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Acerca de la autora

Leonor Calvera ha realizado una vasta labor en los estudios de género tanto como en la traducción de textos sagrados orientales, tales como el Dhammapada y el Bhagavad Gita, habiéndose especializado en religiones comparadas.

Por aquello de "por los frutos los conoceréis", estas son algunas de las obras publicadas:

Poemas y canciones a la madre (Grupo Editor Latinoamericano)
Mi casa en la ciudad (Ediciones Dead Weight)
Poetas del misticismo español (Hastinapura)
Las fuentes del hinduismo. (Dédalo. 1979)
Las fuentes del budismo. (Leviatán. 1985)
El género mujer. (Editorial de Belgrano. 1982)
Camila O´Gorman o el amor y el poder (Leviatán. 1986)
Pro y contra las mujeres (Leviatán)
Mujeres y feminismo en la Argentina (Grupo Editor Latinoamericano. 1990)
Bhagavad-Gita (edición agotada) (Leviatán)
Cometarios al Tao te ching. (Leviatán. 1989)
Tao-te-king (edición agotada)
Historia de la Gran Serpiente (Editorial Vinciguerra. 2000) - leer comentarios >>
Diosas, brujas y damas de la noche (Grupo Editor Latinoamericano) - leer comentarios>>
Entre las palabras y el silencio (Leviatán. 2009) - leer comentarios>>
El paso de la muerte (Grupo Editor Latinoamericano. 2010)



El paso de la muerte


Grupo Editor Latinoamericano, 2010

No hay para la razón escándalo mayor ni incógnita más grande que la muerte. Si bien forma parte del suceder de la vida en tanto consumaciòn de un ciclo, la idea de una desapariciòn permanente, de un eclipse absoluto,ha sublevado la mente y el corazón del hombre que la tomó como eje en casi todas las concepciones religiosas y filosóficas.
En El paso de la muerte, Leonor Calvera sostiene la premisa de que no se puede comprender la vida sin analizar la idea de finitud. En procura de investigar sus huellas, partiendo de antes del Paleolítico,estudia los procedimientos funerarios desde los primeros y sencillos enterramientos con flores hasta culminar en la época actual. El extenso recorrido es multicolor y variado: ese caleidoscopia abarca tanto las suntuosas concepciones que forman la base de la civilizaciòn occidental como las crueles regiones del sacrificio y las sabias especulaciones de Oriente. En cada punto, en cada estación. la muerte aparece estrechamente ligada a todas las expresiones de la vida: el arte, la religión, las normas éticas, las distintas formas de convivencia, la estructura misma de la sociedad.
La muerte acompaña las acciones de los seres humanos como una sombra o un telón de fondo, dándoles, tácita o explícitamente, su sentido más profundo. En nuestros días, en cambio, la afirmación del aquí y ahora aparece casi como la única representaciòn válida del ser, con exclusión de cuanto se relaciones con el más allá. Sin embargo, pareciera que no tomar en consideración el enigma de la muerte es una mala apuesta que desemboca en un desastre espiritual. Mientras tanto, el pensamiento profundo y reflexivo nos recuerda que quizá sea una ingenuidad pensar que el hombre meramente muere sin apelación, sin transitar ninguna otra instancia.

Luis O. Tedesco

Entre las palabras y el silencio


Leviatán, 2009




Entre las palabras y el silencio recorre las múltiples maneras en que el ser se expresa, mediante la palabra, su necesidad y su capacidad de dar y recibir.
El lenguaje conserva todo su misterio, su virtud creadora. Este texto se transforma en guía y fuente de cautivante lectura.

COMENTARIOS

Leonor Calvera es una incitadora literaria. Cuando terminamos de leer uno de sus libros, y en este caso el que se presenta hoy “Entre las palabras y el silencio” nos queda un sedimento, una ráfaga, el impulso de seguir reflexionando, ahondando en los temas que ella siempre aborda con pericia y rigor.
El silencio está poblado de palabras, el inconsciente en es un reservorio de palabras. La vida es un texto ha ser leído y Leonor tiene el don de la palabra escrita.
Ella afirma “la escritura es la forma silenciosa de la palabra hablada”; entonces va tejiendo un tapiz circular de palabras y al terminar se adentra en el silencio. Hace una danza de derviches en el éxtasis de la palabra y salta al vacío para penetrar los goces del silencio donde habita la plegaria, el rezo, el encuentro con el ser interior e indaga. Es allí donde se diluyen los opuestos y la palabra es silencio y el silencio palabra. Escribe “Ha sido tarea del poeta componer el silencio desde las palabras, introducirles aquello de lo que originalmente parten”.
Leonor ha activado mecanismos, rituales, mantras y oraciones en su silencio profundo. Ha reverenciado el lenguaje, las sílabas, la palabra todavía no dicha. Y hay que viajar por hondonadas para arribar a una costa donde el mensaje puede estar escrito en la arena, en un cuerpo, en la sutil ala de una mariposa.
Lo que decimos es lo que somos, cada palabra emitida es un sonido que viaja por el universo; Leonor lo sabe, conoce acerca de la palabra de poder, de los mecanismos de dominación a través de un discurso, de la réplica , de un mensaje. Aborda la palabra desde todos los ángulos posibles y despliega su conocimiento, su vocación de tejedora silenciosa que siempre nos ofrece su visión del mundo.
Es mujer y exploradora, buceadora de su tiempo y de su entorno, nos advierte acerca de la dicha y el miedo y escribe “el aliento se hace palabra y la palabra se hace canto. El canto es el símbolo que religa, reúne a la criatura con la potencia creadora, es la alegría humana frente a la creación a la que adora y teme, es la tristeza de su soledad ontológica”. Y ese temor es la ausencia que también recorre el libro y que aflora en el capítulo Los grandes silencios. En el duelo exclama “ dolor en el corazón, dolor en la vida por quien ha partido. Su ausencia nos deja a solas con nosotros mismos, sin su amor , sin su consejo, sin su voz. Desconsuelo y llanto, pena y angustia son nuestro pan cotidiano. Nos embriagamos con las notas más tristes. A veces la palabra se hace canto.”
Es muy interesante recordar a Wittgenstein cuando sostiene “ de lo que no se puede hablar es mejor callarse” o “los límites de mi lenguaje significan los límites de mundo”. El apela a la práctica zen y según ésta es posible recuperar el estado de no lenguaje mediante el ejercicio del silencio.
Quizás cuando el verbo no existía el ser vivía recibiendo en silencio los poderes de la madre naturaleza. Era un silencio apacible y los humanos se hacían uno con el universo.
Advino la palabra y el ser se agitó. Tuvo que convivir con la palabra y el silencio, el abismo entre estas dos sensaciones fue una lucha permanente, un combate secreto, ya no podía vivir sin la naturaleza sin doblegarla, sin servirse de ella.
Leonor se sumerge en estos temas buscando el sentido.
Navega en la violencia de la prosa, en el círculo de la poesía, en la palabra y la oración, en las palabras de poder, los grandes silencios y los lenguajes del amor.
Palabra de honor, dar la palabra, la última palabra, palabra santa, don de lenguas, profetizar. Transitamos la ética, la profecía, la oración, la negación a través de la palabra.
Leonor nos recuerda a Ortega y Gasset cuando exclamó “la lengua es el hecho en que más clara y puramente se dan los caracteres de la realidad social y, por eso, en él se manifiesta con incalculable precisión el ser de una sociedad”.
Y aparece la poesía, la visión de Leonor acerca de ésta, de su representación en la sociedad. La palabra en el poema que también nace del silencio. En ese reino todo sucede. Es un código de entendimiento, un vaso comunicante, una irradiación para conectarse con los otros más allá de los límites de lo tangible. Es conjuro, plegaria, alabanza y pasión. Las palabras como centellas que surgen de corredores internos, de parajes abandonados, de esperanza y fulgor, de cánticos antiguos.
Ella dice: “la verdadera poesía legitima el papel del creador en la sociedad cuando éste da vida a lo que callan el hombre y las cosas y se adentra sin miedo y sin dobleces en el corazón de la palabra”.
“Escribir es el modo de quien tiene la palabra como anzuelo: la palabra pescando lo que no es la palabra. Cuando esa no palabra – la entrelínea- muerde el anzuelo algo se escribió exclamó Clarice Lispector.
Leonor escribe: Las palabras pueblan el aire absorbiendo el oxígeno del decir verdadero. En la política, como en los medios, la palabra se ha vuelto tramposa escamoteando realidades y afirmando los que los hechos niegan. Y recuerdo a René Guenon cuando afirmaba acerca del abuso deplorable que frecuentemente se hace de ciertas palabras. Dijo: “No son simples negligencias del lenguaje; son síntomas de la confusión que reina por doquier en el mundo moderno, pues el lenguaje no hace, en suma, sino representar fielmente el estado de las mentes”.
Vuelvo al libro, señala la escritora “Bien sabían los monjes medievales que cuando aumenta la cantidad de seres entregados a ejercicios espirituales, a la práctica de la meditación y la plegaria, se van adelgazando las cadenas más pesadas del mundo que nos toca vivir. Por ello, se preocuparon que hubiera monasterios junto a las ciudades para ser posible que el tono de éstas fuera más elevado, para que no se convirtieran en cloacas de comportamiento sino que fueran el símbolo del triunfo sobre la materia”.
Es evidente que Leonor es conocedora profunda de los milagros de la palabra, de la carga energética que duerme en ellas posibilitando hurgar, desenterrar misterios ocultos, repitiendo plegarias en voz baja para arribar al silencio. Reingresar a las fuentes, a las cosas que designa. Y la palabra viva comienza a fluir en arabescos, en crucigramas, nos arroja hacia un campo misterioso, hacia atrás en el tiempo, allí donde se emitió la primera palabra.
Me gustaría citar al pensador brasileño, José Trigueirinho Netto cuando decía, y resumo al máximo sus apreciaciones acerca de la palabra: “El hombre común se distanció de la esencia que debería animarla. Como consecuencia los idiomas actuales no retratan de manera adecuada las realidades del mundo interior”. Y acerca del silencio escribió: “Cuando se conoce el silencio se conoce el amor. El silencio viene al encuentro del ser cuando éste se vuelca al interior de sí mismo. Fuente de sabiduría, en él están la paz y el poder de la trascendencia”.
Este libro nos tienta, nos aguijonea, nos impulsa a valorar el instrumento, la herramienta que manejamos los que escribimos. Salimos del libro por un corredor luminoso hacia la tensión del mundo exterior pero con la certeza de la belleza reencontrada; cada página origina el deseo de reposar en el silencio de la palabra no dicha todavía, ésa que duerme en el corazón de los que se aman y en el ser que partió y ya no escucharemos. Nadie permanecerá indiferente ante este texto revelador.

María del Carmen Suárez

 

 

PALABRAS Y SILENCIOS


Duro es el mandato de la poeta:
nunca deberá confiar en el reposo que le brinda el alimento ajeno,
sino que, venciendo el miedo que la ata al juicio de las gentes,
ha de penetrar en su templo interior
y ser la palabra mágica, la pregunta eterna, la respuesta nunca dicha.
Leonor Calvera, Poemas y canciones a la madre


Todo libro de Leonor Calvera es, cuanto menos, inquietante.- “Entre las palabras y el silencio” , con un título sugestivo y sugerente , lo es en grado superlativo.- Corto y elocuente, nos ofrece desde su pasión por la búsqueda una magnífica creación literaria, elaborada a la vez como comunicación conceptual y estética en el marco de una travesía hacia un producto inmaculado.-

Leonor se introduce en el fascinante territorio de los eternos enigmas que siempre preocuparon – y preocuparán – a todos los seres humanos.-
Lo hace desde una óptica peculiarísima, original, con una mirada que impacta hasta los tuétanos y conmueve hasta las entrañas.-

Va recorriendo las múltiples dimensiones de las manifestaciones escritas y las voces verbales con las que varones y mujeres se han ido expresando en los más amplios de los sentidos.- Con “palabras recortadas contra el silencio, henchidas de silencio” , señala.- En esa expresión escrita que “es la forma silenciosa de la palabra hablada”.-
Desde el sonido del discurso donde se esconde esa presencia muda que todo lo envuelve.- ¡ Palabras que narran !.. ¡ Palabras que omiten!.. ¡ Silencios que cuentan!...
Ese sonido hecho palabra, esa palabra que es creación, esa creación que vela el silencio!...
Esa muralla de silencio que quizás pueda franquearse con la voz de la palabra!...

Simultáneamente , con el rigor de una estudiosa y la sensibilidad de una poeta , siempre tiene presente la sociedad real.- En su decir , no sólo describe: crea y produce.- Y ese valor performativo, constitutivo, lo convierte en determinante.- BIENVENIDO!!!.

Nos atrevemos a sostener que es una obra abierta, en el sentido antiaristotélico planteado por Brecht.- Y es también una obra de avanzada, en tanto pone en tela de juicio todo tipo de valores estereotipados , naturalizados , esclerosados y esclerosantes.- Con un movimiento sorprendente y audaz va atravesando y descorriendo los sutiles pero profundos hilos que forman la trama del orden establecido.-

Adscribiendo, compartiendo, o aún hasta eventualmente disintiendo con algunos aspectos en particular, queda clarísimo su desafiante esfuerzo hacia una CAPTACION TOTAL del universo sensible, inmensamente abarcativo en sus características relacionales y dinámicas, que se interna en los vericuetos de las fibras más profundas de la existencia misma.-

Así , va dibujando el tiempo y la palabra creadora , la imaginación y la CREACION EN TODOS LOS PLANOS, como única respuesta eficaz a la degradación de sistemas y sociedades.
Se identifica con la causación circular acumulativa , la estructuración y reestructuración de la naturaleza y la sociedad, la oposición a la muerte.-
Tiempo y palabras que son restituídos a la vida, que están siempre presentes, que se inscriben en el devenir bajo la impronta de la historicidad.-

Los comportamientos humanos son o tienden a ser significativos.- Recordando la feliz expresión de Lucien Goldmann podemos afirmar que los seres humanos propenden a hacer de su pensamiento , su afectividad y su comportamiento una estructura significativa y coherente.-
Es precisamente en esa perspectiva, en ese plano vital , donde se inserta la creatividad de Leonor.- Su refinada percepción y su enorme vuelo poético le permiten llevar hasta sus últimos límites ese proceso de estructuración y superar dinámicamente el antiquísimo conflicto entre las estructuras existentes y los factores de desestructuración.-
Expresado con deliciosa fluidez y una emotividad exquisita realiza un trabajo formidable para llegar a ese equilibrio óptimo entre una nueva racionalidad y el nivel de lo imaginario.-
Y es justamente en la medida en que una obra consigue concretar esa coherencia privilegiada , esa unidad interna sin fisuras , cuando se convierte en una creación literaria mayor.-

Leonor lo logra.-

En su enfoque modélico de la vía de análisis elegida elude con certeza el “factum brutum” al que se refería Lucáks , procediendo a una cuidadosa construcción que le permite la conexión vital para acercarse a las abstracciones más generales .-
Y es así, en ese despliegue concreto como va elaborando su pensamiento crítico hacia una totalidad de múltiples determinaciones.-

Quizás sea también un personalísimo aporte para tratar de superar la ancestral antinomia entre orden y caos.- Su orden sería el rechazo de un orden singular por una pluralidad de órdenes interrelacionados en una unidad esencial.- Por ello la obra es simbólica, ya que ese orden simbólico encierra una pluralidad de sentidos: … ¡ hasta el silencio de las palabras que no fueron comprendidas!...

Con una escritura sin conformismos ni hipocresías, sin ninguna concesión al supuesto “saber” hegemónico, va marcando el punto de partida de la intuición y de la representación , desgranando el origen de la cognoscibilidad desde su función en un conjunto articulado.-

Va perfilando entonces una apertura hacia lo posible proporcionando CREDIBILIDAD a esa posibilidad de cambio.- Ofrece esperanzas a la libertad y a la creatividad, valor y energía para buscar lo inesperado, liberando elementos disponibles para nuevas estructuraciones inéditas.-

Entre las palabras y el silencio” admite diversas lecturas desde miradas diferentes y distintas perspectivas sin traicionar la obra.-

El libro está ordenado en seis capítulos armoniosamente sistematizados, en los que va exponiendo conceptos sólidos recostados en una información precisa y documentada. - Con pulido vocabulario e impecable sintaxis nada se presenta pasteurizado ni aséptico.- Transmite un mensaje vigoroso , vibrante , fuerte y cálido al mismo tiempo, sin fracturas ni renunciamientos.- Por sus estupendas cualidades y excelentes atributos, cada uno de los capítulos podrían y pueden leerse independientemente: tal la potencia y el peso propio de su contenido.-

Para finalizar , nos parece suficientemente elocuente el último párrafo de esta valiosísima obra: “ NO ES IMPENSABLE QUE NUEVAS CONDICIONES DE VIDA, NUEVOS ENFOQUES EN LAS RELACIONES CREEN UNA RUPTURA ENTRE SIGNIFICANTES Y SIGNIFICADOS OBSOLETOS PARA PERMITIR LA APERTURA HACIA MUNDOS MÁS VASTOS, RICOS E IMAGINATIVOS”.-

Muchas gracias por tu libro, Leonor Calvera.-

BEATRIZ BROIDE - Mayo 2009







Acabo de cerrar el libro “Entre las palabras y el silencio”, de Leonor Calvera y me pregunto: ¿Es el silencio el que ahora me habita o es esa palabra que se esconde, muda, detrás de su capacidad de expresión para irrumpir después, en el momento propicio, con toda la fuerza del grito contenido? Después de leer esta obra siento algo así como el estar suspendida en la instancia entre el no decir y el no escuchar: ese piélago invisible que es el silencio absoluto pero que se diferencia de la muerte porque de todas maneras se siente, desde él, la propia perduración.

 Esta lectura me ha dejado la necesidad de hurgar hacia adentro, hacia lo más profundo y doloroso, pero también lo más enriquecedor para quienes pretendemos “mostrarnos” desde la palabra reveladora, desde ese yo verdadero y oculto detrás de las sucesivas máscaras carnales.  La obra de Leonor Calvera se abre a infinitos cauces, muchos más, seguramente,  de los que la autora se propuso indagar  desde sus reflexiones.

 Quizá, también su escritura fue posible porque la criatura a quien le fue destinada  la dedicatoria, habitante ahora del territorio del silencio, tal vez  haya expandido ese espacio necesario entre la palabra expuesta y la otra, la que nunca puede ser pronunciada, toda vez que el instante del acontecer es siempre mucho más veloz  que su enunciado.

 Yo celebro este libro, no solamente por lo que movilizó en mi ánimo, sino  también por el valioso  aporte que representa a nuestra literatura. Gracias Leonor.


BEATRIZ SCHAEFER PEÑA - Julio 2009







Historia de la Gran Serpiente


Editorial Vinciguerra. 2000



¿Quién o qué es la Gran Serpiente? ¿Es un personaje de existencia real o sólo producto de la fantasía del hombre, de sus miedos y necesidades? ¿Cómo se manifestó la Gran Serpiente a lo largo de lostiempos?
Leonor Calvera rastrea las respuestas a estos y otros muchos interrogantes a lo largo de los mitos, la historia, el folclore. El resultado es un libro son paralelo en torno a un misterio que arranca de épocas remotas y se sostiene hasta nuestros días.
Diosa, Satán, Lilith, Kundalini, Vampiro: he aquí algunos de los múltiples nombres que ha recibido la fabulosa Serpiente que se asoma en los albores de la civilización y nos espera en su final apocalíptico.
Obra única en su originalidad, esta Historia de la Gran Serpiente se lee como una novela e inquieta como una amenaza.

COMENTARIOS

EN TIEMPOS DE KALI YUGA
LA SOMBRA FEMENINA DEL CAOS EN
HISTORIA DE LA GRAN SERPIENTE, DE LEONOR CALVERA
por: Gustavo Aritto

“Hay un viejo cuento sobre un astronauta que viajó al espacio y, a su regreso, le preguntaron si había estado en el cielo y había visto a Dios.
--Sí –respondió.
--¿Y cómo es Dios?
--Es negra.”

Allan Watts, Om: La sílaba sagrada

“Detrás de toda creencia hay un deseo, que es quien (sic) le da su intensidad, su persistencia, su razón de ser.”
Pablo Cazau, “La teoría del caos

El sexto poema del Tao Te King resuena como un cuenco revelador:

“El Espíritu del Valle no muere.
Se llama lo Femenino Misterioso.
La Puerta de lo Femenino Misterioso
es llamada Raíz de Cielo-y-Tierra…”

En estos versos de Lao Tse, el dinámico mosaico de las imágenes “Valle”, “Puerta” y “Raíz” cubre, presumo, con su sugestión simbólica el territorio todo de este comentario a un libro de Leonor Calvera que, fiel a sus propios códigos hermenéuticos, salió a la luz en 2000, año cargado de turbulentas ansiedades “milenaristas”. Articulando ese cosmos tan austeramente configurado por el genio taoísta (del que la autora sin duda está imbuida), nos acecha un Misterio inefable y eterno: lo que nos resignamos a aludir como “lo Femenino”. La primera línea de las “Palabras iniciales” que introducen Historia de la Gran Serpiente dice, “En mi infancia, un sueño recurrente solía atormentar mis noches”. No por azar, la línea que cierra la última página del volumen es “La Gran Serpiente de todos los tiempos, que anula la historia”. Bastaría enfrentarlas en la parataxis de los dos puntos (:) para advertir el comienzo y el final añorándose mutuamente en la oscuridad donde las propias raíces se sienten impulsadas a explorar el propio abismo jugando a buscar la propia puerta. Se trata del cóncavo eco de ese arcano infinitamente circular celebrado por Lao Tse, el bucle elusivo de lo femenino que se resiste a clausurar su forma, celoso de su misterio, que es sólo suyo. El sueño, la noche y la historia son, en cambio, como el deseo y el miedo, gracias a la mediación redentora de los arquetipos, patrimonio de todos nosotros. Entonces, el texto no es un mero catálogo enciclopédico de intrincadas hierofanías. Se trata, más bien, entiendo, de una cauta y minuciosa exploración de la verdad que guarda el “velo sagrado”, de las formas inmutables y los símbolos numínicos que existen detrás de las figuras que hacen visible su entidad psicológica, su idea, pero también los instintos y las emociones apresados por el cerrojo del inconsciente. Según comenté antes, sus páginas toman impulso en el umbral del sueño. El individuo y sus proyecciones, así como las de la sociedad, son el territorio psíquico de tendencias en disputa, no de tipos o rasgos estables. Dos aspectos del polimorfismo mítico de la imagen arquetípica SERPIENTE cautivan mi atención: i) su afinidad con cierta concepción del tiempo y la estructura del universo; y ii) su capacidad para alojar en su seno, como identidades alternativas o coexistentes, lo femenino y lo masculino.
He encuadro este comentario en el contexto mítico de “los tiempos de kali yuga”. Según el Mahabharata (o Gran Bharata) hindú, poema épico cuya redacción se habría acometido unos trescientos años a. de C., “cuatro son las eras que reconoce la tradición hinduista: krita, treta, dwapara y kali yuga… […] en la krita yuga, sólo existían los brahamanes y que los ksatriyas o guerreros comenzaron a aparecer recién en la treta yuga. Actualmente, estamos transitando el kali yuga, el último de un ciclo de cuatro yuga omahayuga. Dos mil de estos mahayuga forman un kalpa, esto es, un día y una noche de Brahma.”. En patética coincidencia con otras escatologías como la bíblica o las hoy muy divulgadas profecías mayas que pueblan el texto del Chilam Balam y las inscripciones en la pirámide mortuoria del líder dinástico Pacal Votán, los días postreros del cíclico kali yuga, los actuales, aparecen descriptos como una época de incontrolable caos y de inexorable tribulación. El texto hindú prevé una humanidad sometida al imperio del instinto y el ego materialista, voraz y dominador. Se presagian hambrunas, fraudes, negociados, junto con la consagración de sujetos venales y ruines, capaces de vender a un Brahman por un marisco, de adulterar las relaciones sexuales y de usurpar lo ajeno. Curiosamente, la mujer no lleva, moralmente considerada, la mejor parte. Se la representa despojada de instintos valorados positivamente, asociándosela a la lujuria desenfrenada, el desprecio por el varón, a quien humilla y eclipsa (es recurrente la imagen del Sol siendo cercado y envuelto), el despilfarro y el desarreglo físico. Gobernantes y ministros de Dios corrompidos e indolentes, así como pueblos que se volverían multitudes ingobernables y faltas de toda piedad. Finalmente, la tristeza, la falta de rumbo y la acidia habrían se sellar los últimos tiempos. Pero es inherente a los sistemas inestables (sean éstos físicos, geométrico-algebraicos, psíquicos, sociales o lingüísticos) la propensión natural a desencadenar procesos de evolución aparentemente anárquicos, incontrolables e imprevisibles. Las modernas (y posmodernas) Teorías del caos nacieron de la perplejidad especulativa suscitada por fenómenos tales y de su confirmación empírica. En el comienzo de su libro Diosas, brujas y damas de la noche, de publicación más reciente, Calvera caracteriza, entre “las grandes diosas”, a Kali, deidad que encierra arquetipos de una ardua dualidad y cuyo nombre es la forma femenina de kala, “tiempo”, asociado éste a la oscuridad. Si uno de sus rostros es el de la “negra”, la “grande”, la magnánima “Madre del Mundo”, el otro nos desafía con atributos abominables: “Kali – señala Calvera citando el Mahanirvana Tantra - ‘devora toda la existencia… mastica todas las cosas existentes con sus dientes crueles’…’así como todos los colores desaparecen en el negro, así todos los nombres y formas desaparecen en ella’.” Y agrega, “Kali es el vacío, la terrible destructora que devora incluso las entrañas de Shiva… (…) La Dama de la Muerte es tan definitiva como el tiempo al que le da nombre, cuya rueda gobierna, cuya trascendencia posee”. (pág. 21) Nada yace extramuros del alma; debemos aceptar, como individuos y como sociedad, esa parte impugnada por indeseable (o acaso por demasiado deseada) de nuestra “sombra”, y el posesivo “nuestra” no es inocente: lo femenino no es una exclusividad de la mujer sino de la psiquis humana en general, y configurador del macrocosmos del que somos una sufriente síntesis. Ángela Gilardi, en un artículo titulado “El nuevo paradigma de lo femenino”, puntualiza así la cuestión de la “pérdida de lo femenino” y la necesidad de recobrarlo:
“La transición de la conciencia de lo femenino sagrado hacia una visión patriarcal y masculina de lo sagrado sacrifica y abandona lo femenino. Tanto en los hombres como en las mujeres, lo femenino se sumerge para pasar al mundo de la sombra, y desde el inconsciente emerge a través del instinto y la sensualidad, poniéndose al servicio del ego animal e identificándose exclusivamente con el cuerpo de la mujer.”
Lo cierto es que, acaso como expresión del incipiente “espíritu acuariano” de nuestros días, las civilizaciones actuales en caos se han permitido una expansión de conciencia sin precedentes registrados. Porque nuestra horripilante experiencia del kali yuga es también una instancia histórica que añora la participación holística de todos los seres y la armonización natural de todos los opuestos. Frente a posturas filosóficas harto influidas por el pesimismo nihilista y la angustia existencialista, o voces que anuncian la catástrofe de la tragedia moderna y de su “sujeto”, sus valores y sus paradigmas, otras búsquedas, enraizadas en la sabiduría ancestral y la mística no confesional, vuelven a plantear el problema del origen y el sentido, pero apelando al reconocimiento –condición sine qua non- de la naturaleza cósmica, libre y creativa del ser humano, despojado de la red de redes discursivas que, a través de sus grandes “narrativas”, lo controla hoy igual que un producto prediseñado. Entre estas últimas actitudes, José Argüelles, por caso, conocedor (y propagador) de los más altos misterios del pueblo maya, asegura que detrás los acontecimientos que nos llenan de pavor y de abrumada incertidumbre, un orden que desconocemos ha comenzado a instaurarse. Según su versión del complejísimo mensaje, la raíz del “engaño” universal que ha llevado a la humanidad a la desdicha y la ruina moral y material que actualmente padece es la tergiversación, la depravación deliberada que se ha ejercido sobre el tiempo y la medición del mismo. Sin avanzar en esa problemática, que excede definitivamente este comentario, sí puede, quizás, esbozarse algunos elementos en relación causal. Así, en razón de haber aceptado una caprichosa división división pseudo astronómica del tiempo (la juliano-gregoriana, para Occidente), heliocéntrica y obediente a todo un sistema políco-religioso que benefició formas y praxis patriarcales dominantes, el género humano ha perdido su libertad creativa originaria (el tiempo maya es esencialmente creatividad), sometiéndose a falsos discursos que sacralizaron las ideas tramposas del sacrificio, el trabajo, la sujeción al dinero, la competencia por encima de la cooperación, la necesidad de mediación sacerdotal, el supuesto control de los medios naturales y su aniquilación redituable, la enfermedad y el envejecimiento inducidos, etc. Lo que me interesa rescatar de este extraordinario proyecto de reprogramación mental y física, es el lugar que concede a lo femenino. No se trata de su estatuto social o su reexamen antropológico de la noción de género. Es la apología de su presencia a priori en el mundo natural y cultural (aun cuando esta última diferenciación no es del todo afín a este modelo mental). El Tzolkin, uno de los tres calendarios del pueblo maya que Argüelles contribuyó a descifrar, restablecería el orden galáctico fundando su medición del tiempo planetario en una sistematización lunar del mismo, en conjunción con el sol y el planeta Venus. El orden resultante (conocido como de “las trece lunas”) reubica las energías femeninas en tanto generadoras y reguladoras de todos los procesos físicos y psíquicos hasta ahora confinados en el exclusivo dominio solar. Esta versión contestataria tiene, curiosamente, un antecedente homólogo en la civilización europea de los siglos XII y XIII, cuando corrientes de pensamiento y de sensibilidad no “ortodoxas” irrigaron el cosmos masculinizado y estático de la alta Edad Media. Fue en el contexto de las Cruzadas a Oriente, la eclosión de la fe y las prácticas de comunidades como las de los cátaros y los albigenses en Occitania, y la ya incontenible influencia musulmana, que resurgió paulatinamente el antiguo “culto a la Diosa”, bifurcado en el ámbito del cristianismo en la exaltación oficial de la Virgen María y la veneración clandestina de Magdalena, la Hagia Sophia de los gnósticos.
Volviendo a Kali y la Gran Serpiente, cabe preguntarse entonces cómo conciliar semejante declaración de principios en el mundo actual con la desquiciante sombra femenina que parece proyectar el caos, entendido en general. A diferencia de lo que ocurre con el mito de matriz grecolatina, reluctante al inconcebible vacío y la discontinuidad, Kali, patrona de la mecánica cuántica, no sufre de vértigo, y, según lo apunta Calvera, “es el vacío”. En su libro Jung y el tarot. Un viaje arquetípico, Sallie Nichols examina detenidamente los pormenores mítico-religiosos, sociales, políticos y, sobre todo, psicológicos, de los veintidós arcanos mayores. Entre las figuras arquetipiales que podrían iluminar estas disquisiciones, hallo especialmente ricas las de la Papisa (Arcano II), la Emperatriz (Arcano III), la Rueda de la Fortuna (Arcano X), el Diablo (Arcano XV), y el Mundo (Arcano XXI). Cada uno podría ayudarnos a volver más inteligible la red de energías simbólicas que teje nuestro kali yuga del acuariano siglo XXI. Sin embargo, destacaré sólo el de la Emperatriz, la Isis-sin-velo en el mazo egipcio original. Ella es la Gran Madre nutriente universal (en contraste con la Papisa o Isis-con-velo, en la que mora la Virgen y el misterio no revelado), Madre Tierra, Madre Naturaleza, impulsora de la creación. Escribe Nichols:
“… Todos conocemos los períodos oscuros de amplia gestación que siguen a ello cuando nos encontramos sumergidos en el mundo lunar y acuático de la Papisa. Después, con suerte, amanece un día nuevo, un momento dorado en el que estas ideas que hemos tenido en la oscuridad empiezan a tomar cuerpo en la realidad… Una de las funciones principales de la Emperatriz es conectar las energías primarias del yin y el yang y darles cuerpo en el mundo de la experiencia de los sentidos.” (págs. 134-135)

Pero como de algún modo ya fue sugerido, los arquetipos reaccionan en términos mentales como “tendencias-hacia”, y viven según el principio de enantiodromía, es decir, la inclinación a transformarse en su contrario. De ahí que, al encarar la “sombra” junguiana de este arcano, Nichols descubra un subsuelo instintual recesivo donde están en vigilia la Madre Devoradora (de su varón, de sus hijos), la dominación egocéntrica, la lascivia, el estancamiento. Su tendencia básica es recobrar la posesión de la vida natural y la civilización: nada menos que todo. Así, uno de los tipos numínicos que la autora le asocia es justamente Kali, que encarna en sí el “agujero negro” nombrado en griego con el término kháos. En correspondencia con este útil retrato, Calvera afirma que “… la Gran Madre, señora de las aguas y el aire, la deidad de la tierra y la luna, baja al inframundo. El aspecto paradigmático de esta etapa lo configura la Kali hindú…”, merced a quien “la Serpiente quedó unida a lo negativo, la muerte, el lado oscuro” (pág. 60). En busca de “la unicidad serpentina”, rectora de todo su libro, la ensayista apela, igual que Dante, al Conocimiento de los gnósticos para aventurarse en “el descenso al inframundo”, como subtitula esa sección del capítulo “Regeneración y vía iniciática” (págs. 55 a 67). Obviamente, “inframundo” no es, en un registro psicológico, sino una metáfora ancestral del inconsciente colectivo. Todos (Cada Uno) somos también Kali, porque somos un anillo digno de la Serpiente: “Aquí y ahora – enfatiza Leonor Calvera en un momento de inspirada belleza-, el hombre en el universo se encuentra en un equilibrio precario que, a cada instante, transforma en orden/información. Sin embargo, por detrás se sigue escuchando el silbido de la Madre-Sierpe, el llamado de la energía primordial indiferenciada de la que estamos hechos: viento en el viento que gira, agua que forma remolino. Cuerpo eterno de la Serpiente cuyas manifestaciones finitas el hombre no ha terminado de escrutar” (pág. 32). A lo humano está deparado el caos tortuoso y dolorido donde la naturaleza concilia sus polaridades, en un bucle que no se permite repetirse jamás. Epifanía de la espiral que la simbólica geométrica atribuye a la expansión ascendente conjunta del principio masculino (el vectorial rectilíneo) y el femenino (la curva trazada por aquél). De nuevo, Jung, como la autora, nos alienta a creer en ése, nuestro propio caos, que es también el otro:

“El camino que conduce a la meta – sostiene- es al principio caótico e infinito, y sólo de una forma muy gradual se van acrecentando las señales de dirección hacia una meta. El camino no es recto, sino, en apariencia, cíclico. Un conocimiento más exacto de él nos lo ha mostrado en forma de espiral: después de ciertos intervalos, los motivos oníricos vuelven una y otra vez a formas determinadas que, según su clase, definen un centro.”

La clave radica, quizás, en no contemplar ese turbulento “agujero negro” como un vórtice al que nos arroja el karma colectivo y personal, el ojo del embudo cósmico donde todo se vuelve irreversible y azaroso, del que no “saldremos” idénticos a quienes éramos porque una parte nuestra se ha disipado desafiando la segunda ley de la termodinámica. Antes, probar el desgarro que nos reunificará, resolviendo, de algún modo misterioso, siempre desconocido, la discordia que aleja los opuestos dáimones de nuestro cielo interior. La misma danza universal que mueve las hélices de nuestro genoma y activa el Kundalini a través de nuestros propios vórtices hasta alcanzar la (femenina) visión interdimensional, es “esa energía, Serpiente primordial, [que] en el hecho mismo de la vida lleva implícito su contrario… es mera potencia que excluye la muerte, aun cuando no es vida propiamente dicha. Mas, en el instante que abandona el estado de manifestación y se torna vida, incluye su propia destrucción, destrucción que le permite seguir siendo -creando- vida” (pág. 154).
El individuo en proceso alquímico de autorrealización, el “sujeto en crisis” del precipicio metafísico posmoderno, constituye, en el fondo, la tierna materia de un ser andrógino, a sus anchas en el seno de la comunidad acuariana. Su dionisíaca imagen liberadora surge en el último arcano del tarot (El Mundo), entregada libremente al ritmo de la Cración adentro del “Huevo cósmico”. Es el “viejo mundo nuevo” al que alude Calvera en el apocalíptico (o sea, optimista y gozoso) capítulo final de su Historia…. En las antípodas del oleaje del tiempo, nuestros hermanos galácticos se hundieron con su Atlántida. El arduo camino iniciático del discípulo ha sido recorrido. La reconciliación con su oscuro enemigo interno lo ha devuelto a “casa”, al Dios del que partió como emanación entregada a la aventura de los ciclos, la suprema fuente del Caos, cuya esencia es ser todos los opuestos que el hombre debe genéricamente experimentar. Pero para eso le hará falta un don que cualquier dios codicia: un cuerpo, ese sueño de carne imantada que vibra al unísono con el erótico silbido de la Serpiente; esa frágil, efímera y, sin embargo, imprescindible morada de los sentidos que hace posible que Kali –la venerada, la abominable- cumpla con su labor en la tierra.

Gustavo Aritto


CRONOLOGÍA DE UNA LARGA TERGIVERSACIÓN
(No siempre la serpiente tuvo la mala prensa que sufre en la actualidad) Gaceta de Tucumán

La Historia de la Gran Serpiente es la cronología de una larga tergiversación. Hoy la serpiente tiene “mala prensa”, pero no siempre fue así. Por el contrario: en los albores de la Humanidad (los más antiguos hallazgos arqueológicos lo prueban) se la consideraba un ser mágico, sagrado. Es ás: en muchas mitologías es gestora (directa o indirecta) del huevo primordial del cual salieron las cosas y el mundo mismo. Con el progreso de las teologías se llegó a identificar a la mujer (principio femenino) con la serpiente. Tal como se nos explica en este libro fue la época del dominio de las diosas lunares, el matriarcado. En cierto momento los hombres se rebelaron contra ese estado de cosas e impusieron el patriarcado y los dioses solares. Como dice Leonor Calvera: “El reconocimiento biológico de la paternidad hubo de marcar una revolución en las costumbres arcaicas: el varón se declara jefe de familia, impone limitaciones a las mujeres, se hace cargo de muchas prácticas de culto.”
En mi opinión, si bien al abandonar los cultos lunares y pasar a los solares se inició una era de acumulación y violencia, llegar al Sol es una parte inevitable y necesaria de la evolución. Al principio las cosas se hicieron bien: lo solar y lo lunar coexistían y se ayudaban mutuamente.
Pero luego el dominio del varón sobre la mujer (especialmente en algunos pueblos) se fue acentuando, hasta que en el monoteísmo la mujer (y con ella la serpiente) llega a seer “el azufre”, “l símbolo del pecado y el origen de la Caída”, etcétera. El sexo femenino es “débil”, “fácilmente corrompible” y “presa de Satanás” y todo lo que ya conocemos. “La Gran Serpiente conoce la degradación, se convierte en materia despreciable. Se ignoran sus obras, se la deshonra, se masculiniza su poder. Su culto se irá extinguiendo progresivamente en tanto sus atributos y símbolos pasarán a adornar la cabeza, las manos, los pies de los ganadores.”
Primero se la incorpora (luego de derrotada) para utilizar su prestigio.
Después se la desacredita y anatematiza (en la etapa monoteísta más avanzada). Pero, mientras más grande la condena y la esclavitud de la mujer, tanto peor para el género masculino: en el momento mismo en que cree haber triunfado se queda sin compañeras.
El que comentamos es un libro profundo y complejo. El tema de la Gran Serpiente, tal como aquí está tratado, merece algo más que una nota: requiere atentas lecturas.

Graciela Scheines


SERPIENTES Y PESADILLAS
Atrévete

A partir de las recurrentes pesadillas que atormentaron a Leonor Calvera desde niña, y cuando esos sueños pasaron a ser vigilias de cuestionamientos e interrogantes sin respuesta, la autora decide de adulta encarar una investigación que le revele los más recónditos misterios del mundo de los ofidios y, sobre todo, de la Gran Serpiente. ¿Quién es ella? ¿Existe en realidad o es sólo una fantasía de los humanos como modo de canalizar sus necesidades y temores? ¿Cómo se manifestó este enigmático ser a lo largo de los tiempos?
Rastreando esas incógnitas, Calvera arriba a un libro originalísimo y único en su género que puede ser leído como una novela que descorre el velo en torno a la Gran Serpiente que se asoma en la aurora y amenaza desde la esfera del final apocalíptico.
Profunda y seria investigación relatada en un lenguaje adulto de exquisito estilo que ennoblece a las letras argentina, la Historia de esa Gran Serpiente profética y visionaria nos hace conocer a la primera antepasada que mostró a los hombres el maravilloso camino de la fantasía aplicada. Potencia y generadora, mujer y varón, de tierra, fuego, aire o agua, permaneció una en la diversidad. Ensueño y pesadilla, creación y ruina, amalgamados en su hierofanía: un denso velo que la separa del hombre aun cuando sea lo que a él la una. Velo que los hombres han procurado descorrer desde el mito ejemplar, por los meandros de la religión, el arte, la filosofía, hasta el tiempo actual. Un tiempo que se proyecta hacia el futuro en la incertidumbre de un Apocalipsis que regirá la Gran Serpiente. Un libro excelente.

Marcelo Ferrando


 

Diosas, brujas y damas de la noche


Grupo Editor Latinoamericano

Las brujas son un enigma. Hoy como ayer provocan curiosidad, malestar y un interés variopinto que oscila entre la credulidad y el escepticismo. A veces objeto de burlas y desprecio, otras veces acosadas hasta el exterminio, siempre consultadas, las damas de la noche atraviesan todos los tiempos y latitudes.
En el imaginario colectivo la figura de la bruja se asocia con el vuelo de una escoba, una bola de cristal para adivinar el futuro o ancianas junto a un caldero mezclando extrañas hierbas para el amor, el deseo o la muerte. ¿Responde esto a la realidad? ¿Es cierto que incluso llegan a dominar los elementos y pueden producir sequías, inundaciones o cualquier otro año a voluntad? ¿Son realmente personeras del mal o víctimas de prejuicios envidiosos que buscan distorsionar sus conocimientos y poderes?
"Desde las Grandes diosas de la Antigüedad hasta el actual Movimiento de la Diosa", Leonor Calvera transita en esta obra un territorio fascinante cuyo recorrido "constituye una aventura azarosa y difícil" que permite comprender el mágico y libre mundo de la brujería tanto como las reglas de juegos de las sociedades represivas.

COMENTARIOS

ENTREVISTA A LEONOR CALVERA
Por Moira Soto
Página 12 // http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-2443-2006-01-17.html

Chicas bravas

La relectura que Leonor Calvera hace en su último libro de los personajes femeninos, mitológicos e históricos, que rompieron el molde impuesto por el patriarcado, sumada a la erudición que rebosa, vuelve fascinante la lectura de Diosas, brujas y damas de la noche, un texto cuyo trasfondo traza la historia de la misoginia.

Rebeldes, sabias, insurrectas, vengadoras, desobedientes, místicas, refractarias al poder establecido, vampiras, santas, hechiceras: de esta laya son las figuras de mujer que habitan Diosas, brujas y damas de la noche (Grupo Editor Latinoamericano), el nuevo y cautivante ensayo de Leonor Calvera, un texto que prosigue y complementa las investigaciones desarrolladas por esta pensadora en Historia de la Gran Serpiente (Vinciguerra, 2000).

Feminista, activista de la primera hora del resurgir de los ’60, Leonor Calvera se ha especializado en religiones comparadas, ha traducido textos sagrados orientales como el Dhammapada y el Bhagavad Vita y ha escrito Las fuentes del hinduismo (Dédalo, 1979), Las fuentes del budismo (Leviatán, 1985) y Comentarios al Tao te King (Leviatán, 1989). En 1982, Calvera abrió nuevos y estimulantes caminos a la toma de conciencia feminista con El género mujer (Editorial de Belgrano), trabajo seguido por Camila O’ Gorman (Leviatán, 1986) y Mujeres y feminismo en la Argentina (Grupo Editor Latinoamericano, 1990). Su permanente empeño en hacer dialogar las religiones y los géneros le ha dejado espacio para componer dos libros de poesía: Mi casa en la ciudad, y Poemas y canciones a mi madre (1993). En una mañana tormentosa, entre rayos y centellas, Leonor Calvera brinda la entrevista que sigue a Las12.

La erudición que revela Diosas, brujas... no impide que sea un libro apasionante, al alcance de todo el mundo, que puede sorprender incluso a aquell@s lector@as más familiarizad@s con esta temática. ¿Partiste de conclusiones previas?

–Como me pasó con El género mujer, con Camila..., con La Gran Serpiente, en Diosas... me impulsó la búsqueda del conocimiento formativo y, por otro lado, desentrañar la madeja siniestra del funcionamiento de los grupos de poder con respecto a la gente, cómo se llega a dominar a gran cantidad de personas durante mucho tiempo. En varias de mis obras, entonces, el gozne está puesto en el análisis del poder.

Entre esa gente que es dominada, ¿las mujeres suelen ser las primeras víctimas?

–Exactamente. Sin desconocer que pueblos enteros han sido atrapados, a veces durante siglos, en estos mecanismos de poder. Cosa que, por otra parte, sigue sucediendo en la actualidad, pese a lo mucho que se habla de democracia.

Entre las grandes diosas y las figuras menores de la primera parte, no te detenés en las Diosas Madres del Paleolítico.

–Es que a ellas traté de perfilarlas en mi libro anterior: mi tesis es que de la Gran Madre Serpiente derivan todas las demás, que serían fragmentaciones de la primera Gran Diosa o como se la denominara en ese momento, porque estos nombres se los ponemos desde acá y ahora, con los parámetros culturales actuales.

Y masculinos, porque si hay un Dios Padre, tiene que haber una Diosa Madre...

–Claro, y tal vez el concepto no era exactamente ése. Hay un tema que estoy trabajando ahora, que es complementario de estos trabajos: la historia de la muerte a través de los siglos. Tema que de algún modo ya aparecía en El género mujer, en Camila y que está muy presente en Diosas..., donde me extiendo sobre una contracultura que se ha mantenido –a veces en forma subterránea– durante miles de años. En la actualidad, cada vez más, hay numerosas mujeres que se dicen a sí mismas brujas como una manera de volver a un pensamiento más abarcador, que no sea dicotómico masculino tradicional.

Entre otras interpretaciones que incita, Diosas... se puede leer como una historia de la misoginia. Es decir, del odio, el miedo, el rechazo, la interiorización de la mujer, apelando a diversos recursos, hasta los más crueles y aniquiladores.

–Sin duda estamos hablando de las raíces del miedo a las mujeres. En el caso de las brujas, uno de los objetivos era usarlas como escarmiento para que las demás mujeres no se desviaran de la norma, de los mandatos patriarcales. ¿Qué cosa más terrible que torturar y quemar para aleccionar a la mayoría?

Antes de la persecución de las brujas, explicás en detalle cómo fueron desvirtuados los rasgos originales de diosas como Kali, Hécate, Artemisa. Personajes como Lilith son borrados del mapa. Pero si hay un tema que nos toca de cerca en Occidente es el de la Virgen María, que desarrollás en la segunda parte.

–Prácticamente una invención de concilios y encíclicas, las fechas de celebración de la Virgen coinciden con los cultos lunares. Por otro lado, la virginidad fue reconocida recién en 1555 y mucho más tarde los dogmas de la Inmaculada Concepción y la Asunción. Realmente, la veneración a María fue un nítido caso de amalgama o apropiación, porque en el misógino panorama teológico de las primeras centurias cristianas se hizo sentir la necesidad de un principio femenino. Y fijate que ahora, en medio del caos, aparecen más y más vírgenes que ponen en evidencia la necesidad de rendir culto a una figura materna, protectora. La Virgen es una figura que no resulta conflictiva, es asexuada, no despierta los temores de la severidad de Dios Padre.

Es lo opuesto de la femme fatale...

–Obviamente, la contrapartida de Lilith, que tanta inquietud despierta, que les sorbe los sesos a los varones y les quita su poder genesíaco... Hay un temor masculino a la sexualidad femenina que está dando vueltas todo el tiempo. Por eso, pese a la supuesta libertad sexual actual, hay tanto chiste sobre sexo. Se dice en broma lo que nadie se atreve a reconocer en serio. En lo que se ve y se oye en televisión, el metamensaje es: “Ustedes son un objeto, nosotros las podemos sexualmente, no son más que un trozo de carne”. No hay horario que esté a salvo de este tratamiento denigrante de la imagen de la mujer. Creo que otra prueba del miedo masculino a la sexualidad real y autónoma de la mujer es el enorme avance de la paidofilia, que en última instancia no es otra cosa que falta de respeto a la alteridad femenina. Con una criatura, los hombres no se sienten cuestionados, son los amos nuevamente. Un análisis profundo de la paidofilia puede derivar en algunas sorpresas, si consideramos que esta aberrante práctica es un 98 por ciento masculina.

En los capítulos referidos a la Virgen María, al exterminio de las beguinas y más tarde de las brujas, se recorta la historia negra de la Iglesia Católica y su ambición hegemónica, política, económica...

–Es que la Iglesia se involucró muchísimo con el poder temporal de turno, incluso cuando pudo trató de someterlo a sus designios, desvirtuando el mensaje original del cristianismo. Se dio vuelta entonces, la doctrina del desprendimiento de bienes materiales, de genuina caridad... En algunos momentos, hubo grupos de monjes y monjas que fueron perseguidos porque querían volver a la pobreza original frente a una Iglesia que hacía todo lo contrario.

La cantidad y variedad de comunidades femeninas en busca de autonomía, de una cultura alternativa, de transmitirse conocimientos, fueron intentos reiterados de las mujeres de subvertir la situación de sojuzgamiento.

–Absolutamente. Lo intentaron a lo largo de la Historia y siempre fueron aplastadas por la fuerza, abatidas. Pero como después la Historia la contaron representantes del poder dominante, esta información se dejó de lado. Aun ahora hay muy poca gente que conozca la historia de las beguinas que después de todo fueron muchísimas y actuaron durante dos siglos y medio. Hubo beguinajes enormes, hasta de 18 conventos en Europa. El primer grupo surgió entre 1170 y 1175: después de un período de prueba de dos meses, adoptaban una sencilla vestimenta marrón, hacían votos de castidad de validez temporal y se avenían a una fuerte disciplina de trabajo. El papa Honorio III aprobó a estas “pías mujeres” y su número fue creciendo en Flandes, Alemania, Francia, Italia, a lo largo del Rhin. Rasgos distintivos de las beguinas fueron su cultura y su entrega a un fuerte misticismo. En 1325, una bula de Juan XXII afirmó que se debía considerar hereje a quien afirmase que Cristo no tenía bienes. Es el comienzo del fin de las beguinas. En 1310, Marguerite Porète es quemada por no querer retractarse de sus dichos en el libro Espejo de las almas simples. A partir de 1312, las propiedades de las beguinas, mujeres que en su mayor parte provenían de familias adineradas, son confiscadas, se obliga a muchas a casarse. En 1421 se disuelven todos los beguinajes y la persecución adopta forma de exterminio, unas cuantas mueren en la hoguera. Así se suprimió el primer movimiento de mujeres de la cristiandad y se borraron sus huellas. Del mismo modo que actúa el criminal, que después de matar limpia las huellas de su crimen...

El de las brujas es el genocidio del que menos se habla como tal, pese a la cantidad enorme de torturadas y asesinadas.

–Es cierto, no se lo menciona en el nivel de otros importantes genocidios, no hay un reconocimiento oficial. Una de las maneras de lograr que no se conozcan ciertas verdades es no integrarlas a la cultura general, marginarlas. Pensá que en la época en que acá se exterminaban las culturas americanas, en Europa se estaba quemando a muchísimas brujas. En realidad, tocar un tema de la mujer es tocar la cultura entera. Me interesa mucho últimamente la exploración de nuestro lado oscuro, que las brujas conocían muy bien. El mal que todos y todas tenemos adentro y a veces ponemos en figuras como las de las brujas para exorcizarlo. En tanto no reconozcamos esa parte siniestra en nosotros mismos, se la seguiremos atribuyendo a algún chivo expiatorio. Aceptemos la ambivalencia humana, nadie es de una pieza, de un color.

En tu ensayo no te olvidás de la gente pequeña, las hadas...

–Es un mundo maravilloso, que me conmueve. El libro está dedicado a mi padre y a su hermana, que amaban a la gente menuda: además de las hadas, los niños, algunos animales. Gente encantadora, es bueno que volvamos un poco hacia este pueblo.

¿Brujas y diosas se reciclan a fines del XX, comienzos del XXI?

–Creo que sí. Desde luego, no me refiero a las brujas de mercado, a la medida del consumo. Es algo cíclico: los grandes saberes terminan fragmentados y a veces desvirtuados, como en el juego del teléfono descompuesto. Hay pequeños grupos donde se encuentran el feminismo y el movimiento de la diosa, que tratan de vivir de acuerdo con sus propios ritmos, sus ideas, sus sentimientos y convertirlos en acciones, siguiendo una continuidad, una coherencia. Es lo que ha intentado hacer la gente espiritual de todos los tiempos, esos grupos que son como la levadura de la sociedad: vivir en consonancia, en armonía. Yo, como feminista, sigo creyendo en las utopías que pueden mejorar el mundo, contribuir al entendimiento, al pacifismo. Porque el problema es que estamos con una tecnología ultrasofisticada y con sentimientos anteriores al Paleolítico.



De Luis Tedesco:
Al finalizar la lectura Diosas, brujas y damas de la noche, puedo afirmar algo con absoluta y definitiva seguridad: nada de lo que escribió y escribe Leonor está manco de pasión, una pasión inteligente, una pasión emotiva y razonable, como querían los clásicos.
Siempre que se habla de un intelectual es bueno saber en qué lugar coloca el cuerpo: si dentro o fuera de la estructura de su pensamiento, si dentro o fuera de la sintaxis que nos comunica ese pensamiento, si dentro o fuera de la palabras, la sílabas e incluso las letras que, como murmuradores subjetivos de la interioridad, se expanden y desarrollan en ese objeto de resonancias impredecibles que es un libro.
El estilo no es más que eso: la manera en que el cuerpo marca a fuego el denodar de las palabras. Con esto quiero decirles que todo el cuerpo de Leonor Calvera está expuesto en sus ensayos, en sus poemas, e incluso en sus traducciones. Por eso, al leer este libro se puede advertir que no hay ninguna frase convencional, ninguna concesión automática al sentido establecido por el saber hegemónico, ningún lastre de convenciones heredadas y maniatadas por la institución cultural, ¡la institución cultural, la más peligrosa y represiva, la más maniatada por el precinto ominoso de la cognición autoritaria!
Vale la pena tomarse unos minutos y comparar las declaraciones de papas, obispos, prelados y pastores y otros dignatarios eclesiásticos en relación a los hechos de barbarie implementados por las instituciones que representan, por un lado, y la narración emocional comprometida y catártica de Leonor Calvera. En aquello no hablan las personas, habla el interés mezquino, subsidiario, y retórico de las instituciones. Sus pequeñas manifestaciones de arrepentimiento no conllevan la necesaria, la impostergable devoción sacrificial que impone la magnitud de los crímenes cometidos. En Leonor Calvera habla el ser humano, la íctima, la condición humana barbarizada por la tortura y el sometimiento. Así como Flaubert dijo "Madame Bovary soy yo", Leonor puede decir, y en realidad su estilo loo dice, "Marguerite Porette soy yo, Juana de Arco soy yo… Todas las mujeres y hombres torturados y quemados por los genocidas encaramados en la patronal espiritual , todos ellos soy yo."
La virtud del libro de Leonor no se circunscribe a su extraordinaria capacidad de organizar la gigantesca masa de información disponible, a su claridad expositiva y al ágil discernimiento con el que nos lleva a lo largo de toda la historia. Diosas, brujas y damas de la noche es la obra de una poeta, de una gran poeta; por eso, allí donde la prosa expone con rigor y denuedo objetivo la maquinaria del exterminio, la poesía horada hasta encontrar la veta, el sentido sensible del acontecer, la razón indestructible de nuestro estar en el mundo. No hay belleza sin alegría, no hay alegría sin el resplandor de la bondad. Este libro está escrito desde la suprema instancia de la bondad, buscando la alegría torturada por los masacradotes de la libertad, y depositando en la belleza el desafío espiritual que nos impone sabernos sometidos por las reglas de juego de las sociedades respectivas.


De Gabriela Christeller:
Leonor: tu libro es estupendo; me asombra tu capacidad de acometer montañas. El tema a mí me tumbaría con vértigos.
Yo estoy bastante en la alquimia con los grupos de Bernardo Nante, y entre la psicotrónica y el hermetismo puedo de veras apreciar tu libro. ¡Gracias, gracias por todo tu trabajo y arte!


De Fernanda Gil Lozano:
"Diosas, brujas y damas de la noche": con este hermosos título Leonor Calvera escribió un texto que nos sumerge en un tejido de experiencias femeninas sutil y delicado.
En este ensayo, mito e historia no están planteados como universos opuestos, a pesar de sus diferencias intrínsecas, sino que fueron expuestos como dos formas afines en el relato ordenador de la realidad. En nuestros días, solemos pensar a la ciencia y el mito como dos universos opuestos. Incluso, muchas veces, afirmamos que algo es "científico" como sinónimo de verdadero, y que algo es "mítico" como expresión de una situación errónea, falsa o equivocada. Esta oposición tajante entre la "verdad científica" y la "falsedad mítica" surge de una repetición de hábitos, que inhibe el pensar lo que se dice habitualmente. Si pensamos el significado del relato mítico y del conocimiento científico desde una perspectiva amplia, quizá podamos advertir que mito y ciencia poseen, en un nivel profundo, más afinidades que diferencias.
Las brujas son un enigma. Su concepto esconde una variedad antropológica acallada a través de las culturas y el tiempo, convoca una extraña relación con el origen conceptual de lo femenino como rebelión, poder y coraje. Su oscuridad original caracteriza a la historia de la sombra, a la historia de las entidades negativas.
El libro está dividido en seis partes consecutivas de la historia de las representaciones femeninas y las mujeres de carne y hueso protagonistas de las mismas. Esta secuencia tiene la marca particular de cada momento histórico y espacio geográfico y, a la vez, la repetición de "lo mismo", uno de los factores más importantes para producir lo siniestro. Otto Rank insiste en el hecho de que "el doble" fue primitivamente una medida de seguridad contra la destrucción del yo, un "enérgico mentís a la impotencia de la muerte". Sin embargo, cristianismo mediante, se produjo un cambio profundo que llevó a la demonización de la sombra, del doble, que la cultura va a explotar al máximo para visualizar la sombra, lo segundo, el dos como negativo.
Lo segundo, el doble, la sombra, lo femenino, comenzó a expresarse como parte oscura del alma, del cuerpo y de la vida, donde nace la negatividad. Lo femenino autónomo e independiente representó la reduplicación negativa. Además, esa parte negativa, negada fue y es testigo de las maldades perpetradas por el primer elemento del binomio, por eso la intención de reducirla al silencio en el mejor de los casos y a la misma muerte en sus versiones más extremas.
La persecución de las brujas, fenómeno de la época moderna, debe leerse como parte de la historia de disciplinamiento del género femenino: el prostíbulo, el convento o el matrimonio, el resto fue sospechoso.
Al enfocar la mirada en el cuerpo como elemento activo en la constitución del sujeto, nos enfrentamos con las diferencias anatómicas, no sólo porque la cultura se encarga de darles una significación particular, sino porque la psicología constata que entre varones y mujeres promedio hay diferencias psíquicas que habría que explicar de alguna manera.
No se puede hablar de cuerpo femenino sino a partir de considerar la diferencia sexual y la inscripción simbólica que conlleva. Particularmente compleja y enigmática es la evolución de las mujeres. Desde el psicoanálisis, la pregunta que vertebra la discusión es: ¿Qué desea una mujer? Como historiadora, pienso que tal interrogante teórico no puede dejar de acompañarse con la mirada hacia la situación social y política de las mujeres. Es decir, desde el campo social se dibuja una problemática que sorprende por sus características prácticamente universales: la subordinación de la mujer y la sobre-estimación social de la actividad masculina. La fórmula varón dominante-mujer dependiente, que ha transitado épocas y sociedades, habla de condiciones socio-culturales asimétricas que muestran que la diferencia sexual, entreverada con el funcionamiento del poder, ha resultado opresiva para las mujeres. Comprender el papel estructurante del orden simbólico, las redes de lo imaginario y la constitución de lo real son los fundamentos metodológicos para ir construyendo un saber que pueda abrir las problemáticas teóricas sin caer en esencialismos que niegan el carácter histórico de la subjetividad.
Después de la lectura de este libro entiendo que existe una fractura en lo concerniente a la fundación del cuerpo femenino, lo que dificulta el encuentro pleno y gozoso con ese cuerpo, al tiempo que determina una angustiosa relación con sus posibles imágenes. El narcisismo de las mujeres es lucha por la valoración y defensa de su propia existencia del ser mujer y su cuerpo, y a la vez reclamo al otro que nos excluye.
En este desencuentro se ubica la tensión que posibilita la imaginación creativa y el orden científico como un gran relato integrador de las experiencias de las mujeres con sus representaciones, símbolos y cuerpos. Estos cuerpos femeninos nunca dominados ni plenamente liberados han danzado por el tiempo y el espacio tejiendo una curiosa experiencia cósmica. El silencio de las palabras que no fueron comprendidas con la magia de las milenarias artesanas de la historia y con hábiles manos se escribió como un bordado una imagen polisémica que pudo reunir todo el universo de la pasión. Así, una interminable historia de hojas blancas relata la trágica historia de la sangre roja que fluye sin aliento desde la matriz de los cuerpos silenciados.


De Marcelo Wiman:
Leonor Calvera recientemente ha puesto a la consideración pública su última obra titulada "Diosas, brujas y damas de la noche". Su lectura confirma los altos méritos evidenciados en sus libros y artículos anteriores, ratificando, en su carácter de escritora, poeta y ensayista, la fluidez y profundidad de su oratoria que es su constante en la conversación diaria, en su labor dentro del grupo Némesis, en sus conferencias o cuando en razón de su prestigio le encomiendan la presentación de un libro.
Se trata de una labor enjundiosa, avalada por una extensa bibliografía de múltiples autores comprendidos en una amplia gama de tendencias de la que ha extractado y trascripto, en su médula, las opiniones pertinentes, en apoyo de sus propias convicciones, convirtiendo la obra en una exposición sumamente documentada, realizada con un lenguaje claro, de fácil interpretación, incluso para los lectores neófitos, los que sin mayor esfuerzo, al recorrer sus páginas, quedarán atrapados hasta el último capítulo. Sin embargo, la sencillez de la redacción no obsta para que los que tienen el hábito de la lectura valoren, en su justa medida, los conceptos profundos vertidos en sucesivos párrafos que impulsan a poner en marcha la capacidad de razonamiento para extraer, de lo insinuado y no dicho, las pistas que les permitan entrar en el juego que la autora propone, esto es, compaginar en base a las piezas-pensamientos del gran puzzle literario, la imagen final, que no será precisamente la misma para todos, siendo, pues, la capacidad, la ideología y el intelecto de cada lector quien en definitiva la determine.
En efecto, "Diosas…", leído como libro de texto, configura la más atractiva y completa historia de la brujería en su connotación seria, científica, totalmente apartada de la idea que, por efecto de la superchería, se ha hecho carne en la consideración de la mediocridad, o en el folclore popular. Pero también es lícito admitir que la teoría expuesta por Calvera sobre la realidad y la vigencia de la brujería, avalada por la sólida documentación y sus personales aportaciones, es el mayor valor de la obra. No nos cabe duda sobre su aseveración de que el genoma humano, en su vasta complejidad, produce con frecuencia seres superdotados que sobresalen en las diversas disciplinas, ya sea en la filosofía, en la religión, en las artes y otras múltiples actividades. Algunos de estos hombres excepcionales llegan a concitar la atención de multitudes a tal punto que sus seguidores sentirán por ellos tal fascinación, según su fe, convicción o interés, para darles el carácter de genios, brujas o dioses. La existencia, tanto actual como pretérita, de estos privilegiados capaces del buen manejo de las hierbas (base de la farmacopea moderna), de curar y poseer poderes extra-sensoriales es indiscutible por más que se les niegue a las brujas estas facultades que los detractores sí les adjudican a profesionales o a individuos endiosados o santificados por movimientos religiosos, según se trate.
En mi modesto entender, el libro presentado va más allá de la simple historia de los hechos referidos a la brujería, porque su autora de continuo va aportando pistas para construir otras figuras del puzzle, como la que se obtendría de la respuesta de Artemisa ante la pregunta si ella es hija de Zeus y de Latona. Es evidente, aunque la autora no lo dice de manera directa, que las diosas y los dioses griegos y todas sus variantes, nos contestarían que todos ellos tienen como padres reales los mandatarios del poder helénico, que les dieron larga vida para utilizarlos como factores de dominio y usufructo del pueblo.
De entre los innumerables enfoques que se pueden realizar en el texto de "Diosas.." uno, no menor, es el vinculado con la metamorfosis experimentada por los Dioses principales y menores a partir de remotas épocas en que los trogloditas y hechiceros de la prehistoria eran los intérpretes, ante la tribu, del poder atemorizante que emanaba de los misterios vitales y de los meteoros inexplicados, los que aún o tenían representación humana. En la medida que la mente de los primitivos se perfeccionó, el aspecto religiosos se hizo más complejo y en tanto la filosofía (ciencia) comenzó su avance, la teología, sin distinción de etnias y estados, fue su compañera, transformando a los Dioses en seres con caracteres humanos o semihumanos, hechos a su semejanza, con los que se podía mantener diálogo directo a través de individuos elegidos por ellos. Como se desprende del texto, aunque parezca que toda religión es nueva, única y verdadera, no es más que la suplantación de la o las anteriores, en base a la apropiación de ritos, celebraciones y deidades, en muchos casos con el simple procedimiento de cambiarles los nombres. Eso sí, las que transitoriamente prevalecen tratarán de estar asociadas al poder terrenal, adoptando adecuadas norma de convivencia, adaptadas a principios éticos, morales y sociales.
Las historias que Calvera enumera también ponen de manifiesto que las organizaciones estructuradas no ahorraron esfuerzos y violencia para consolidarse y desarrollarse ecuménicamente, siendo un buen ejemplo de tanto horror "la caza de brujas" que involucraba a éstas y a sus pares, los herejes. Es tal el espanto que provocan los relatos de los sucesos históricos, que por su monstruosidad más bien parecen extraídos de la ficción y cuesta creer que el género humano los haya provocado. ¿Será, tal vez, porque las brujas rebeldes ante tanta degradación hayan pensado que la vida tal como se daba era peor que la muerte?
Resulta obvio señalar que la redacción de este ensayo es pulcro, de tema comprometido pero no polémico, escrito con gran economía de adjetivaciones, las que surgen por sí solas aunque no estén explícitas y convierten al libro presentado como ejemplar recomendable por su carácter didáctico, indispensable en toda buena biblioteca y elemento obligado de consulta.
Como colofón, nada mejor que transcribir el último párrafo de esta valiosa obra: "La necesidad de un salto cualitativo en el estar del ser humano en el cosmos ha legitimado a ala brujería como religión, creando así el último baluarte de la utopía.


De Jorge Villanueva.
Publicado en el boletín del Instituto de Psicología Paranormal. Mayo de 2006
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La autora, una especialista en cultura de la India y textos sagrados de extremo oriente- presenta un compelto estudio de las prácticas de la hechicería desde las grandes diosas de la antiguedad hasta el actual movimiento de la Diosa. A poco de leer Diosas, brujas y damas de la noche advertimos la enorme complejidad de fenómeno de la brujería, que atraviesa a la mayoría de las organizaciones sociales conocidas, y adquiere caracteres propios en cada tiempo y lugar. En términos generales, las brujas han suscitado siempre temores y recelos. Sin embargo, este miedo de base a sus capacidades o facultades se transforma en letal cuando se mezcla con figuras como el Diablo, los herejes o cualquier otra figura -como ocurrió con la caza de brujas de los tiempos oscuros. En consecuencia, resulta evidente que hablar de la brujería es analizarla dentro de las distintas modalidades de poder en que se inscribe. Un poder milenario que se ha manifestado a través de la violencia en todos sus grados. No existe sociedad donde no se haya producido el fenómeno de la brujería. Lo conocen los esquimales y lo conocieron los egipcios. No lo ignoraron los sumero babilónicos ni los griegos, ni los romanos. Era corriente en la epoca de la redacción de los textos fundacionales judeo-cristianos y persiste en el cenit de nuestra sociedad posmoderna tanto como en las denominadas culturas primitivas. De acuerdo a Calvera, en la civilización occidental, la historia de la brujería puede dividirse en tres grandes períodos o etapas. La primera, la mítico lunar, parte de un tiempo ignoto y se caracteriza por la presencia de las grandes diosas. Hay quienes suponen que en las cuevas del Paleolítico pueden advertirse formas rudimentarias de este culto y su probable objeto de adoración, que luego se manifestaría en complejas formas de adoración. Ese culto fue sufriendo modificaciones y agregados, adaptándose a los diversos tiempos y lugares. Así, florecieron en la Edad Media y en el Renacimiento con particularidades propias: es la brujería del pacto hasta configurar la segunda etapa, momento en que se producen las más grandes persecuciones conocidas que casi acabaron con la cultura de la brujería. Mantenida clandestinamente, vuelve a surgir siglos después, marcando el ultimo y tercer período, el actual, que se divide en dos ramas: la satanista y la del regreso a la Gran Diosa. Leonor Calvera lleva acabo un trabajo de investigación histórica diáfano y promenorizado que merece ser reconocido.