la esfera terrenal y lo celestial?
Otro símbolo de la melancolía aparece en el plano inferior del grabado: un perro de aspecto hambriento, alude a ese sentimiento.
Un suelo casi cubierto de elementos de carpintería reafirma el barroquismo compositivo.
Elementos relacionados con la matemática (geometría, aritmética y la medida del tiempo), conforman este escenario, el de la sabiduría( una esfera aparentemente de madera, un poliedro truncado formado por figuras geométricas, una regla, un reloj de arena, una balanza y un cuadro mágico en el que están inscriptos símbolos numéricos, a su vez en cuadrados, confirman el universo de esta ciencia.
Una campana, una escalera incompleta confirman esta visión del mundo.
Al centrar nuestra mirada en la tapa vemos dos imágenes que ilustran la portada del libro, las que conforman una misma temática: La Danza de la Muerte, género clave en la Edad Media y La Muerte y las Máscaras de James Ensor, un artista belga  que supo captar en sus telas la mediocridad de  una  población atrapada por la apariencia y por los vicios de las grandes ciudades, manifiesta también, la repulsión y el rechazo -que él sentía- por los veraneantes, ejemplificados  en los multitudinarios festejos del carnaval de Ostende y que eran parte de  una burguesía que se derrumbaba en relación con el advenimiento de la primera guerra mundial.
Son varios los factores que pueden intervenir en la lectura de una imagen. En este caso su historia familiar, su entorno y su ciudad natal, son los componentes fundamentales en toda  su obra.
La madre de Ensor era dueña en Ostende de una tienda de regalos en la que la diversidad de objetos (máscaras, curiosidades chinas, accesorios de todo tipo para el festejo del carnaval) constituyó un terreno fértil para su imaginación.
 La Muerte y las Máscaras, obra elegida para la portada de este libro, rodea  la tapa con una atmosfera de misterio, la que parece ocultarse detrás de  cada uno de  estos seres. Como dice Cirlot: “La ocultación tiende a la transfiguración, a facilitar el traspaso de lo que se es a lo que se quiere ser”. ¿Qué se esconde  detrás de cada una de ellos? ¿Qué  esperan? ¿Por qué no se miran?
Extrañas vestimentas cubren a estos personajes,  algunos de ellos resguardan sus ojos con extraños antifaces. Cuerpos y rostro -  máscaras y algunos enmascarados rodean al personaje central: una calavera con ropaje corpóreo. ¡Una calavera! Una calavera que reafirma el escenario repulsivo, sarcástico, y espeluznante que quiere trasmitir el artista. Colores fuertes, pincelados violentos y bruscos fortalecen su aspecto agresivo. ¿Quiénes son y  de dónde vienen? ¿Son hijos del recuerdo? ¿Cuál? El recuerdo del antiguo bazar de su madre. ¿Podemos decir que sin lugar a dudas fue su motor?
 Lo grotesco y lo ridículo, se  potencian.   El temor a la vida y a la muerte engendró  sus obras más célebres.
 La obra de Ensor, ensamblada con La Danza de la Muerte -¿Acaso cómotrasfondo?-  hoy configuran  un discurso integrado en este corpus  literario, y construyen  y aseveran el contenido  del enunciado título: El Paso de la Muerte.
Este “paso “está signado por un gozne: esa sinécdoque guadaña en manos de… y deslizándose.
Un gozne  articula el manifiesto  de dos discursos visuales separados por el tiempo. Discursos que ponen de relevancia a la máscara, una de las  imágenes más enigmáticas y develadoras de todas las culturas, aún la del mundo contemporáneo. Mundo que la escritora aborda en la última parte y que a mi criterio, protagoniza quizá, el relato conceptual  más crudo de este libro.

ADRIANA GASPAR

 

Este libro, nos propone en palabras e imágenes una travesía singular y única, lo que es habitual en esta excelente  autora Leonor Calvera quien supo construir una preciada autonomía para emprender en esta oportunidad un vuelo metafísico histórico con originalidad y con una calidad de excelencia en su factura editorial, que nos conducirá a través del profundo interrogante de la muerte en la eternidad de su diálogo infinito con la vida.

La construcción de este texto no padece  de una erudición ostentosa pero si, exhibe  una solidez teórica que se encuentra sutilmente institucionalizada en el tratamiento de los ejes temáticos, capítulos y subcapítulos, logrando en sus titulaciones  síntesis expresivas.  

Lo que si podemos afirmar con contundencia sobre este libro y su contenido es que en esta oportunidad nos encontramos ante un valioso aporte a la historia cultural universal que aborda a  un concepto polisemico y dinámico: el de la muerte.

Concepto que se despliega imbricado en la trama de las aspiraciones, miedos, fantasmas y en las representaciones en  todos los lenguajes que las sociedades supimos conseguir. 
Paso a paso se hilvanan las  eras desde la noche de los tiempos hasta nuestros tiempos,  y los análisis  y las descripciones densas en el sentido antropológico de los dilemas que acecharon a las conciencias, que nos ilustran sobre los modos en que  estas cuestiones  existenciales permearon a las estructuras de las sensibilidades., encontrando resignificaciones  en diversos actores sociales

Los abordajes a las trasformaciones de las más variadas prácticas vinculadas a los  ritos, los duelos, y a las artes de la funebria, nos reencontraron con envejecidos saberes sepultados por  el paso de los tiempos y elecciones, que nos habilitan  habilitar a nuevas lecturas a fuentes, a literaturas y a nuevas miradas de los patrimonios que sustentan las hipótesis y sus reflexiones inteligentes.

Las narrativas integradoras de la complejidad de la muerte nos permitirán deconstruir a los conceptos generalizadores y a los estereotipos culturales, irrespetuosos para con especificidades de las creencias, por fuera de las dicotomías de oriente y occidente y nos coloca en los interrogantes contemporáneos de nuestra subjetividad y finitud, que  siempre nos conmueve e inquieta

La profundidad y refinamiento de los  conocimientos de  nuestra autora nos interna por las formas de  la vida de las culturas de las cuales emergen con exuberancia las formas del morir, múltiples y diferenciadas.
“Ficciones” de  cuasi factura cinematográfica por su lograda visualidad,  en un dialogo fecundo de imágenes visuales o literarias  y texto de tono académico, que  reflejan a miradas ajenas sobre la vida y la muerte, historias que  nos  remiten a los modos de búsqueda de  la trascendencia individual y colectiva de las diversas sociedades en su evolución. , con tonos  y lenguajes que tornan a estas experiencias  aprehensibles y cercanas.

Las dimensiones seleccionadas para abordar a este espacio de investigación donde confluyen sistemas de  creencias, sociales y procesos económicos los que son  culturalmente construidos y  dinámicos, donde analizar y contextualizar las prácticas que devienen de pensar, actuar y trascender a la muerte para encontrar las claves de las supervivencias o modificaciones de las mismas.

Dioses, deidades, y sistemas religiosos entroncados sistemas económicos y militares se entrelazan en las tramas de la política que se dirimen en violencias y muerte, consagradas en textos clásicos literarios y leídas nuevas significaciones.
El amor y la muerte, eros y tánatos anudan  a los seres de las bellas y trágicas situaciones transmitidas en dramas o códigos estéticos pero también conmueve e impregnan de esperanzas, pese a  los escepticismos de la posmodernidad

Desesperanzas y utopías cercan a la finitud de la existencia en paraísos e infiernos que se transmutan en la multiplicidad de culturas circulando  en los imaginarios que se despliegan en las páginas de este texto, que conmueve y seduce

Páginas que nos transmiten  los sentidos de los procesos de hibridación que afectan a los imaginarios y creencias sistematizadas o  populares que  desde sus genealogías se modifican y permiten su inserción en otras tramas.
El  inteligente diseño de los capítulos nos habilita a internarnos en la etapa que nos interesa porque introduce a un texto orientador de nuestros interrogantes y pesquisas, el cual  nos enriquece con un despliegue sintético de los refinamientos conceptuales a los que apela la construcción del texto, los que brindan placer y aplacan curiosidades.

Se convertirá en un libro de esos que tenemos a la mano en nuestra biblioteca para consulta o solaz, será un buen amigo que nos ayudará a encontrarnos, sin demasiados temores con esa vieja dama, de muchos rostros y ropajes, a la conoceremos algo luego de la lectura de este bello libro.

MARÍA INÉS RODRÍGUEZ AGUILAR
                                                                   

Entre las palabras y el silencio


Leviatán, 2009




Entre las palabras y el silencio recorre las múltiples maneras en que el ser se expresa, mediante la palabra, su necesidad y su capacidad de dar y recibir.
El lenguaje conserva todo su misterio, su virtud creadora. Este texto se transforma en guía y fuente de cautivante lectura.

COMENTARIOS

Leonor Calvera es una incitadora literaria. Cuando terminamos de leer uno de sus libros, y en este caso el que se presenta hoy “Entre las palabras y el silencio” nos queda un sedimento, una ráfaga, el impulso de seguir reflexionando, ahondando en los temas que ella siempre aborda con pericia y rigor.
El silencio está poblado de palabras, el inconsciente en es un reservorio de palabras. La vida es un texto ha ser leído y Leonor tiene el don de la palabra escrita.
Ella afirma “la escritura es la forma silenciosa de la palabra hablada”; entonces va tejiendo un tapiz circular de palabras y al terminar se adentra en el silencio. Hace una danza de derviches en el éxtasis de la palabra y salta al vacío para penetrar los goces del silencio donde habita la plegaria, el rezo, el encuentro con el ser interior e indaga. Es allí donde se diluyen los opuestos y la palabra es silencio y el silencio palabra. Escribe “Ha sido tarea del poeta componer el silencio desde las palabras, introducirles aquello de lo que originalmente parten”.
Leonor ha activado mecanismos, rituales, mantras y oraciones en su silencio profundo. Ha reverenciado el lenguaje, las sílabas, la palabra todavía no dicha. Y hay que viajar por hondonadas para arribar a una costa donde el mensaje puede estar escrito en la arena, en un cuerpo, en la sutil ala de una mariposa.
Lo que decimos es lo que somos, cada palabra emitida es un sonido que viaja por el universo; Leonor lo sabe, conoce acerca de la palabra de poder, de los mecanismos de dominación a través de un discurso, de la réplica , de un mensaje. Aborda la palabra desde todos los ángulos posibles y despliega su conocimiento, su vocación de tejedora silenciosa que siempre nos ofrece su visión del mundo.
Es mujer y exploradora, buceadora de su tiempo y de su entorno, nos advierte acerca de la dicha y el miedo y escribe “el aliento se hace palabra y la palabra se hace canto. El canto es el símbolo que religa, reúne a la criatura con la potencia creadora, es la alegría humana frente a la creación a la que adora y teme, es la tristeza de su soledad ontológica”. Y ese temor es la ausencia que también recorre el libro y que aflora en el capítulo Los grandes silencios. En el duelo exclama “ dolor en el corazón, dolor en la vida por quien ha partido. Su ausencia nos deja a solas con nosotros mismos, sin su amor , sin su consejo, sin su voz. Desconsuelo y llanto, pena y angustia son nuestro pan cotidiano. Nos embriagamos con las notas más tristes. A veces la palabra se hace canto.”
Es muy interesante recordar a Wittgenstein cuando sostiene “ de lo que no se puede hablar es mejor callarse” o “los límites de mi lenguaje significan los límites de mundo”. El apela a la práctica zen y según ésta es posible recuperar el estado de no lenguaje mediante el ejercicio del silencio.
Quizás cuando el verbo no existía el ser vivía recibiendo en silencio los poderes de la madre naturaleza. Era un silencio apacible y los humanos se hacían uno con el universo.
Advino la palabra y el ser se agitó. Tuvo que convivir con la palabra y el silencio, el abismo entre estas dos sensaciones fue una lucha permanente, un combate secreto, ya no podía vivir sin la naturaleza sin doblegarla, sin servirse de ella.
Leonor se sumerge en estos temas buscando el sentido.
Navega en la violencia de la prosa, en el círculo de la poesía, en la palabra y la oración, en las palabras de poder, los grandes silencios y los lenguajes del amor.
Palabra de honor, dar la palabra, la última palabra, palabra santa, don de lenguas, profetizar. Transitamos la ética, la profecía, la oración, la negación a través de la palabra.
Leonor nos recuerda a Ortega y Gasset cuando exclamó “la lengua es el hecho en que más clara y puramente se dan los caracteres de la realidad social y, por eso, en él se manifiesta con incalculable precisión el ser de una sociedad”.
Y aparece la poesía, la visión de Leonor acerca de ésta, de su representación en la sociedad. La palabra en el poema que también nace del silencio. En ese reino todo sucede. Es un código de entendimiento, un vaso comunicante, una irradiación para conectarse con los otros más allá de los límites de lo tangible. Es conjuro, plegaria, alabanza y pasión. Las palabras como centellas que surgen de corredores internos, de parajes abandonados, de esperanza y fulgor, de cánticos antiguos.
Ella dice: “la verdadera poesía legitima el papel del creador en la sociedad cuando éste da vida a lo que callan el hombre y las cosas y se adentra sin miedo y sin dobleces en el corazón de la palabra”.
“Escribir es el modo de quien tiene la palabra como anzuelo: la palabra pescando lo que no es la palabra. Cuando esa no palabra – la entrelínea- muerde el anzuelo algo se escribió exclamó Clarice Lispector.
Leonor escribe: Las palabras pueblan el aire absorbiendo el oxígeno del decir verdadero. En la política, como en los medios, la palabra se ha vuelto tramposa escamoteando realidades y afirmando los que los hechos niegan. Y recuerdo a René Guenon cuando afirmaba acerca del abuso deplorable que frecuentemente se hace de ciertas palabras. Dijo: “No son simples negligencias del lenguaje; son síntomas de la confusión que reina por doquier en el mundo moderno, pues el lenguaje no hace, en suma, sino representar fielmente el estado de las mentes”.
Vuelvo al libro, señala la escritora “Bien sabían los monjes medievales que cuando aumenta la cantidad de seres entregados a ejercicios espirituales, a la práctica de la meditación y la plegaria, se van adelgazando las cadenas más pesadas del mundo que nos toca vivir. Por ello, se preocuparon que hubiera monasterios junto a las ciudades para ser posible que el tono de éstas fuera más elevado, para que no se convirtieran en cloacas de comportamiento sino que fueran el símbolo del triunfo sobre la materia”.
Es evidente que Leonor es conocedora profunda de los milagros de la palabra, de la carga energética que duerme en ellas posibilitando hurgar, desenterrar misterios ocultos, repitiendo plegarias en voz baja para arribar al silencio. Reingresar a las fuentes, a las cosas que designa. Y la palabra viva comienza a fluir en arabescos, en crucigramas, nos arroja hacia un campo misterioso, hacia atrás en el tiempo, allí donde se emitió la primera palabra.
Me gustaría citar al pensador brasileño, José Trigueirinho Netto cuando decía, y resumo al máximo sus apreciaciones acerca de la palabra: “El hombre común se distanció de la esencia que debería animarla. Como consecuencia los idiomas actuales no retratan de manera adecuada las realidades del mundo interior”. Y acerca del silencio escribió: “Cuando se conoce el silencio se conoce el amor. El silencio viene al encuentro del ser cuando éste se vuelca al interior de sí mismo. Fuente de sabiduría, en él están la paz y el poder de la trascendencia”.
Este libro nos tienta, nos aguijonea, nos impulsa a valorar el instrumento, la herramienta que manejamos los que escribimos. Salimos del libro por un corredor luminoso hacia la tensión del mundo exterior pero con la certeza de la belleza reencontrada; cada página origina el deseo de reposar en el silencio de la palabra no dicha todavía, ésa que duerme en el corazón de los que se aman y en el ser que partió y ya no escucharemos. Nadie permanecerá indiferente ante este texto revelador.

María del Carmen Suárez

 

 

PALABRAS Y SILENCIOS


Duro es el mandato de la poeta:
nunca deberá confiar en el reposo que le brinda el alimento ajeno,
sino que, venciendo el miedo que la ata al juicio de las gentes,
ha de penetrar en su templo interior
y ser la palabra mágica, la pregunta eterna, la respuesta nunca dicha.
Leonor Calvera, Poemas y canciones a la madre


Todo libro de Leonor Calvera es, cuanto menos, inquietante.- “Entre las palabras y el silencio” , con un título sugestivo y sugerente , lo es en grado superlativo.- Corto y elocuente, nos ofrece desde su pasión por la búsqueda una magnífica creación literaria, elaborada a la vez como comunicación conceptual y estética en el marco de una travesía hacia un producto inmaculado.-

Leonor se introduce en el fascinante territorio de los eternos enigmas que siempre preocuparon – y preocuparán – a todos los seres humanos.-
Lo hace desde una óptica peculiarísima, original, con una mirada que impacta hasta los tuétanos y conmueve hasta las entrañas.-

Va recorriendo las múltiples dimensiones de las manifestaciones escritas y las voces verbales con las que varones y mujeres se han ido expresando en los más amplios de los sentidos.- Con “palabras recortadas contra el silencio, henchidas de silencio” , señala.- En esa expresión escrita que “es la forma silenciosa de la palabra hablada”.-
Desde el sonido del discurso donde se esconde esa presencia muda que todo lo envuelve.- ¡ Palabras que narran !.. ¡ Palabras que omiten!.. ¡ Silencios que cuentan!...
Ese sonido hecho palabra, esa palabra que es creación, esa creación que vela el silencio!...
Esa muralla de silencio que quizás pueda franquearse con la voz de la palabra!...

Simultáneamente , con el rigor de una estudiosa y la sensibilidad de una poeta , siempre tiene presente la sociedad real.- En su decir , no sólo describe: crea y produce.- Y ese valor performativo, constitutivo, lo convierte en determinante.- BIENVENIDO!!!.

Nos atrevemos a sostener que es una obra abierta, en el sentido antiaristotélico planteado por Brecht.- Y es también una obra de avanzada, en tanto pone en tela de juicio todo tipo de valores estereotipados , naturalizados , esclerosados y esclerosantes.- Con un movimiento sorprendente y audaz va atravesando y descorriendo los sutiles pero profundos hilos que forman la trama del orden establecido.-

Adscribiendo, compartiendo, o aún hasta eventualmente disintiendo con algunos aspectos en particular, queda clarísimo su desafiante esfuerzo hacia una CAPTACION TOTAL del universo sensible, inmensamente abarcativo en sus características relacionales y dinámicas, que se interna en los vericuetos de las fibras más profundas de la existencia misma.-

Así , va dibujando el tiempo y la palabra creadora , la imaginación y la CREACION EN TODOS LOS PLANOS, como única respuesta eficaz a la degradación de sistemas y sociedades.
Se identifica con la causación circular acumulativa , la estructuración y reestructuración de la naturaleza y la sociedad, la oposición a la muerte.-
Tiempo y palabras que son restituídos a la vida, que están siempre presentes, que se inscriben en el devenir bajo la impronta de la historicidad.-

Los comportamientos humanos son o tienden a ser significativos.- Recordando la feliz expresión de Lucien Goldmann podemos afirmar que los seres humanos propenden a hacer de su pensamiento , su afectividad y su comportamiento una estructura significativa y coherente.-
Es precisamente en esa perspectiva, en ese plano vital , donde se inserta la creatividad de Leonor.- Su refinada percepción y su enorme vuelo poético le permiten llevar hasta sus últimos límites ese proceso de estructuración y superar dinámicamente el antiquísimo conflicto entre las estructuras existentes y los factores de desestructuración.-
Expresado con deliciosa fluidez y una emotividad exquisita realiza un trabajo formidable para llegar a ese equilibrio óptimo entre una nueva racionalidad y el nivel de lo imaginario.-
Y es justamente en la medida en que una obra consigue concretar esa coherencia privilegiada , esa unidad interna sin fisuras , cuando se convierte en una creación literaria mayor.-

Leonor lo logra.-

En su enfoque modélico de la vía de análisis elegida elude con certeza el “factum brutum” al que se refería Lucáks , procediendo a una cuidadosa construcción que le permite la conexión vital para acercarse a las abstracciones más generales .-
Y es así, en ese despliegue concreto como va elaborando su pensamiento crítico hacia una totalidad de múltiples determinaciones.-

Quizás sea también un personalísimo aporte para tratar de superar la ancestral antinomia entre orden y caos.- Su orden sería el rechazo de un orden singular por una pluralidad de órdenes interrelacionados en una unidad esencial.- Por ello la obra es simbólica, ya que ese orden simbólico encierra una pluralidad de sentidos: … ¡ hasta el silencio de las palabras que no fueron comprendidas!...

Con una escritura sin conformismos ni hipocresías, sin ninguna concesión al supuesto “saber” hegemónico, va marcando el punto de partida de la intuición y de la representación , desgranando el origen de la cognoscibilidad desde su función en un conjunto articulado.-

Va perfilando entonces una apertura hacia lo posible proporcionando CREDIBILIDAD a esa posibilidad de cambio.- Ofrece esperanzas a la libertad y a la creatividad, valor y energía para buscar lo inesperado, liberando elementos disponibles para nuevas estructuraciones inéditas.-

Entre las palabras y el silencio” admite diversas lecturas desde miradas diferentes y distintas perspectivas sin traicionar la obra.-

El libro está ordenado en seis capítulos armoniosamente sistematizados, en los que va exponiendo conceptos sólidos recostados en una información precisa y documentada. - Con pulido vocabulario e impecable sintaxis nada se presenta pasteurizado ni aséptico.- Transmite un mensaje vigoroso , vibrante , fuerte y cálido al mismo tiempo, sin fracturas ni renunciamientos.- Por sus estupendas cualidades y excelentes atributos, cada uno de los capítulos podrían y pueden leerse independientemente: tal la potencia y el peso propio de su contenido.-

Para finalizar , nos parece suficientemente elocuente el último párrafo de esta valiosísima obra: “ NO ES IMPENSABLE QUE NUEVAS CONDICIONES DE VIDA, NUEVOS ENFOQUES EN LAS RELACIONES CREEN UNA RUPTURA ENTRE SIGNIFICANTES Y SIGNIFICADOS OBSOLETOS PARA PERMITIR LA APERTURA HACIA MUNDOS MÁS VASTOS, RICOS E IMAGINATIVOS”.-

Muchas gracias por tu libro, Leonor Calvera.-

BEATRIZ BROIDE - Mayo 2009







Acabo de cerrar el libro “Entre las palabras y el silencio”, de Leonor Calvera y me pregunto: ¿Es el silencio el que ahora me habita o es esa palabra que se esconde, muda, detrás de su capacidad de expresión para irrumpir después, en el momento propicio, con toda la fuerza del grito contenido? Después de leer esta obra siento algo así como el estar suspendida en la instancia entre el no decir y el no escuchar: ese piélago invisible que es el silencio absoluto pero que se diferencia de la muerte porque de todas maneras se siente, desde él, la propia perduración.

 Esta lectura me ha dejado la necesidad de hurgar hacia adentro, hacia lo más profundo y doloroso, pero también lo más enriquecedor para quienes pretendemos “mostrarnos” desde la palabra reveladora, desde ese yo verdadero y oculto detrás de las sucesivas máscaras carnales.  La obra de Leonor Calvera se abre a infinitos cauces, muchos más, seguramente,  de los que la autora se propuso indagar  desde sus reflexiones.

 Quizá, también su escritura fue posible porque la criatura a quien le fue destinada  la dedicatoria, habitante ahora del territorio del silencio, tal vez  haya expandido ese espacio necesario entre la palabra expuesta y la otra, la que nunca puede ser pronunciada, toda vez que el instante del acontecer es siempre mucho más veloz  que su enunciado.

 Yo celebro este libro, no solamente por lo que movilizó en mi ánimo, sino  también por el valioso  aporte que representa a nuestra literatura. Gracias Leonor.


BEATRIZ SCHAEFER PEÑA - Julio 2009







Historia de la Gran Serpiente


Editorial Vinciguerra. 2000



¿Quién o qué es la Gran Serpiente? ¿Es un personaje de existencia real o sólo producto de la fantasía del hombre, de sus miedos y necesidades? ¿Cómo se manifestó la Gran Serpiente a lo largo de lostiempos?
Leonor Calvera rastrea las respuestas a estos y otros muchos interrogantes a lo largo de los mitos, la historia, el folclore. El resultado es un libro son paralelo en torno a un misterio que arranca de épocas remotas y se sostiene hasta nuestros días.
Diosa, Satán, Lilith, Kundalini, Vampiro: he aquí algunos de los múltiples nombres que ha recibido la fabulosa Serpiente que se asoma en los albores de la civilización y nos espera en su final apocalíptico.
Obra única en su originalidad, esta Historia de la Gran Serpiente se lee como una novela e inquieta como una amenaza.

COMENTARIOS

EN TIEMPOS DE KALI YUGA
LA SOMBRA FEMENINA DEL CAOS EN
HISTORIA DE LA GRAN SERPIENTE, DE LEONOR CALVERA
por: Gustavo Aritto

“Hay un viejo cuento sobre un astronauta que viajó al espacio y, a su regreso, le preguntaron si había estado en el cielo y había visto a Dios.
--Sí –respondió.
--¿Y cómo es Dios?
--Es negra.”

Allan Watts, Om: La sílaba sagrada

“Detrás de toda creencia hay un deseo, que es quien (sic) le da su intensidad, su persistencia, su razón de ser.”
Pablo Cazau, “La teoría del caos

El sexto poema del Tao Te King resuena como un cuenco revelador:

“El Espíritu del Valle no muere.
Se llama lo Femenino Misterioso.
La Puerta de lo Femenino Misterioso
es llamada Raíz de Cielo-y-Tierra…”

En estos versos de Lao Tse, el dinámico mosaico de las imágenes “Valle”, “Puerta” y “Raíz” cubre, presumo, con su sugestión simbólica el territorio todo de este comentario a un libro de Leonor Calvera que, fiel a sus propios códigos hermenéuticos, salió a la luz en 2000, año cargado de turbulentas ansiedades “milenaristas”. Articulando ese cosmos tan austeramente configurado por el genio taoísta (del que la autora sin duda está imbuida), nos acecha un Misterio inefable y eterno: lo que nos resignamos a aludir como “lo Femenino”. La primera línea de las “Palabras iniciales” que introducen Historia de la Gran Serpiente dice, “En mi infancia, un sueño recurrente solía atormentar mis noches”. No por azar, la línea que cierra la última página del volumen es “La Gran Serpiente de todos los tiempos, que anula la historia”. Bastaría enfrentarlas en la parataxis de los dos puntos (:) para advertir el comienzo y el final añorándose mutuamente en la oscuridad donde las propias raíces se sienten impulsadas a explorar el propio abismo jugando a buscar la propia puerta. Se trata del cóncavo eco de ese arcano infinitamente circular celebrado por Lao Tse, el bucle elusivo de lo femenino que se resiste a clausurar su forma, celoso de su misterio, que es sólo suyo. El sueño, la noche y la historia son, en cambio, como el deseo y el miedo, gracias a la mediación redentora de los arquetipos, patrimonio de todos nosotros. Entonces, el texto no es un mero catálogo enciclopédico de intrincadas hierofanías. Se trata, más bien, entiendo, de una cauta y minuciosa exploración de la verdad que guarda el “velo sagrado”, de las formas inmutables y los símbolos numínicos que existen detrás de las figuras que hacen visible su entidad psicológica, su idea, pero también los instintos y las emociones apresados por el cerrojo del inconsciente. Según comenté antes, sus páginas toman impulso en el umbral del sueño. El individuo y sus proyecciones, así como las de la sociedad, son el territorio psíquico de tendencias en disputa, no de tipos o rasgos estables. Dos aspectos del polimorfismo mítico de la imagen arquetípica SERPIENTE cautivan mi atención: i) su afinidad con cierta concepción del tiempo y la estructura del universo; y ii) su capacidad para alojar en su seno, como identidades alternativas o coexistentes, lo femenino y lo masculino.
He encuadro este comentario en el contexto mítico de “los tiempos de kali yuga”. Según el Mahabharata (o Gran Bharata) hindú, poema épico cuya redacción se habría acometido unos trescientos años a. de C., “cuatro son las eras que reconoce la tradición hinduista: krita, treta, dwapara y kali yuga… […] en la krita yuga, sólo existían los brahamanes y que los ksatriyas o guerreros comenzaron a aparecer recién en la treta yuga. Actualmente, estamos transitando el kali yuga, el último de un ciclo de cuatro yuga omahayuga. Dos mil de estos mahayuga forman un kalpa, esto es, un día y una noche de Brahma.”. En patética coincidencia con otras escatologías como la bíblica o las hoy muy divulgadas profecías mayas que pueblan el texto del Chilam Balam y las inscripciones en la pirámide mortuoria del líder dinástico Pacal Votán, los días postreros del cíclico kali yuga, los actuales, aparecen descriptos como una época de incontrolable caos y de inexorable tribulación. El texto hindú prevé una humanidad sometida al imperio del instinto y el ego materialista, voraz y dominador. Se presagian hambrunas, fraudes, negociados, junto con la consagración de sujetos venales y ruines, capaces de vender a un Brahman por un marisco, de adulterar las relaciones sexuales y de usurpar lo ajeno. Curiosamente, la mujer no lleva, moralmente considerada, la mejor parte. Se la representa despojada de instintos valorados positivamente, asociándosela a la lujuria desenfrenada, el desprecio por el varón, a quien humilla y eclipsa (es recurrente la imagen del Sol siendo cercado y envuelto), el despilfarro y el desarreglo físico. Gobernantes y ministros de Dios corrompidos e indolentes, así como pueblos que se volverían multitudes ingobernables y faltas de toda piedad. Finalmente, la tristeza, la falta de rumbo y la acidia habrían se sellar los últimos tiempos. Pero es inherente a los sistemas inestables (sean éstos físicos, geométrico-algebraicos, psíquicos, sociales o lingüísticos) la propensión natural a desencadenar procesos de evolución aparentemente anárquicos, incontrolables e imprevisibles. Las modernas (y posmodernas) Teorías del caos nacieron de la perplejidad especulativa suscitada por fenómenos tales y de su confirmación empírica. En el comienzo de su libro Diosas, brujas y damas de la noche, de publicación más reciente, Calvera caracteriza, entre “las grandes diosas”, a Kali, deidad que encierra arquetipos de una ardua dualidad y cuyo nombre es la forma femenina de kala, “tiempo”, asociado éste a la oscuridad. Si uno de sus rostros es el de la “negra”, la “grande”, la magnánima “Madre del Mundo”, el otro nos desafía con atributos abominables: “Kali – señala Calvera citando el Mahanirvana Tantra - ‘devora toda la existencia… mastica todas las cosas existentes con sus dientes crueles’…’así como todos los colores desaparecen en el negro, así todos los nombres y formas desaparecen en ella’.” Y agrega, “Kali es el vacío, la terrible destructora que devora incluso las entrañas de Shiva… (…) La Dama de la Muerte es tan definitiva como el tiempo al que le da nombre, cuya rueda gobierna, cuya trascendencia posee”. (pág. 21) Nada yace extramuros del alma; debemos aceptar, como individuos y como sociedad, esa parte impugnada por indeseable (o acaso por demasiado deseada) de nuestra “sombra”, y el posesivo “nuestra” no es inocente: lo femenino no es una exclusividad de la mujer sino de la psiquis humana en general, y configurador del macrocosmos del que somos una sufriente síntesis. Ángela Gilardi, en un artículo titulado “El nuevo paradigma de lo femenino”, puntualiza así la cuestión de la “pérdida de lo femenino” y la necesidad de recobrarlo:
“La transición de la conciencia de lo femenino sagrado hacia una visión patriarcal y masculina de lo sagrado sacrifica y abandona lo femenino. Tanto en los hombres como en las mujeres, lo femenino se sumerge para pasar al mundo de la sombra, y desde el inconsciente emerge a través del instinto y la sensualidad, poniéndose al servicio del ego animal e identificándose exclusivamente con el cuerpo de la mujer.”
Lo cierto es que, acaso como expresión del incipiente “espíritu acuariano” de nuestros días, las civilizaciones actuales en caos se han permitido una expansión de conciencia sin precedentes registrados. Porque nuestra horripilante experiencia del kali yuga es también una instancia histórica que añora la participación holística de todos los seres y la armonización natural de todos los opuestos. Frente a posturas filosóficas harto influidas por el pesimismo nihilista y la angustia existencialista, o voces que anuncian la catástrofe de la tragedia moderna y de su “sujeto”, sus valores y sus paradigmas, otras búsquedas, enraizadas en la sabiduría ancestral y la mística no confesional, vuelven a plantear el problema del origen y el sentido, pero apelando al reconocimiento –condición sine qua non- de la naturaleza cósmica, libre y creativa del ser humano, despojado de la red de redes discursivas que, a través de sus grandes “narrativas”, lo controla hoy igual que un producto prediseñado. Entre estas últimas actitudes, José Argüelles, por caso, conocedor (y propagador) de los más altos misterios del pueblo maya, asegura que detrás los acontecimientos que nos llenan de pavor y de abrumada incertidumbre, un orden que desconocemos ha comenzado a instaurarse. Según su versión del complejísimo mensaje, la raíz del “engaño” universal que ha llevado a la humanidad a la desdicha y la ruina moral y material que actualmente padece es la tergiversación, la depravación deliberada que se ha ejercido sobre el tiempo y la medición del mismo. Sin avanzar en esa problemática, que excede definitivamente este comentario, sí puede, quizás, esbozarse algunos elementos en relación causal. Así, en razón de haber aceptado una caprichosa división división pseudo astronómica del tiempo (la juliano-gregoriana, para Occidente), heliocéntrica y obediente a todo un sistema políco-religioso que benefició formas y praxis patriarcales dominantes, el género humano ha perdido su libertad creativa originaria (el tiempo maya es esencialmente creatividad), sometiéndose a falsos discursos que sacralizaron las ideas tramposas del sacrificio, el trabajo, la sujeción al dinero, la competencia por encima de la cooperación, la necesidad de mediación sacerdotal, el supuesto control de los medios naturales y su aniquilación redituable, la enfermedad y el envejecimiento inducidos, etc. Lo que me interesa rescatar de este extraordinario proyecto de reprogramación mental y física, es el lugar que concede a lo femenino. No se trata de su estatuto social o su reexamen antropológico de la noción de género. Es la apología de su presencia a priori en el mundo natural y cultural (aun cuando esta última diferenciación no es del todo afín a este modelo mental). El Tzolkin, uno de los tres calendarios del pueblo maya que Argüelles contribuyó a descifrar, restablecería el orden galáctico fundando su medición del tiempo planetario en una sistematización lunar del mismo, en conjunción con el sol y el planeta Venus. El orden resultante (conocido como de “las trece lunas”) reubica las energías femeninas en tanto generadoras y reguladoras de todos los procesos físicos y psíquicos hasta ahora confinados en el exclusivo dominio solar. Esta versión contestataria tiene, curiosamente, un antecedente homólogo en la civilización europea de los siglos XII y XIII, cuando corrientes de pensamiento y de sensibilidad no “ortodoxas” irrigaron el cosmos masculinizado y estático de la alta Edad Media. Fue en el contexto de las Cruzadas a Oriente, la eclosión de la fe y las prácticas de comunidades como las de los cátaros y los albigenses en Occitania, y la ya incontenible influencia musulmana, que resurgió paulatinamente el antiguo “culto a la Diosa”, bifurcado en el ámbito del cristianismo en la exaltación oficial de la Virgen María y la veneración clandestina de Magdalena, la Hagia Sophia de los gnósticos.
Volviendo a Kali y la Gran Serpiente, cabe preguntarse entonces cómo conciliar semejante declaración de principios en el mundo actual con la desquiciante sombra femenina que parece proyectar el caos, entendido en general. A diferencia de lo que ocurre con el mito de matriz grecolatina, reluctante al inconcebible vacío y la discontinuidad, Kali, patrona de la mecánica cuántica, no sufre de vértigo, y, según lo apunta Calvera, “es el vacío”. En su libro Jung y el tarot. Un viaje arquetípico, Sallie Nichols examina detenidamente los pormenores mítico-religiosos, sociales, políticos y, sobre todo, psicológicos, de los veintidós arcanos mayores. Entre las figuras arquetipiales que podrían iluminar estas disquisiciones, hallo especialmente ricas las de la Papisa (Arcano II), la Emperatriz (Arcano III), la Rueda de la Fortuna (Arcano X), el Diablo (Arcano XV), y el Mundo (Arcano XXI). Cada uno podría ayudarnos a volver más inteligible la red de energías simbólicas que teje nuestro kali yuga del acuariano siglo XXI. Sin embargo, destacaré sólo el de la Emperatriz, la Isis-sin-velo en el mazo egipcio original. Ella es la Gran Madre nutriente universal (en contraste con la Papisa o Isis-con-velo, en la que mora la Virgen y el misterio no revelado), Madre Tierra, Madre Naturaleza, impulsora de la creación. Escribe Nichols:
“… Todos conocemos los períodos oscuros de amplia gestación que siguen a ello cuando nos encontramos sumergidos en el mundo lunar y acuático de la Papisa. Después, con suerte, amanece un día nuevo, un momento dorado en el que estas ideas que hemos tenido en la oscuridad empiezan a tomar cuerpo en la realidad… Una de las funciones principales de la Emperatriz es conectar las energías primarias del yin y el yang y darles cuerpo en el mundo de la experiencia de los sentidos.” (págs. 134-135)

Pero como de algún modo ya fue sugerido, los arquetipos reaccionan en términos mentales como “tendencias-hacia”, y viven según el principio de enantiodromía, es decir, la inclinación a transformarse en su contrario. De ahí que, al encarar la “sombra” junguiana de este arcano, Nichols descubra un subsuelo instintual recesivo donde están en vigilia la Madre Devoradora (de su varón, de sus hijos), la dominación egocéntrica, la lascivia, el estancamiento. Su tendencia básica es recobrar la posesión de la vida natural y la civilización: nada menos que todo. Así, uno de los tipos numínicos que la autora le asocia es justamente Kali, que encarna en sí el “agujero negro” nombrado en griego con el término kháos. En correspondencia con este útil retrato, Calvera afirma que “… la Gran Madre, señora de las aguas y el aire, la deidad de la tierra y la luna, baja al inframundo. El aspecto paradigmático de esta etapa lo configura la Kali hindú…”, merced a quien “la Serpiente quedó unida a lo negativo, la muerte, el lado oscuro” (pág. 60). En busca de “la unicidad serpentina”, rectora de todo su libro, la ensayista apela, igual que Dante, al Conocimiento de los gnósticos para aventurarse en “el descenso al inframundo”, como subtitula esa sección del capítulo “Regeneración y vía iniciática” (págs. 55 a 67). Obviamente, “inframundo” no es, en un registro psicológico, sino una metáfora ancestral del inconsciente colectivo. Todos (Cada Uno) somos también Kali, porque somos un anillo digno de la Serpiente: “Aquí y ahora – enfatiza Leonor Calvera en un momento de inspirada belleza-, el hombre en el universo se encuentra en un equilibrio precario que, a cada instante, transforma en orden/información. Sin embargo, por detrás se sigue escuchando el silbido de la Madre-Sierpe, el llamado de la energía primordial indiferenciada de la que estamos hechos: viento en el viento que gira, agua que forma remolino. Cuerpo eterno de la Serpiente cuyas manifestaciones finitas el hombre no ha terminado de escrutar” (pág. 32). A lo humano está deparado el caos tortuoso y dolorido donde la naturaleza concilia sus polaridades, en un bucle que no se permite repetirse jamás. Epifanía de la espiral que la simbólica geométrica atribuye a la expansión ascendente conjunta del principio masculino (el vectorial rectilíneo) y el femenino (la curva trazada por aquél). De nuevo, Jung, como la autora, nos alienta a creer en ése, nuestro propio caos, que es también el otro:

“El camino que conduce a la meta – sostiene- es al principio caótico e infinito, y sólo de una forma muy gradual se van acrecentando las señales de dirección hacia una meta. El camino no es recto, sino, en apariencia, cíclico. Un conocimiento más exacto de él nos lo ha mostrado en forma de espiral: después de ciertos intervalos, los motivos oníricos vuelven una y otra vez a formas determinadas que, según su clase, definen un centro.”

La clave radica, quizás, en no contemplar ese turbulento “agujero negro” como un vórtice al que nos arroja el karma colectivo y personal, el ojo del embudo cósmico donde todo se vuelve irreversible y azaroso, del que no “saldremos” idénticos a quienes éramos porque una parte nuestra se ha disipado desafiando la segunda ley de la termodinámica. Antes, probar el desgarro que nos reunificará, resolviendo, de algún modo misterioso, siempre desconocido, la discordia que aleja los opuestos dáimones de nuestro cielo interior. La misma danza universal que mueve las hélices de nuestro genoma y activa el Kundalini a través de nuestros propios vórtices hasta alcanzar la (femenina) visión interdimensional, es “esa energía, Serpiente primordial, [que] en el hecho mismo de la vida lleva implícito su contrario… es mera potencia que excluye la muerte, aun cuando no es vida propiamente dicha. Mas, en el instante que abandona el estado de manifestación y se torna vida, incluye su propia destrucción, destrucción que le permite seguir siendo -creando- vida” (pág. 154).
El individuo en proceso alquímico de autorrealización, el “sujeto en crisis” del precipicio metafísico posmoderno, constituye, en el fondo, la tierna materia de un ser andrógino, a sus anchas en el seno de la comunidad acuariana. Su dionisíaca imagen liberadora surge en el último arcano del tarot (El Mundo), entregada libremente al ritmo de la Cración adentro del “Huevo cósmico”. Es el “viejo mundo nuevo” al que alude Calvera en el apocalíptico (o sea, optimista y gozoso) capítulo final de su Historia…. En las antípodas del oleaje del tiempo, nuestros hermanos galácticos se hundieron con su Atlántida. El arduo camino iniciático del discípulo ha sido recorrido. La reconciliación con su oscuro enemigo interno lo ha devuelto a “casa”, al Dios del que partió como emanación entregada a la aventura de los ciclos, la suprema fuente del Caos, cuya esencia es ser todos los opuestos que el hombre debe genéricamente experimentar. Pero para eso le hará falta un don que cualquier dios codicia: un cuerpo, ese sueño de carne imantada que vibra al unísono con el erótico silbido de la Serpiente; esa frágil, efímera y, sin embargo, imprescindible morada de los sentidos que hace posible que Kali –la venerada, la abominable- cumpla con su labor en la tierra.

Gustavo Aritto


CRONOLOGÍA DE UNA LARGA TERGIVERSACIÓN
(No siempre la serpiente tuvo la mala prensa que sufre en la actualidad) Gaceta de Tucumán

La Historia de la Gran Serpiente es la cronología de una larga tergiversación. Hoy la serpiente tiene “mala prensa”, pero no siempre fue así. Por el contrario: en los albores de la Humanidad (los más antiguos hallazgos arqueológicos lo prueban) se la consideraba un ser mágico, sagrado. Es ás: en muchas mitologías es gestora (directa o indirecta) del huevo primordial del cual salieron las cosas y el mundo mismo. Con el progreso de las teologías se llegó a identificar a la mujer (principio femenino) con la serpiente. Tal como se nos explica en este libro fue la época del dominio de las diosas lunares, el matriarcado. En cierto momento los hombres se rebelaron contra ese estado de cosas e impusieron el patriarcado y los dioses solares. Como dice Leonor Calvera: “El reconocimiento biológico de la paternidad hubo de marcar una revolución en las costumbres arcaicas: el varón se declara jefe de familia, impone limitaciones a las mujeres, se hace cargo de muchas prácticas de culto.”
En mi opinión, si bien al abandonar los cultos lunares y pasar a los solares se inició una era de acumulación y violencia, llegar al Sol es una parte inevitable y necesaria de la evolución. Al principio las cosas se hicieron bien: lo solar y lo lunar coexistían y se ayudaban mutuamente.
Pero luego el dominio del varón sobre la mujer (especialmente en algunos pueblos) se fue acentuando, hasta que en el monoteísmo la mujer (y con ella la serpiente) llega a seer “el azufre”, “l símbolo del pecado y el origen de la Caída”, etcétera. El sexo femenino es “débil”, “fácilmente corrompible” y “presa de Satanás” y todo lo que ya conocemos. “La Gran Serpiente conoce la degradación, se convierte en materia despreciable. Se ignoran sus obras, se la deshonra, se masculiniza su poder. Su culto se irá extinguiendo progresivamente en tanto sus atributos y símbolos pasarán a adornar la cabeza, las manos, los pies de los ganadores.”
Primero se la incorpora (luego de derrotada) para utilizar su prestigio.
Después se la desacredita y anatematiza (en la etapa monoteísta más avanzada). Pero, mientras más grande la condena y la esclavitud de la mujer, tanto peor para el género masculino: en el momento mismo en que cree haber triunfado se queda sin compañeras.
El que comentamos es un libro profundo y complejo. El tema de la Gran Serpiente, tal como aquí está tratado, merece algo más que una nota: requiere atentas lecturas.

Graciela Scheines


SERPIENTES Y PESADILLAS
Atrévete

A partir de las recurrentes pesadillas que atormentaron a Leonor Calvera desde niña, y cuando esos sueños pasaron a ser vigilias de cuestionamientos e interrogantes sin respuesta, la autora decide de adulta encarar una investigación que le revele los más recónditos misterios del mundo de los ofidios y, sobre todo, de la Gran Serpiente. ¿Quién es ella? ¿Existe en realidad o es sólo una fantasía de los humanos como modo de canalizar sus necesidades y temores? ¿Cómo se manifestó este enigmático ser a lo largo de los tiempos?
Rastreando esas incógnitas, Calvera arriba a un libro originalísimo y único en su género que puede ser leído como una novela que descorre el velo en torno a la Gran Serpiente que se asoma en la aurora y amenaza desde la esfera del final apocalíptico.
Profunda y seria investigación relatada en un lenguaje adulto de exquisito estilo que ennoblece a las letras argentina, la Historia de esa Gran Serpiente profética y visionaria nos hace conocer a la primera antepasada que mostró a los hombres el maravilloso camino de la fantasía aplicada. Potencia y generadora, mujer y varón, de tierra, fuego, aire o agua, permaneció una en la diversidad. Ensueño y pesadilla, creación y ruina, amalgamados en su hierofanía: un denso velo que la separa del hombre aun cuando sea lo que a él la una. Velo que los hombres han procurado descorrer desde el mito ejemplar, por los meandros de la religión, el arte, la filosofía, hasta el tiempo actual. Un tiempo que se proyecta hacia el futuro en la incertidumbre de un Apocalipsis que regirá la Gran Serpiente. Un libro excelente.

Marcelo Ferrando


 

Diosas, brujas y damas de la noche


Grupo Editor Latinoamericano

Las brujas son un enigma. Hoy como ayer provocan curiosidad, malestar y un interés variopinto que oscila entre la credulidad y el escepticismo. A veces objeto de burlas y desprecio, otras veces acosadas hasta el exterminio, siempre consultadas, las damas de la noche atraviesan todos los tiempos y latitudes.
En el imaginario colectivo la figura de la bruja se asocia con el vuelo de una escoba, una bola de cristal para adivinar el futuro o ancianas junto a un caldero mezclando extrañas hierbas para el amor, el deseo o la muerte. ¿Responde esto a la realidad? ¿Es cierto que incluso llegan a dominar los elementos y pueden producir sequías, inundaciones o cualquier otro año a voluntad? ¿Son realmente personeras del mal o víctimas de prejuicios envidiosos que buscan distorsionar sus conocimientos y poderes?
"Desde las Grandes diosas de la Antigüedad hasta el actual Movimiento de la Diosa", Leonor Calvera transita en esta obra un territorio fascinante cuyo recorrido "constituye una aventura azarosa y difícil" que permite comprender el mágico y libre mundo de la brujería tanto como las reglas de juegos de las sociedades represivas.

COMENTARIOS

ENTREVISTA A LEONOR CALVERA
Por Moira Soto
Página 12 // http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-2443-2006-01-17.html

Chicas bravas

La relectura que Leonor Calvera hace en su último libro de los personajes femeninos, mitológicos e históricos, que rompieron el molde impuesto por el patriarcado, sumada a la erudición que rebosa, vuelve fascinante la lectura de Diosas, brujas y damas de la noche, un texto cuyo trasfondo traza la historia de la misoginia.

Rebeldes, sabias, insurrectas, vengadoras, desobedientes, místicas, refractarias al poder establecido, vampiras, santas, hechiceras: de esta laya son las figuras de mujer que habitan Diosas, brujas y damas de la noche (Grupo Editor Latinoamericano), el nuevo y cautivante ensayo de Leonor Calvera, un texto que prosigue y complementa las investigaciones desarrolladas por esta pensadora en Historia de la Gran Serpiente (Vinciguerra, 2000).

Feminista, activista de la primera hora del resurgir de los ’60, Leonor Calvera se ha especializado en religiones comparadas, ha traducido textos sagrados orientales como el Dhammapada y el Bhagavad Vita y ha escrito Las fuentes del hinduismo (Dédalo, 1979), Las fuentes del budismo (Leviatán, 1985) y Comentarios al Tao te King (Leviatán, 1989). En 1982, Calvera abrió nuevos y estimulantes caminos a la toma de conciencia feminista con El género mujer (Editorial de Belgrano), trabajo seguido por Camila O’ Gorman (Leviatán, 1986) y Mujeres y feminismo en la Argentina (Grupo Editor Latinoamericano, 1990). Su permanente empeño en hacer dialogar las religiones y los géneros le ha dejado espacio para componer dos libros de poesía: Mi casa en la ciudad, y Poemas y canciones a mi madre (1993). En una mañana tormentosa, entre rayos y centellas, Leonor Calvera brinda la entrevista que sigue a Las12.

La erudición que revela Diosas, brujas... no impide que sea un libro apasionante, al alcance de todo el mundo, que puede sorprender incluso a aquell@s lector@as más familiarizad@s con esta temática. ¿Partiste de conclusiones previas?

–Como me pasó con El género mujer, con Camila..., con La Gran Serpiente, en Diosas... me impulsó la búsqueda del conocimiento formativo y, por otro lado, desentrañar la madeja siniestra del funcionamiento de los grupos de poder con respecto a la gente, cómo se llega a dominar a gran cantidad de personas durante mucho tiempo. En varias de mis obras, entonces, el gozne está puesto en el análisis del poder.

Entre esa gente que es dominada, ¿las mujeres suelen ser las primeras víctimas?

–Exactamente. Sin desconocer que pueblos enteros han sido atrapados, a veces durante siglos, en estos mecanismos de poder. Cosa que, por otra parte, sigue sucediendo en la actualidad, pese a lo mucho que se habla de democracia.

Entre las grandes diosas y las figuras menores de la primera parte, no te detenés en las Diosas Madres del Paleolítico.

–Es que a ellas traté de perfilarlas en mi libro anterior: mi tesis es que de la Gran Madre Serpiente derivan todas las demás, que serían fragmentaciones de la primera Gran Diosa o como se la denominara en ese momento, porque estos nombres se los ponemos desde acá y ahora, con los parámetros culturales actuales.

Y masculinos, porque si hay un Dios Padre, tiene que haber una Diosa Madre...

–Claro, y tal vez el concepto no era exactamente ése. Hay un tema que estoy trabajando ahora, que es complementario de estos trabajos: la historia de la muerte a través de los siglos. Tema que de algún modo ya aparecía en El género mujer, en Camila y que está muy presente en Diosas..., donde me extiendo sobre una contracultura que se ha mantenido –a veces en forma subterránea– durante miles de años. En la actualidad, cada vez más, hay numerosas mujeres que se dicen a sí mismas brujas como una manera de volver a un pensamiento más abarcador, que no sea dicotómico masculino tradicional.

Entre otras interpretaciones que incita, Diosas... se puede leer como una historia de la misoginia. Es decir, del odio, el miedo, el rechazo, la interiorización de la mujer, apelando a diversos recursos, hasta los más crueles y aniquiladores.

–Sin duda estamos hablando de las raíces del miedo a las mujeres. En el caso de las brujas, uno de los objetivos era usarlas como escarmiento para que las demás mujeres no se desviaran de la norma, de los mandatos patriarcales. ¿Qué cosa más terrible que torturar y quemar para aleccionar a la mayoría?

Antes de la persecución de las brujas, explicás en detalle cómo fueron desvirtuados los rasgos originales de diosas como Kali, Hécate, Artemisa. Personajes como Lilith son borrados del mapa. Pero si hay un tema que nos toca de cerca en Occidente es el de la Virgen María, que desarrollás en la segunda parte.

–Prácticamente una invención de concilios y encíclicas, las fechas de celebración de la Virgen coinciden con los cultos lunares. Por otro lado, la virginidad fue reconocida recién en 1555 y mucho más tarde los dogmas de la Inmaculada Concepción y la Asunción. Realmente, la veneración a María fue un nítido caso de amalgama o apropiación, porque en el misógino panorama teológico de las primeras centurias cristianas se hizo sentir la necesidad de un principio femenino. Y fijate que ahora, en medio del caos, aparecen más y más vírgenes que ponen en evidencia la necesidad de rendir culto a una figura materna, protectora. La Virgen es una figura que no resulta conflictiva, es asexuada, no despierta los temores de la severidad de Dios Padre.

Es lo opuesto de la femme fatale...

–Obviamente, la contrapartida de Lilith, que tanta inquietud despierta, que les sorbe los sesos a los varones y les quita su poder genesíaco... Hay un temor masculino a la sexualidad femenina que está dando vueltas todo el tiempo. Por eso, pese a la supuesta libertad sexual actual, hay tanto chiste sobre sexo. Se dice en broma lo que nadie se atreve a reconocer en serio. En lo que se ve y se oye en televisión, el metamensaje es: “Ustedes son un objeto, nosotros las podemos sexualmente, no son más que un trozo de carne”. No hay horario que esté a salvo de este tratamiento denigrante de la imagen de la mujer. Creo que otra prueba del miedo masculino a la sexualidad real y autónoma de la mujer es el enorme avance de la paidofilia, que en última instancia no es otra cosa que falta de respeto a la alteridad femenina. Con una criatura, los hombres no se sienten cuestionados, son los amos nuevamente. Un análisis profundo de la paidofilia puede derivar en algunas sorpresas, si consideramos que esta aberrante práctica es un 98 por ciento masculina.

En los capítulos referidos a la Virgen María, al exterminio de las beguinas y más tarde de las brujas, se recorta la historia negra de la Iglesia Católica y su ambición hegemónica, política, económica...

–Es que la Iglesia se involucró muchísimo con el poder temporal de turno, incluso cuando pudo trató de someterlo a sus designios, desvirtuando el mensaje original del cristianismo. Se dio vuelta entonces, la doctrina del desprendimiento de bienes materiales, de genuina caridad... En algunos momentos, hubo grupos de monjes y monjas que fueron perseguidos porque querían volver a la pobreza original frente a una Iglesia que hacía todo lo contrario.

La cantidad y variedad de comunidades femeninas en busca de autonomía, de una cultura alternativa, de transmitirse conocimientos, fueron intentos reiterados de las mujeres de subvertir la situación de sojuzgamiento.

–Absolutamente. Lo intentaron a lo largo de la Historia y siempre fueron aplastadas por la fuerza, abatidas. Pero como después la Historia la contaron representantes del poder dominante, esta información se dejó de lado. Aun ahora hay muy poca gente que conozca la historia de las beguinas que después de todo fueron muchísimas y actuaron durante dos siglos y medio. Hubo beguinajes enormes, hasta de 18 conventos en Europa. El primer grupo surgió entre 1170 y 1175: después de un período de prueba de dos meses, adoptaban una sencilla vestimenta marrón, hacían votos de castidad de validez temporal y se avenían a una fuerte disciplina de trabajo. El papa Honorio III aprobó a estas “pías mujeres” y su número fue creciendo en Flandes, Alemania, Francia, Italia, a lo largo del Rhin. Rasgos distintivos de las beguinas fueron su cultura y su entrega a un fuerte misticismo. En 1325, una bula de Juan XXII afirmó que se debía considerar hereje a quien afirmase que Cristo no tenía bienes. Es el comienzo del fin de las beguinas. En 1310, Marguerite Porète es quemada por no querer retractarse de sus dichos en el libro Espejo de las almas simples. A partir de 1312, las propiedades de las beguinas, mujeres que en su mayor parte provenían de familias adineradas, son confiscadas, se obliga a muchas a casarse. En 1421 se disuelven todos los beguinajes y la persecución adopta forma de exterminio, unas cuantas mueren en la hoguera. Así se suprimió el primer movimiento de mujeres de la cristiandad y se borraron sus huellas. Del mismo modo que actúa el criminal, que después de matar limpia las huellas de su crimen...

El de las brujas es el genocidio del que menos se habla como tal, pese a la cantidad enorme de torturadas y asesinadas.

–Es cierto, no se lo menciona en el nivel de otros importantes genocidios, no hay un reconocimiento oficial. Una de las maneras de lograr que no se conozcan ciertas verdades es no integrarlas a la cultura general, marginarlas. Pensá que en la época en que acá se exterminaban las culturas americanas, en Europa se estaba quemando a muchísimas brujas. En realidad, tocar un tema de la mujer es tocar la cultura entera. Me interesa mucho últimamente la exploración de nuestro lado oscuro, que las brujas conocían muy bien. El mal que todos y todas tenemos adentro y a veces ponemos en figuras como las de las brujas para exorcizarlo. En tanto no reconozcamos esa parte siniestra en nosotros mismos, se la seguiremos atribuyendo a algún chivo expiatorio. Aceptemos la ambivalencia humana, nadie es de una pieza, de un color.

En tu ensayo no te olvidás de la gente pequeña, las hadas...

–Es un mundo maravilloso, que me conmueve. El libro está dedicado a mi padre y a su hermana, que amaban a la gente menuda: además de las hadas, los niños, algunos animales. Gente encantadora, es bueno que volvamos un poco hacia este pueblo.

¿Brujas y diosas se reciclan a fines del XX, comienzos del XXI?

–Creo que sí. Desde luego, no me refiero a las brujas de mercado, a la medida del consumo. Es algo cíclico: los grandes saberes terminan fragmentados y a veces desvirtuados, como en el juego del teléfono descompuesto. Hay pequeños grupos donde se encuentran el feminismo y el movimiento de la diosa, que tratan de vivir de acuerdo con sus propios ritmos, sus ideas, sus sentimientos y convertirlos en acciones, siguiendo una continuidad, una coherencia. Es lo que ha intentado hacer la gente espiritual de todos los tiempos, esos grupos que son como la levadura de la sociedad: vivir en consonancia, en armonía. Yo, como feminista, sigo creyendo en las utopías que pueden mejorar el mundo, contribuir al entendimiento, al pacifismo. Porque el problema es que estamos con una tecnología ultrasofisticada y con sentimientos anteriores al Paleolítico.



De Luis Tedesco:
Al finalizar la lectura Diosas, brujas y damas de la noche, puedo afirmar algo con absoluta y definitiva seguridad: nada de lo que escribió y escribe Leonor está manco de pasión, una pasión inteligente, una pasión emotiva y razonable, como querían los clásicos.
Siempre que se habla de un intelectual es bueno saber en qué lugar coloca el cuerpo: si dentro o fuera de la estructura de su pensamiento, si dentro o fuera de la sintaxis que nos comunica ese pensamiento, si dentro o fuera de la palabras, la sílabas e incluso las letras que, como murmuradores subjetivos de la interioridad, se expanden y desarrollan en ese objeto de resonancias impredecibles que es un libro.
El estilo no es más que eso: la manera en que el cuerpo marca a fuego el denodar de las palabras. Con esto quiero decirles que todo el cuerpo de Leonor Calvera está expuesto en sus ensayos, en sus poemas, e incluso en sus traducciones. Por eso, al leer este libro se puede advertir que no hay ninguna frase convencional, ninguna concesión automática al sentido establecido por el saber hegemónico, ningún lastre de convenciones heredadas y maniatadas por la institución cultural, ¡la institución cultural, la más peligrosa y represiva, la más maniatada por el precinto ominoso de la cognición autoritaria!
Vale la pena tomarse unos minutos y comparar las declaraciones de papas, obispos, prelados y pastores y otros dignatarios eclesiásticos en relación a los hechos de barbarie implementados por las instituciones que representan, por un lado, y la narración emocional comprometida y catártica de Leonor Calvera. En aquello no hablan las personas, habla el interés mezquino, subsidiario, y retórico de las instituciones. Sus pequeñas manifestaciones de arrepentimiento no conllevan la necesaria, la impostergable devoción sacrificial que impone la magnitud de los crímenes cometidos. En Leonor Calvera habla el ser humano, la íctima, la condición humana barbarizada por la tortura y el sometimiento. Así como Flaubert dijo "Madame Bovary soy yo", Leonor puede decir, y en realidad su estilo loo dice, "Marguerite Porette soy yo, Juana de Arco soy yo… Todas las mujeres y hombres torturados y quemados por los genocidas encaramados en la patronal espiritual , todos ellos soy yo."
La virtud del libro de Leonor no se circunscribe a su extraordinaria capacidad de organizar la gigantesca masa de información disponible, a su claridad expositiva y al ágil discernimiento con el que nos lleva a lo largo de toda la historia. Diosas, brujas y damas de la noche es la obra de una poeta, de una gran poeta; por eso, allí donde la prosa expone con rigor y denuedo objetivo la maquinaria del exterminio, la poesía horada hasta encontrar la veta, el sentido sensible del acontecer, la razón indestructible de nuestro estar en el mundo. No hay belleza sin alegría, no hay alegría sin el resplandor de la bondad. Este libro está escrito desde la suprema instancia de la bondad, buscando la alegría torturada por los masacradotes de la libertad, y depositando en la belleza el desafío espiritual que nos impone sabernos sometidos por las reglas de juego de las sociedades respectivas.


De Gabriela Christeller:
Leonor: tu libro es estupendo; me asombra tu capacidad de acometer montañas. El tema a mí me tumbaría con vértigos.
Yo estoy bastante en la alquimia con los grupos de Bernardo Nante, y entre la psicotrónica y el hermetismo puedo de veras apreciar tu libro. ¡Gracias, gracias por todo tu trabajo y arte!


De Fernanda Gil Lozano:
"Diosas, brujas y damas de la noche": con este hermosos título Leonor Calvera escribió un texto que nos sumerge en un tejido de experiencias femeninas sutil y delicado.
En este ensayo, mito e historia no están planteados como universos opuestos, a pesar de sus diferencias intrínsecas, sino que fueron expuestos como dos formas afines en el relato ordenador de la realidad. En nuestros días, solemos pensar a la ciencia y el mito como dos universos opuestos. Incluso, muchas veces, afirmamos que algo es "científico" como sinónimo de verdadero, y que algo es "mítico" como expresión de una situación errónea, falsa o equivocada. Esta oposición tajante entre la "verdad científica" y la "falsedad mítica" surge de una repetición de hábitos, que inhibe el pensar lo que se dice habitualmente. Si pensamos el significado del relato mítico y del conocimiento científico desde una perspectiva amplia, quizá podamos advertir que mito y ciencia poseen, en un nivel profundo, más afinidades que diferencias.
Las brujas son un enigma. Su concepto esconde una variedad antropológica acallada a través de las culturas y el tiempo, convoca una extraña relación con el origen conceptual de lo femenino como rebelión, poder y coraje. Su oscuridad original caracteriza a la historia de la sombra, a la historia de las entidades negativas.
El libro está dividido en seis partes consecutivas de la historia de las representaciones femeninas y las mujeres de carne y hueso protagonistas de las mismas. Esta secuencia tiene la marca particular de cada momento histórico y espacio geográfico y, a la vez, la repetición de "lo mismo", uno de los factores más importantes para producir lo siniestro. Otto Rank insiste en el hecho de que "el doble" fue primitivamente una medida de seguridad contra la destrucción del yo, un "enérgico mentís a la impotencia de la muerte". Sin embargo, cristianismo mediante, se produjo un cambio profundo que llevó a la demonización de la sombra, del doble, que la cultura va a explotar al máximo para visualizar la sombra, lo segundo, el dos como negativo.
Lo segundo, el doble, la sombra, lo femenino, comenzó a expresarse como parte oscura del alma, del cuerpo y de la vida, donde nace la negatividad. Lo femenino autónomo e independiente representó la reduplicación negativa. Además, esa parte negativa, negada fue y es testigo de las maldades perpetradas por el primer elemento del binomio, por eso la intención de reducirla al silencio en el mejor de los casos y a la misma muerte en sus versiones más extremas.
La persecución de las brujas, fenómeno de la época moderna, debe leerse como parte de la historia de disciplinamiento del género femenino: el prostíbulo, el convento o el matrimonio, el resto fue sospechoso.
Al enfocar la mirada en el cuerpo como elemento activo en la constitución del sujeto, nos enfrentamos con las diferencias anatómicas, no sólo porque la cultura se encarga de darles una significación particular, sino porque la psicología constata que entre varones y mujeres promedio hay diferencias psíquicas que habría que explicar de alguna manera.
No se puede hablar de cuerpo femenino sino a partir de considerar la diferencia sexual y la inscripción simbólica que conlleva. Particularmente compleja y enigmática es la evolución de las mujeres. Desde el psicoanálisis, la pregunta que vertebra la discusión es: ¿Qué desea una mujer? Como historiadora, pienso que tal interrogante teórico no puede dejar de acompañarse con la mirada hacia la situación social y política de las mujeres. Es decir, desde el campo social se dibuja una problemática que sorprende por sus características prácticamente universales: la subordinación de la mujer y la sobre-estimación social de la actividad masculina. La fórmula varón dominante-mujer dependiente, que ha transitado épocas y sociedades, habla de condiciones socio-culturales asimétricas que muestran que la diferencia sexual, entreverada con el funcionamiento del poder, ha resultado opresiva para las mujeres. Comprender el papel estructurante del orden simbólico, las redes de lo imaginario y la constitución de lo real son los fundamentos metodológicos para ir construyendo un saber que pueda abrir las problemáticas teóricas sin caer en esencialismos que niegan el carácter histórico de la subjetividad.
Después de la lectura de este libro entiendo que existe una fractura en lo concerniente a la fundación del cuerpo femenino, lo que dificulta el encuentro pleno y gozoso con ese cuerpo, al tiempo que determina una angustiosa relación con sus posibles imágenes. El narcisismo de las mujeres es lucha por la valoración y defensa de su propia existencia del ser mujer y su cuerpo, y a la vez reclamo al otro que nos excluye.
En este desencuentro se ubica la tensión que posibilita la imaginación creativa y el orden científico como un gran relato integrador de las experiencias de las mujeres con sus representaciones, símbolos y cuerpos. Estos cuerpos femeninos nunca dominados ni plenamente liberados han danzado por el tiempo y el espacio tejiendo una curiosa experiencia cósmica. El silencio de las palabras que no fueron comprendidas con la magia de las milenarias artesanas de la historia y con hábiles manos se escribió como un bordado una imagen polisémica que pudo reunir todo el universo de la pasión. Así, una interminable historia de hojas blancas relata la trágica historia de la sangre roja que fluye sin aliento desde la matriz de los cuerpos silenciados.


De Marcelo Wiman:
Leonor Calvera recientemente ha puesto a la consideración pública su última obra titulada "Diosas, brujas y damas de la noche". Su lectura confirma los altos méritos evidenciados en sus libros y artículos anteriores, ratificando, en su carácter de escritora, poeta y ensayista, la fluidez y profundidad de su oratoria que es su constante en la conversación diaria, en su labor dentro del grupo Némesis, en sus conferencias o cuando en razón de su prestigio le encomiendan la presentación de un libro.
Se trata de una labor enjundiosa, avalada por una extensa bibliografía de múltiples autores comprendidos en una amplia gama de tendencias de la que ha extractado y trascripto, en su médula, las opiniones pertinentes, en apoyo de sus propias convicciones, convirtiendo la obra en una exposición sumamente documentada, realizada con un lenguaje claro, de fácil interpretación, incluso para los lectores neófitos, los que sin mayor esfuerzo, al recorrer sus páginas, quedarán atrapados hasta el último capítulo. Sin embargo, la sencillez de la redacción no obsta para que los que tienen el hábito de la lectura valoren, en su justa medida, los conceptos profundos vertidos en sucesivos párrafos que impulsan a poner en marcha la capacidad de razonamiento para extraer, de lo insinuado y no dicho, las pistas que les permitan entrar en el juego que la autora propone, esto es, compaginar en base a las piezas-pensamientos del gran puzzle literario, la imagen final, que no será precisamente la misma para todos, siendo, pues, la capacidad, la ideología y el intelecto de cada lector quien en definitiva la determine.
En efecto, "Diosas…", leído como libro de texto, configura la más atractiva y completa historia de la brujería en su connotación seria, científica, totalmente apartada de la idea que, por efecto de la superchería, se ha hecho carne en la consideración de la mediocridad, o en el folclore popular. Pero también es lícito admitir que la teoría expuesta por Calvera sobre la realidad y la vigencia de la brujería, avalada por la sólida documentación y sus personales aportaciones, es el mayor valor de la obra. No nos cabe duda sobre su aseveración de que el genoma humano, en su vasta complejidad, produce con frecuencia seres superdotados que sobresalen en las diversas disciplinas, ya sea en la filosofía, en la religión, en las artes y otras múltiples actividades. Algunos de estos hombres excepcionales llegan a concitar la atención de multitudes a tal punto que sus seguidores sentirán por ellos tal fascinación, según su fe, convicción o interés, para darles el carácter de genios, brujas o dioses. La existencia, tanto actual como pretérita, de estos privilegiados capaces del buen manejo de las hierbas (base de la farmacopea moderna), de curar y poseer poderes extra-sensoriales es indiscutible por más que se les niegue a las brujas estas facultades que los detractores sí les adjudican a profesionales o a individuos endiosados o santificados por movimientos religiosos, según se trate.
En mi modesto entender, el libro presentado va más allá de la simple historia de los hechos referidos a la brujería, porque su autora de continuo va aportando pistas para construir otras figuras del puzzle, como la que se obtendría de la respuesta de Artemisa ante la pregunta si ella es hija de Zeus y de Latona. Es evidente, aunque la autora no lo dice de manera directa, que las diosas y los dioses griegos y todas sus variantes, nos contestarían que todos ellos tienen como padres reales los mandatarios del poder helénico, que les dieron larga vida para utilizarlos como factores de dominio y usufructo del pueblo.
De entre los innumerables enfoques que se pueden realizar en el texto de "Diosas.." uno, no menor, es el vinculado con la metamorfosis experimentada por los Dioses principales y menores a partir de remotas épocas en que los trogloditas y hechiceros de la prehistoria eran los intérpretes, ante la tribu, del poder atemorizante que emanaba de los misterios vitales y de los meteoros inexplicados, los que aún o tenían representación humana. En la medida que la mente de los primitivos se perfeccionó, el aspecto religiosos se hizo más complejo y en tanto la filosofía (ciencia) comenzó su avance, la teología, sin distinción de etnias y estados, fue su compañera, transformando a los Dioses en seres con caracteres humanos o semihumanos, hechos a su semejanza, con los que se podía mantener diálogo directo a través de individuos elegidos por ellos. Como se desprende del texto, aunque parezca que toda religión es nueva, única y verdadera, no es más que la suplantación de la o las anteriores, en base a la apropiación de ritos, celebraciones y deidades, en muchos casos con el simple procedimiento de cambiarles los nombres. Eso sí, las que transitoriamente prevalecen tratarán de estar asociadas al poder terrenal, adoptando adecuadas norma de convivencia, adaptadas a principios éticos, morales y sociales.
Las historias que Calvera enumera también ponen de manifiesto que las organizaciones estructuradas no ahorraron esfuerzos y violencia para consolidarse y desarrollarse ecuménicamente, siendo un buen ejemplo de tanto horror "la caza de brujas" que involucraba a éstas y a sus pares, los herejes. Es tal el espanto que provocan los relatos de los sucesos históricos, que por su monstruosidad más bien parecen extraídos de la ficción y cuesta creer que el género humano los haya provocado. ¿Será, tal vez, porque las brujas rebeldes ante tanta degradación hayan pensado que la vida tal como se daba era peor que la muerte?
Resulta obvio señalar que la redacción de este ensayo es pulcro, de tema comprometido pero no polémico, escrito con gran economía de adjetivaciones, las que surgen por sí solas aunque no estén explícitas y convierten al libro presentado como ejemplar recomendable por su carácter didáctico, indispensable en toda buena biblioteca y elemento obligado de consulta.
Como colofón, nada mejor que transcribir el último párrafo de esta valiosa obra: "La necesidad de un salto cualitativo en el estar del ser humano en el cosmos ha legitimado a ala brujería como religión, creando así el último baluarte de la utopía.


De Jorge Villanueva.
Publicado en el boletín del Instituto de Psicología Paranormal. Mayo de 2006
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La autora, una especialista en cultura de la India y textos sagrados de extremo oriente- presenta un compelto estudio de las prácticas de la hechicería desde las grandes diosas de la antiguedad hasta el actual movimiento de la Diosa. A poco de leer Diosas, brujas y damas de la noche advertimos la enorme complejidad de fenómeno de la brujería, que atraviesa a la mayoría de las organizaciones sociales conocidas, y adquiere caracteres propios en cada tiempo y lugar. En términos generales, las brujas han suscitado siempre temores y recelos. Sin embargo, este miedo de base a sus capacidades o facultades se transforma en letal cuando se mezcla con figuras como el Diablo, los herejes o cualquier otra figura -como ocurrió con la caza de brujas de los tiempos oscuros. En consecuencia, resulta evidente que hablar de la brujería es analizarla dentro de las distintas modalidades de poder en que se inscribe. Un poder milenario que se ha manifestado a través de la violencia en todos sus grados. No existe sociedad donde no se haya producido el fenómeno de la brujería. Lo conocen los esquimales y lo conocieron los egipcios. No lo ignoraron los sumero babilónicos ni los griegos, ni los romanos. Era corriente en la epoca de la redacción de los textos fundacionales judeo-cristianos y persiste en el cenit de nuestra sociedad posmoderna tanto como en las denominadas culturas primitivas. De acuerdo a Calvera, en la civilización occidental, la historia de la brujería puede dividirse en tres grandes períodos o etapas. La primera, la mítico lunar, parte de un tiempo ignoto y se caracteriza por la presencia de las grandes diosas. Hay quienes suponen que en las cuevas del Paleolítico pueden advertirse formas rudimentarias de este culto y su probable objeto de adoración, que luego se manifestaría en complejas formas de adoración. Ese culto fue sufriendo modificaciones y agregados, adaptándose a los diversos tiempos y lugares. Así, florecieron en la Edad Media y en el Renacimiento con particularidades propias: es la brujería del pacto hasta configurar la segunda etapa, momento en que se producen las más grandes persecuciones conocidas que casi acabaron con la cultura de la brujería. Mantenida clandestinamente, vuelve a surgir siglos después, marcando el ultimo y tercer período, el actual, que se divide en dos ramas: la satanista y la del regreso a la Gran Diosa. Leonor Calvera lleva acabo un trabajo de investigación histórica diáfano y promenorizado que merece ser reconocido.



Camila O`Gorman en Que viva el Restaurador

Soy argentina, hija de argentinos, nieta de argentinos y gran parte de mi familia, aun la del apellido Barba, está en el país desde la época de la colonia. La instrucción primaria y secundaria la recibí en el Colegio de Rosario entre los años 1943 y 1957, un colegio de monjas de media clausura que, en aquel entonces, era bastante exclusivo. Todas mis maestras y compañeras, sin excepción, eran hijas de inmigrantes, inmigrantes ellas mismas o nietas de inmigrantes las menos.
Yo siempre sentí que el hecho de tener una arraigada prosapia nacional me hacía parar de una manera distinta frente a los hechos y personajes de nuestra historia. Escuché cómo se enseñaba que los caudillos eran unos gauchos salvajes, semi-analfabetos, pendencieros y crueles; escuché que Rosas era un tirano sangriento, perseguidor a ultranza de todo lo que pintara a cultura y que había mandado a asesinar a cuanto “doctor” se cruzara en su camino. Se mezclaba el unitarismo de Lavalle, considerado un santo, con la ferocidad de Borrego, un malandra y, aunque Urquiza se declaraba “federal”, el hecho de haber derrocado a Rosas lo convertía oficialmente en unitario. Aun de niña yo sentía que algo no cerraba, que las cosas no eran así de lineales y que algún duende travieso, o político, en algún momento de la historia había distorsionado los hechos y maniobrado la historia oficial.
Ya de grande, y con la responsabilidad de un ballet muy prestigioso, de ciento veinte integrantes, mis estudios universitarios completos y habiendo leído la otra “media biblioteca” que me contaba lo maravillosos y desinteresados que habían sido los caudillos y cuán impoluto y sin manchas había sido el paso de Rosas por la Gobernación de Buenos Aires, buscaba yo algún tema interesante para introducir motivos de nuestra historia en una obra que conjugara teatro con danzas. Casi por casualidad me encontré leyendo el libro de Leonor Calvera Camila O´Gorman o el amor y el poder y de pronto la obra, que en 1994 se llamó “Viva la Santa Federación” apareció clarita en mi imaginación y en mis oídos comenzó a sonar la música de Pedro Esnaola, que daría el marco coreográfico; la parte teatral la interpretarían los integrantes del Teatro La Máscara.
Ya en el 2010, y dirigiendo el Elenco del Teatro del Colegio Gremial Médico del Chaco, retomé aquel trabajo de Leonor Calvera, que tanto me había impresionado, para hacer una obra exclusivamente de teatro que me permitiera desarrollar más profundamente la línea bajada por la autora de Camila O`Gorman.
Pienso que Calvera se plantó en el numen del problema, se instaló en el centro de una esfera, que sería la época rosista, desde donde podía observar hacia todas las direcciones y en todas las dimensiones, en forma radiada, los acontecimientos, la estructura social, la función de hombres y mujeres dentro de la misma, la religión influyendo dentro y fuera del Estado, el problema jesuítico, las reacciones de las distintas clases sociales a través de personajes secundarios que presenta y, utilizando la conocida historia de amor de Camila y Uladislao Gutiérrez, nos plantea conflictos del alma humana de todos los tiempos influida por la educación y las convenciones. Su análisis es objetivo, con sólidos conocimientos históricos.
Rosas dejó de ser un demonio o un ángel salvador, poniendo de manifiesto a un hombre imbuido de un poder casi omnímodo, que actuó como quiso, como creyó era lo mejor dadas las circunstancias y de acuerdo a sus fines…o como pudo. Resaltan las presiones de unitarios y el clero sobre el poder y del poder sobre ellos en un marco de temor y frente a la amenaza de grande potencias extranjeras utilizada como excusa…o necesidad de implantar a ultranza el orden interno.
La relación y la huida de Camila y Gutiérrez ameritaba pensar, dado el desarrollo de los acontecimientos, tras el descubrimiento del cura Ganon en Goya, cuál era el real motivo por el que los fugitivos no aprovecharon su última noche de libertad para cruzar la frontera con Brasil y huir del castigo prometido. Por ello me permití incluir en la obra de teatro dos monólogos que pusieran sobre el escenario una de las posibilidades, que era la que yo más creía.
Pasado el primer tiempo de pasión y enfrentados a la realidad de la vida rupestre que permite Goya (yo vivo relativamente cerca y he viajado a Goya e muchas ocasiones), estos dos seres acostumbrados a la vida cómoda y confortable de Buenos aires, comienzan a replantearse interiormente si acertaron en su decisión de abandonarlo todo en pos de un amor al que no le ven futuro. Cada uno se encierra en sí mismo ante el temor de dañar al otros con sus dudas, pero Uladislao extraña, cada vez más, los dorados y oropeles de las iglesias y el poder sobre los fieles que le suministraba su condición de cura, además de una conciencia que no le permitía olvidar que sería sacerdote hasta su muerte. Camila comienza a renegar del trabajo rudo que está obligada a hacer en el rancho donde viven; los naranjales y la quinta afean sus manos y rostro que se va ajando, recuerda con nostalgia las tertulias porteñas donde podía lucir el brillo de sus joyas; el cansancio la gana y se replantea si su sacrificio fue en vano. Ninguno de los dos cree que Rosas cumplirá la promesa de fusilarlos; ella piensa que por ser niña de sociedad, de la sociedad rosista, será recluida en un convento por un tiempo que permitirá acallar los reclamos de unitarios, federales, periodistas, etc. É está convencido que lo salvará su condición de cura y será destinado a misionar en tierras lejanas, más perteneciendo a la Compañía de Jesús. Creo que en realidad los dos querían volver. El desenlace es por todos conocido.
Muy inspirador me resultó el capítulo que Leonor Calvera titula “Los protagonistas”, donde describe en un estilo muy particular la articulación, o no articulación, de las distintas clases sociales y la relación de sometimiento de la mujer al hombre, mucho más acentuado en las altas, y su relación con la política del Restaurador. A partir de esto construí dos actos, uno titulado “En casa de los O`Gorman” rosistas por conveniencia y de sometimiento total de la mujeres de la familia, y otro titulado “En casa de los Villalba”, de clase social baja pero que se insinuaba en ascenso (comenzaban las quintas y plantaciones frutales en Goya) y, pese a ser del interior del país, estaban fanáticamente de acuerdo con el accionar de Rosas. En ella la situación de la mujer, trabajando y produciendo casi a la par del hombre, hacía oír su voz con algún resultado.
L obra, ahora con el nombre Que viva el Restaurador, fue declarada de Interés Cultural por el Instituto de Cultura del Gobierno del Chaco mediante resolución 0552/10, y estrenada en julio del presente año, en el Salón Auditórium  del Colegio Médico Gremial, con singular éxito. Largamente aplaudida por un público integrado, en gran parte por profesores de historia, escritores, artistas y profesionales universitarios en su primera presentación, fue subida a escena nuevamente en varias ocasiones en Resistencia y ciudades del interior de nuestra provincia como General San Martín y Charata y tiene presentaciones próximas en Barranqueras y Fontana.    

MARÍA EMILIA BARBA