Están tejiendo la trama de la vida. En esa mezcla de colores ligan e incrementan lentamente un objeto, dan forma a algo desde el vacío. Trama y urdimbre, aparece un mundo que estaba oculto, que sale a la luz, simbólicamente las gordas realizan una tarea muy profunda uniendo los hilos terrenales desde la nada hasta la forma, en realidad desenvuelven un ovillo hasta lograr las figuras. Es como estasr en un desierto donde todas las cosas están reducidas a su mínimo y los espejismos generan la idea de lo ilusorio del mundo manifestado. Son como el vegetal cuyo crecimiento es aéreo pero también subterráneo, la raíz que constituye el soporte originario de la vegetación aérea, ellas hilan, tejen, pero subyace en esa area lo oculto, lo que viene del fondo de la tierra. En realidad todo trabajo tiene dos aspectos, el visible y aquél que no se ve con los ojos pero es tan importante como lo palpable. Yo veía en ellas no sólo ese entramado, esa explosión de colores, sino almas que en conjunto iban sacando de su interior un diseño, un dibujo como una suerte de mandala en el cual iban perfilando sus sueños. Ya sé que tengo una imaginación frondosa, como diría algún amigo, pero desde hace tiempo me importa más lo que no se ve que aquello que tenemos frente a nuestras narices.
Seguí viendo con los ojos cerrados un bosque en el cual danzarinas y tejedoras hilaban y bailaban en un ritual extraño y fascinante. Yo estaba entre ellas, una más, sin destacarme, era un hilo en una cadena de almas alegres, plenas, en un universo de paz y serenidad. También se filtraban tejedoras del noroeste, estas compañeras ocasionales que estaban a mi lado. Sentí que todas las mujeres del mundo se agolpaban en ese bosque, en esa ceremonia secreta y femenina que se viene realizando desde los primeros días del mundo.
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