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Susana Cattaneo ha editado 20 libros de poemas, uno de cuentos y tiene otro poemario para ser editado este año.
Dirige la revista “Extranjera a la intemperie” y es una de las coordinadoras del ciclo literario que lleva el mismo nombre y ya va transitando su quinto año de vida. Asimismo, también fue una de las coordinadoras del café “Lugar de decir” durante ocho años. Coordina con otras poetas el ciclo "Belisama".
Miembro de varias instituciones literarias. Integrante del grupo Némesis.
Obtuvo premios, como ser La Faja Nacional de Honor de ADEA, (Asociación de Escritores Argentinos), entre muchos otros. Ha sido varias veces jurado en concursos de poesía y cuento.
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Es una de las fundadoras del Museo de la Palabra Manuscrita, Crisóstomo Lafinur, sito en La Carolina, San Luis.
Ha participado en numerosas antologías nacionales e internacionales y editó un Cd musicalizando sus poemas junto a Rita Paolucci.
Su obra fue parcialmente traducida al inglés, portugués, francés y alemán.
Sitio web: www.extranjeraweb.com.ar

Algo entró en mi ojo. Un acantilado, un pez, arena. Tal vez una gaviota.
Se nubla mi vista. La visita se clava entre mi párpado y mi adentro. Me lastima ese pasajero. Creo es un barco que huyó de maremotos, de tiburones, de la nostalgia. O un arpón asesino que perdió el rumbo. Tal vez la caricia equivocada de un delfín.
Algo entró en mi ojo que llora imparablemente este dolor.

El vino barato es una ayuda inmoral para desdibujar tu rostro que no cesa de golpear en el costado oscuro de mí.Una cinta celeste cruza mi pupila y mi boca se llena con los abominables insectos que roen tu recuerdo.
En la esquina, la desolación va en colectivo y un rancio dolor duerme en los zaguanes.
Ahora me has olvidado. Ahora todos los barcos agónicos que cruzan finisterre llevan una carga de tristeza. Ahora no me recuerdas como cuando nuestras palabras hacían el amor.
El vino barato cierra mi pensamiento y un agrio dulzor mezcla el aire y la noche. Dónde tu rostro de nieve? La poesía de tus labios, ¿dónde? Hay una amarga ternura encerrada en mis manos. Un túnel de humedad de abeja incitando a partir. Un sol de lluvia en el final de la desdicha.
El silencio clava una espada de labios cerrados. De miradas en condena. Enhebra culpas por no haber acariciado tus manos irreales. Por no haber gritado el amor mientras te daba todas mis lágrimas.
El vino barato cruza el sol del primer día en que te vi. El gris da vuelta las hojas de los días. Y te amo.

para quienes amé
A la hora del Angelus, a la hora en que el gris de la tristeza se transforma en oscuridad. En que el pájaro estuvo y se fue, como juré un día.
Esa misma en que la soledad se transforma en dolor, soledad disecada en paspartú. En que las campanas destilan vino agrio y el aroma de los tilos no alcanza a renovar las ganas de vivir. En la que nace el trozo de nada en que se ha convertido la noche, en esa hora descanso y vuelven sus vidas desde otros mundos, a sostener la mía hasta su hora sagrada.

Este es mi exilio. Es un país que se llama sábado. Es esta noche de huesos oscuros que no tienen tus manos. Es mi exilio de ti, de un abrazo que nunca. Es el lugar de los solos, los que parten hacia túneles mojados de tristeza. Soles de luto en las paredes.
Sábado país. Con discotecas lejanas. Monigotes del recuerdo se mezclan en mi mente mientras la noche avanza.
Este es mi exilio. Nada aquí; ningún lugar donde poner esta brisa, este otoño amargo, este jardín de relámpagos.
Un sábado de hilachas y toda la juventud en un destierro.

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